Los panteones reciben el Día de Muertos en EE.UU.
Cementerios de distintas ciudades preparan altares, música y ceremonias para hoy y mañana

Los cementerios de distintas ciudades de Estados Unidos se preparan para recibir a familias y visitantes durante el Día de Muertos. Este 1 y 2 de noviembre habrá altares colectivos, fotografías de personas fallecidas, música, danzas y ceremonias para recordar a quienes ya no están. En algunos lugares, los propios panteones se convertirán en escenarios de encuentros comunitarios.
La celebración tiene una presencia especialmente reconocible entre las comunidades mexicanas y mexicoamericanas, pero su alcance no termina ahí. Migrantes de Guatemala, El Salvador, Ecuador y Perú también conservan tradiciones relacionadas con el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos, con visitas a los cementerios, ofrendas, alimentos y rituales que varían de acuerdo con cada región.
Al mismo tiempo, el Día de Muertos ha ganado espacio fuera de las comunidades latinoamericanas. Museos, escuelas, organizaciones culturales y comercios estadounidenses incorporan sus altares y símbolos a las actividades de otoño. La expansión plantea una pregunta: ¿cómo pasó una conmemoración familiar y religiosa a convertirse también en una celebración pública que reúne a personas de distintas culturas?
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Los cementerios que abren sus puertas al Día de Muertos
Una de las celebraciones más concurridas tendrá lugar en Atlanta. El histórico Oakland Cemetery recibirá su festival del Día de Muertos el domingo 1 de noviembre, de 12 a 5 de la tarde. Organizado con la participación del Consulado General de México, el Institute of Mexican Culture y la Historic Oakland Foundation, el encuentro incluirá danzas folclóricas, música, comida, actividades para niños y altares dedicados a familiares y amigos fallecidos.
El festival llega a su edición número 26. Sus organizadores estiman una asistencia cercana a los 15,000 visitantes. Una de sus características es que algunos espacios del cementerio se transforman para recibir ofrendas comunitarias con fotografías, flores, alimentos y bebidas. La entrada será gratuita.
En California, Forest Lawn programó actividades en cuatro de sus parques memoriales. Glendale, Covina Hills y Cypress tendrán celebraciones el domingo 1 de noviembre, de mediodía a 3 de la tarde. En Cathedral City, el encuentro será el lunes 2, de 5 a 8 de la noche. Los programas incluyen altares comunitarios, música de mariachi, presentaciones de danza folclórica, artesanías y actividades familiares.
En Aurora, Illinois, Spring Lake Cemetery realizará una celebración comunitaria el domingo 1 de noviembre, de 11 de la mañana a 4 de la tarde. Los visitantes podrán participar en una ofrenda colectiva y llevar fotografías de sus seres queridos. El programa también contempla música, comida y actividades culturales.
En Pearland, Texas, South Park Funeral Home & Cemetery recibirá a las familias el lunes 2 de noviembre, de 4 a 8 de la tarde. El encuentro incluirá un servicio en memoria de los difuntos, liberación de mariposas, mariachi, danzas folclóricas, lotería y un concurso de Catrinas.
Las actividades no se limitan a los cementerios. En Las Vegas, el Civic Center tendrá una celebración pública el domingo 1 de noviembre, de 1 a 7 de la tarde, con altares elaborados por organizaciones comunitarias, presentaciones, comida, artesanías y actividades infantiles. En Waukegan, Illinois, el Park District y la Asociación Cultural Lake County organizarán ese mismo día un encuentro con pan de muerto, altares, música, danza y artesanías.
Estos programas muestran dos dimensiones de la conmemoración: las visitas y los homenajes en espacios funerarios, y los festivales públicos que permiten compartir la tradición con personas que quizá no la celebraban en sus familias. No todos los eventos tienen el mismo carácter: algunos incorporan ceremonias religiosas y otros funcionan como encuentros culturales abiertos a la comunidad.
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Una tradición que las familias mexicanas llevaron a Estados Unidos
La visita a los cementerios forma parte de las prácticas históricas del Día de Muertos. El Smithsonian American Art Museum documenta que las familias inmigrantes mexicanas llevaron estas costumbres a Estados Unidos desde finales del siglo XIX. Entre sus formas de conmemoración estaban asistir a misa, visitar las tumbas de sus familiares y decorarlas con flores.
El museo también recupera el recuerdo de la artista Carmen Lomas Garza, quien creció en el sur de Texas durante las décadas de 1950 y 1960. En su familia era habitual reunirse y compartir alimentos junto a las tumbas, una práctica que también se realizaba en comunidades mexicanas.
Con el paso del tiempo, las ceremonias familiares convivieron con celebraciones públicas. Durante la década de 1970, artistas y activistas chicanos impulsaron encuentros colectivos con altares, desfiles y expresiones artísticas para reivindicar sus raíces culturales. Uno de los espacios que contribuyó a esa transformación fue Self Help Graphics & Art, en el este de Los Ángeles, que promovió celebraciones comunitarias del Día de Muertos.
Los altares dejaron de estar dedicados exclusivamente a familiares. También comenzaron a recordar a figuras históricas, artistas, activistas y víctimas de violencia. Así, la celebración adquirió una dimensión comunitaria y se convirtió en una expresión de identidad para distintas generaciones de mexicoamericanos.
El Día de los Difuntos también se vive en otros países latinoamericanos
Aunque las imágenes más conocidas internacionalmente están asociadas con México —las calaveras de azúcar, las Catrinas, el papel picado y las ofrendas—, distintas comunidades de América Latina también dedican fechas cercanas al 1 y 2 de noviembre a recordar a sus difuntos.
