¿Cómo le fue a los Patriots en los dos Super Bowls que jugó sin Tom Brady?
New England ahora enfrentan el Super Bowl LX ante los Seattle Seahawks con su flamante quarterback, Drake Maye

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A lo largo de la historia del fútbol americano, los New England Patriots han sido una de las franquicias más exitosas de la NFL, con varias victorias memorables en el Super Bowl. Sin embargo, previo a su era más gloriosa de la mano de Tom Brady y Bill Belichick también han tenido que enfrentar algunas derrotas que marcaron profundamente a sus seguidores, ahora enfrentan el Super Bowl LX ante los Seattle Seahawks con su flamante quarterback, Drake Maye.
En estos enfrentamientos, aunque los Patriots mostraron coraje y esfuerzo, la superioridad de sus rivales fue clara en momentos clave. La historia de sus derrotas en el Super Bowl incluye dos ocasiones especialmente dolorosas: 1985 y 1997, cuando se enfrentaron a equipos dominantes que dejaron una huella imborrable en el legado de los Patriots.
En el Super Bowl XX, jugado el 26 de enero de 1986, los Patriots se encontraron con una de las defensivas más temidas de la historia del fútbol americano: los Chicago Bears. En este partido, el equipo de Nueva Inglaterra logró adelantarse brevemente con un gol de campo, pero pronto fue víctima de un vendaval de puntos. Chicago anotó 44 puntos consecutivos, dejando a los Patriots sin respuesta y asegurando una victoria aplastante de 46-10. La defensa de los Bears fue imparable, registrando siete sacks y limitando a Nueva Inglaterra a tan solo siete yardas en carrera. Además, el MVP del Super Bowl, Richard Dent, formó parte de esa feroz defensa que deshizo cualquier intento de reacción de los Patriots.
La ofensiva de los Bears también brilló esa noche. El mariscal de campo Jim McMahon y el corredor Matt Suhey anotaron touchdowns, mientras que el pateador Kevin Butler convirtió tres goles de campo, asegurando una ventaja de 23-3 al medio tiempo. Al comienzo de la segunda mitad, después de forzar un despeje de los Patriots, Chicago marchó 96 yardas para otro touchdown que prácticamente selló el destino del partido. Con Walter Payton corriendo para 61 yardas, la victoria de los Bears se consolidó como una de las más contundentes de la historia del Super Bowl.
Sin embargo, la adversidad para los Patriots no terminó ahí. Once años después, en el Super Bowl XXXI, jugado el 27 de enero de 1997, los Patriots volvieron a caer, esta vez frente a los Green Bay Packers. El equipo de Bill Parcells, con Drew Bledsoe como mariscal de campo, tuvo una actuación sólida y llegó a acercarse en el marcador, logrando un touchdown que los puso 27-21 detrás de los Packers al final del tercer cuarto. Parecía que los Patriots estaban en camino a una remontada, pero en el siguiente regreso de patada, Desmond Howard dio un golpe mortal al recorrer 99 yardas para un touchdown que alejó a los Packers de Nueva Inglaterra, poniendo el marcador 35-21 y sentenciando el partido.
La victoria de Green Bay extendió su racha de victorias del NFC en el Super Bowl a 13 años, un testamento de la fortaleza del fútbol en la conferencia. En ese partido, Brett Favre demostró por qué es uno de los mejores mariscales de campo de todos los tiempos, lanzando dos touchdowns y corriendo para otro más. Además, su conexión con Andre Rison, quien recibió un pase de 54 yardas para un touchdown, y con Antonio Freeman, quien atrapó un pase de 81 yardas, fueron jugadas clave que pusieron a los Packers en control del juego.
Estas dos derrotas, en 1985 y 1997, los Patriots se encontraron con rivales que aprovecharon cada error y supieron capitalizar los momentos clave del juego. A pesar de estas caídas, el espíritu competitivo de los Patriots nunca se debilitó, y años después, la franquicia alcanzaría nuevas alturas, logrando varias victorias en Super Bowls que consolidaron su lugar como una de las grandes dinastías del fútbol americano.
Hoy, los Patriots siguen siendo un equipo de referencia, tanto por sus éxitos como por las lecciones aprendidas en sus derrotas. Aunque el dolor de esos Super Bowls perdidos no se olvida, los aficionados y jugadores del equipo continúan recordando aquellos momentos con la esperanza de que, tras cada derrota, siempre habrá una oportunidad para la redención.


