De Jardine a Almada: qué tiene que saber el americanista que sigue al equipo desde EE.UU.
El América de Almada apuesta por más intensidad, presión y cantera, mientras conserva parte de la estructura que hizo campeón al equipo de Jardine

Para el aficionado del América en Estados Unidos, el cambio de André Jardine a Guillermo Almada no representa solamente un nuevo nombre en el banquillo: las Águilas juegan con otra intensidad, presionan distinto y han abierto más espacio a futbolistas jóvenes.
El arranque de Almada incluso superó estadísticamente al que tuvo Jardine en sus primeros siete partidos oficiales.
La comparación resulta interesante porque Jardine dejó una vara altísima después de conquistar tres títulos de Liga MX consecutivos. Su América tenía una estructura reconocible, mucho peso en la posesión y una capacidad notable para controlar los partidos desde el talento individual y las asociaciones.
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Almada llegó con una idea diferente. Él mismo ha insistido en que no se trata de decir que una propuesta es mejor que la otra, sino de construir una identidad nueva. Y esa diferencia comenzó a verse desde la pretemporada, con sesiones de trabajo más intensas y una competencia abierta por la titularidad.
Un América más intenso y vertical
El América de Almada utiliza como punto de partida un 4-2-3-1, pero la diferencia está en lo que ocurre después de perder la pelota. La presión tras pérdida, las transiciones rápidas y la búsqueda de recuperar el balón cerca del área rival forman parte de una propuesta mucho más física.
Con Jardine, las Águilas también podían presionar arriba, pero su funcionamiento dependía más de la circulación y de encontrar ventajas mediante la posesión. Almada busca acelerar los ataques y convertir cada recuperación en una oportunidad para avanzar.
Ese cambio también ha modificado algunos roles. Ramón Juárez es quizá el ejemplo más claro: con Jardine tuvo una participación secundaria en el torneo anterior, con 13 partidos y 722 minutos, mientras que Almada lo convirtió rápidamente en titular.
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La cantera, además, dejó de ser una alternativa ocasional. Durante las primeras jornadas, Almada utilizó a jugadores como Miguel Vázquez, Dagoberto Espinoza, Emilio Lara, Franco Rossano y Diego Arriaga, además de Ícaro Da Conceição. En apenas cuatro fechas, nueve futbolistas formados en Coapa ya habían tenido minutos.
Para un equipo que durante la etapa de Jardine se apoyó en una plantilla profunda y experimentada, esa es una diferencia importante.
Los números favorecen a Almada, pero Jardine puso la vara muy alta
Si se comparan los primeros siete partidos oficiales de cada entrenador, el contraste es claro. Almada arrancó con cinco victorias y dos empates, sin perder durante los 90 minutos. Jardine, en cambio, consiguió tres triunfos, dos empates y sufrió dos derrotas en sus primeros siete encuentros.
También existe una diferencia en el contexto. El equipo de Jardine comenzó aquella etapa perdiendo ante FC Juárez, pero terminó ese primer torneo levantando el título. Por eso, los números iniciales de Almada son alentadores, aunque todavía no permiten establecer una comparación histórica definitiva.
De hecho, el primer gran examen llegó con el Clásico Joven. América perdió 4-3 ante Cruz Azul en la Jornada 8, en un partido donde mostró precisamente las dos caras de este nuevo proyecto: sufrió errores defensivos, pero reaccionó con intensidad y estuvo cerca de empatar después de ir perdiendo 4-1.
Ahí está, quizá, la diferencia que debe entender el americanista que sigue al equipo desde Estados Unidos: Almada no heredó el América de Jardine; heredó sus expectativas.
El reto ahora es convertir un comienzo prometedor, con mayor protagonismo juvenil y una identidad más agresiva, en títulos. Porque en Coapa los buenos arranques entusiasman, pero la verdadera medida del éxito siempre termina siendo la misma: ganar campeonatos.