Las prácticas no son idénticas ni todas reciben el nombre de Día de Muertos. En varios países, la conmemoración está vinculada con el Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y el Día de los Fieles Difuntos, el 2. Las visitas a los cementerios, las flores, las oraciones y los alimentos compartidos aparecen en distintas regiones, con expresiones propias de cada cultura.
Guatemala ofrece uno de los ejemplos más reconocibles. Cada 1 de noviembre, durante el Día de Todos los Santos, las familias visitan los cementerios para limpiar y decorar las tumbas. En localidades como Sumpango y Santiago Sacatepéquez, la fecha también se distingue por los barriletes gigantes: estructuras elaboradas con papel de china y bambú que se exhiben en los camposantos y que representan una conexión simbólica entre los vivos y sus antepasados.
La elaboración de barriletes gigantes de Santiago Sacatepéquez y Sumpango fue incorporada por la UNESCO a su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2024. Esta tradición muestra que la memoria de los difuntos puede expresarse mediante manifestaciones muy distintas a las ofrendas mexicanas.
En El Salvador, la fecha se conoce como Día de los Difuntos y se conmemora principalmente el 2 de noviembre. También existen expresiones regionales, como el Día de los Canchules en Nahuizalco, Sonsonate, donde se preparan altares con alimentos, frutas, flores, velas y fotografías de personas fallecidas. La tradición combina elementos de las culturas indígenas con prácticas cristianas.
Ecuador tiene una de las expresiones gastronómicas más características de estas fechas. El Día de los Difuntos reúne a familias que visitan los cementerios y comparten alimentos. En distintas regiones se prepara la colada morada, una bebida elaborada con maíz negro, frutas y especias, acompañada de guaguas de pan, figuras de masa con forma humana. En algunas comunidades indígenas, las familias llevan comida al cementerio y la comparten durante la conmemoración.
En Perú, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, es una jornada de visitas a los camposantos. Las familias llevan flores y otros objetos para adornar las tumbas de sus seres queridos. La celebración también tiene una dimensión religiosa, con misas y oraciones por los fallecidos.
Estas expresiones ayudan a entender por qué las fechas de recuerdo de los difuntos pueden conectar con migrantes de distintos países latinoamericanos. La experiencia de visitar una tumba, reunirse alrededor de la comida o dedicar una oración a un familiar fallecido no pertenece a una sola nacionalidad, aunque cada comunidad la practique de manera diferente.
¿Los estadounidenses también celebran el Día de Muertos?
Sí, aunque es importante distinguir entre conocer o incorporar sus elementos culturales y practicar la tradición con el mismo significado que tiene para muchas familias mexicanas.
La investigadora Regina Marchi, profesora de la Universidad Rutgers y autora de Day of the Dead in the USA: The Migration and Transformation of a Cultural Phenomenon, ha estudiado la expansión de esta celebración entre personas que no tienen ascendencia latina. En una entrevista publicada por Rutgers en octubre de 2025, explicó que muchas personas estadounidenses se sienten atraídas por la posibilidad de tener una fecha colectiva para recordar a sus seres queridos. Los altares domésticos y comunitarios les permiten compartir recuerdos y hablar de la muerte desde una perspectiva distinta.
Marchi señaló que las celebraciones ya se realizan en los 50 estados. Esta es una valoración de la investigadora sobre la extensión geográfica del fenómeno, no una medición oficial de cuántas personas participan ni de cuántas lo practican como una tradición familiar.
La expansión también puede observarse en escuelas y museos, que organizan exposiciones de ofrendas, talleres de papel picado y actividades para explicar el significado de la celebración. Instituciones culturales como el Smithsonian ofrecen materiales educativos para acercar el tema a públicos que no crecieron con esta tradición.
El comercio también ha contribuido a su visibilidad. Durante octubre, algunas tiendas estadounidenses colocan junto a los productos de Halloween guirnaldas de flores de cempasúchil, calaveras de azúcar y decoraciones inspiradas en las ofrendas. La película Coco, estrenada por Disney-Pixar en 2017, también acercó elementos de la cultura mexicana a una audiencia internacional.
Sin embargo, esa popularidad tiene una tensión. Para las familias que mantienen la tradición, el altar no es solamente una decoración: reúne fotografías, objetos personales, alimentos y recuerdos de quienes fallecieron. Cuando sus símbolos se convierten únicamente en productos de temporada, parte de su significado puede perderse.
La participación de personas de otras culturas no implica necesariamente una pérdida de identidad, pero sí exige reconocer de dónde vienen estas prácticas y qué representan para las comunidades que las han conservado.
Una celebración que une distintas formas de recordar
El Día de Muertos en Estados Unidos ya no se limita a las reuniones privadas de las familias mexicanas. En los cementerios, los museos, las escuelas y los espacios públicos conviven expresiones distintas de una misma necesidad: mantener presente a quienes fallecieron.
Para algunas familias, la fecha significa visitar una tumba, llevar flores y compartir alimentos. Para otras, es una oportunidad de construir un altar comunitario o participar en una ceremonia religiosa. Y para quienes se acercan por primera vez a la tradición, puede ser una manera de conocer una forma de entender la memoria y la muerte que no siempre coincide con la celebración de Halloween.
La presencia de migrantes de distintos países latinoamericanos amplía ese paisaje cultural. Sus prácticas no son idénticas ni deben confundirse, pero muestran que recordar a los difuntos mediante visitas, ofrendas y reuniones familiares es una experiencia que atraviesa fronteras.
Este 1 y 2 de noviembre, los cementerios y espacios culturales de Estados Unidos volverán a recibir esas historias. Detrás de cada fotografía, flor o alimento colocado en una ofrenda habrá una familia, una memoria y una manera particular de mantener cerca a quienes ya no están.


