¿Por qué cinco países de Centroamérica celebran su independencia el mismo día?
En 1821, la ruptura con España ocurrió mediante un acta que reunió a varias provincias centroamericanas
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Hay independencias que se recuerdan por sus batallas, sus fusiles y sus héroes. La de cinco países de Centroamérica tiene una historia muy distinta. Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica celebran su independencia cada 15 de septiembre por una razón histórica particular y que, quizá, no recuerdas o desconoces.
La historia comenzó el 15 de septiembre de 1821, cuando representantes de las provincias de la entonces Capitanía General de Guatemala firmaron en la capital guatemalteca el Acta de Independencia de Centroamérica. El documento fue redactado por José Cecilio del Valle y marcó la ruptura política con España. Las cinco naciones actuales formaban parte de un mismo territorio colonial y quedaron incluidos en una sola acta.
Pero hay un detalle que vuelve particularmente singular este episodio: no hubo una gran guerra de independencia en Centroamérica. La separación se produjo mediante una decisión de las élites locales, en un momento en que el dominio español en América estaba cada vez más debilitado y los acontecimientos de México aceleraban el escenario.
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México cambió el rumbo de Centroamérica
Para entender por qué la independencia llegó casi sin una batalla decisiva, hay que mirar hacia el norte. La Independencia de México, iniciada en 1810, había sacudido el poder español en toda la región y, para 1821, el movimiento encabezado por Agustín de Iturbide avanzaba hacia la consumación de la separación de México.
El panorama cambió definitivamente con el Plan de Iguala, proclamado en febrero de 1821, y los acontecimientos que desembocaron en la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México en septiembre de ese mismo año. La posibilidad de que la independencia mexicana alterara también el equilibrio político de Centroamérica era cada vez más evidente.
En Guatemala, las autoridades y los grupos de poder optaron entonces por adelantarse a los acontecimientos. Gabino Gaínza, quien había sido el último capitán general español, permaneció al frente del gobierno después de la firma, una señal de que el proceso buscaba preservar el orden existente y evitar una ruptura violenta.
El acta incluía a las provincias de Guatemala, San Salvador, Comayagua (actualmente Honduras), Nicaragua y Costa Rica, además de Chiapas. Esta última terminaría incorporándose al Imperio Mexicano, mientras las otras cinco provincias emprendían un complicado camino hacia la formación de sus propias repúblicas.
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Una independencia que duró menos de un año
La separación de España no significó que los territorios centroamericanos quedaran inmediatamente convertidos en cinco países independientes. De hecho, el siguiente capítulo volvió a estar relacionado con México.
En 1822, Centroamérica se incorporó al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, apenas unos meses después de haber declarado su independencia de España. La experiencia fue breve: tras la caída de Iturbide en 1823, las provincias centroamericanas se separaron de México y buscaron construir su propio proyecto político.
Ese proyecto fue la República Federal de Centroamérica, integrada por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. La federación sobrevivió durante poco más de una década, pero las disputas políticas y las guerras internas terminaron fragmentándola. Para 1841, el experimento federal había desaparecido y las cinco naciones avanzaban por separado.
Sin embargo, el 15 de septiembre permaneció como una fecha compartida. Lo que alguna vez fue una misma unidad política terminó convertido en cinco países con fronteras, gobiernos e identidades propias, pero con un origen histórico que todavía los conecta.
La tradición que mantiene viva aquella historia
Esa conexión no quedó únicamente en los libros. Desde 1959, la llamada Antorcha de la Independencia recorre Centroamérica cada septiembre. Sale de Guatemala y avanza mediante relevos de estudiantes de estos cinco países centroamericanos.
Esta tradición funciona para recordar que, antes de convertirse en cinco repúblicas, estos países formaron parte de un mismo proceso histórico. Por eso, cada 15 de septiembre, las banderas, los desfiles, las bandas escolares y las celebraciones familiares vuelven a poner en primer plano una historia que comenzó con una sola acta y que, además, estuvo profundamente marcada por la independencia de México.


