Del retiro al oro olímpico en Milano Cortina 2026: La increíble historia de Lucas Pinheiro
Nacido en Noruega, pero con un dominio perfecto del portugués, nunca ocultó su orgullo por esa mitad latina que marcó su identidad

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Antes de colgarse la histórica medalla de oro este sábado en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, Lucas Pinheiro Braathen ya era una figura acostumbrada a los reflectores. No solo brillaba en las pistas de esquí, también lo hacía frente a las cámaras del mundo de la moda, donde su carisma y estilo lo convirtieron en un rostro habitual de pasarelas y sesiones fotográficas.
Hijo de padre noruego y madre brasileña, vivió una infancia dividida entre dos mundos. Tras el divorcio de sus padres, pasó una etapa en Brasil antes de regresar a Noruega, aunque mantuvo siempre un vínculo cercano con el país sudamericano. Con dominio perfecto del portugués, nunca ocultó su orgullo por esa mitad latina que marcó su identidad.
A sus 25 años, el esquiador nacido en Oslo también ha construido una imagen que trasciende lo deportivo. Su personalidad magnética ha provocado comparaciones con el legendario Alberto Tomba, ícono del esquí alpino a finales de los años 80 y principios de los 90, tanto por su talento como por su impacto mediático. Pinheiro Braathen combina espectáculo y rendimiento, una fórmula poco común en los deportes de invierno.
Sus primeros éxitos deportivos llegaron representando a Noruega, potencia histórica del esquí. Compitió en los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022, donde no logró finalizar ni el eslalom ni el eslalom gigante. Lejos de desanimarse, un año más tarde conquistó el globo de cristal en su especialidad, confirmando su lugar entre la élite mundial.

El punto de quiebre llegó en 2023. A pesar de estar en la cima, decidió retirarse en medio de un conflicto con la federación noruega por derechos de imagen y patrocinios. “Luché por mi libertad, por mis sueños, y los estoy viviendo”, declaró el esquiador, dejando claro que su batalla iba más allá de las pistas. Aquella pausa parecía definitiva, pero solo fue el antecedente de una transformación.
En 2024 reapareció defendiendo los colores de Brasil, el país de su madre, iniciando así un nuevo capítulo en su carrera. Milano Cortina 2026 representa para él mucho más que un logro deportivo: simboliza su reconciliación con el esquí y con su propia identidad. “Poner al país en el mapa es algo que me llena de orgullo, y hacerlo a mi manera me llena de gratitud”, aseguró tras su consagración.
En el podcast en portugués de Olympics, confesó que durante su niñez se sentía extranjero tanto en Brasil como en Noruega. Hoy, esa dualidad se ha convertido en su mayor fortaleza: combina la tradición invernal nórdica con la energía y esperanza brasileñas, proyectando una imagen fresca y auténtica dentro del circuito internacional.
“Siento que es mi segundo capítulo en la vida, que esta parte se trata de la libertad de ser quien soy”, reveló emocionado en Milán. Su medalla de oro no solo confirma su talento, también simboliza la victoria personal de un atleta que eligió escribir su propia historia, representando sus valores y sueños verdaderos.


