Rompiendo barreras y cruzando mares: Las mexicanas que conquistaron el Atlántico
Las integrantes del equipo Oceanida compartieron sus reflexiones sobre este impresionante logro en exclusiva para Claro Sports
- El equipo mexicano Oceanida hace historia al cruzar el Atlántico en 45 días
- ¡Oceanida hace historia! Un legado de inspiración de cuatro remeras mexicanas que surcan el Atlántico
- Laura Galván marca época con un nuevo récord mexicano
El equipo mexicano de Oceanida hizo historia al cruzar el Atlántico, convirtiéndose en el primer grupo mexicano y latinoamericano en lograr tal hazaña. Las mexicanas Eugenia Méndez, Ana Lucía Valencia, Andrea Gutiérrez y Lucila Muriel navegaron durante 45 días, una hora y 35 minutos, desde las Islas Canarias hasta el Caribe, enfrentando todo tipo de desafíos y convirtiéndose en un referente de tenacidad y trabajo en equipo. En entrevista exclusiva para Claro Sports, las integrantes del equipo compartieron sus reflexiones sobre este impresionante logro.
“No, no se siente como si fuéramos históricas” afirman sobre el significado de ser las primeras mexicanas en lograr este cruce. “Llevamos apenas 7 días en tierra y creo que todavía seguimos en la distante burbuja de apenas regresar”, explican, reconociendo que aún procesan la magnitud de lo ocurrido. “No salimos con la intención de competir, solo queríamos hacer un cruce para nosotras”.
La preparación para este cruce histórico fue ardua y requirió de un enfoque integral: “El proyecto tuvo casi 4 años, pero de preparación ya más hacia el cruce fueron dos años”, mencionó Eugenia Méndez. “Mucho del trabajo fue psicológico y emocional, también tomamos talleres de comunicación asertiva”, compartió, destacando lo importante que fue conocer cómo reaccionar ante situaciones incómodas. “Lo que hizo que el barco se moviera bien no era solo la fuerza, sino la buena convivencia y la comunicación dentro del equipo”, agregó.
Durante el cruce, el equipo enfrentó diversos retos, como el encuentro con un marlin que perforó la chalupa. Lucila Muriel relató: “No nos preparamos para los animales, y tuvimos un encuentro con Silvio, el marlin que perforó la chalupa. Lo bautizamos y fue aprendiendo a lo largo del cruce”, mencionando que, afortunadamente, el pico del marlin dejó un tapón, lo que permitió al equipo reparar el daño con una resina. “Fue un verdadero desafío, pero lo superamos como equipo”, concluyó Lucila.
En cuanto a la rutina diaria en el mar, “El barco siempre tiene que estar en movimiento a través de nuestra fuerza física”, explicó Andrea Gutiérrez. “Nos dividíamos en parejas y remábamos durante 2 horas seguidas, luego descansábamos 2 horas”, añadió, mencionando que los descansos eran breves y las noches de sueño, escasas. “El desgaste era continuo y la privación del sueño constante”, recordó, subrayando que la alimentación se basaba en comida deshidratada y snacks altos en proteínas. A pesar de las dificultades, “decidimos disfrutar el momento, sabíamos que nunca más estaríamos en medio del Atlántico”, destacó.
El aspecto mental fue crucial para el éxito del equipo. “Es un trabajo más psicoemocional”, comentó Ana Lucía, explicando que el dolor físico era solo una parte del reto. “La mente es la que te convence de que ese dolor significa que tienes que parar”, agregó, refiriéndose a las dificultades que enfrentaron para mantenerse motivadas durante todo el trayecto. Las integrantes de “La Chalupa” hicieron un llamado a la importancia de estar preparadas para los retos emocionales que enfrentan en aventuras como esta.
Al llegar a su destino, el equipo fue recibido por sus familias con mucho amor. “Fue como un abrazo al corazón”, recordó Lucila. “Este proyecto ha sido un éxito por muchísimas razones, no solo por atravesar el Atlántico, sino por todo el proceso de madurar el proyecto, conocernos y hacer la hermandad que hemos logrado”, compartió Andrea. Las integrantes del equipo ahora buscan descansar, después de haber logrado lo impensable, y ya planean continuar su labor con las fundaciones con las que se han asociado.
“Tenemos una deuda de sueño grande”, admitió Ana Lucía entre risas, “pero primero vamos a descansar y ya después veremos qué hacemos”, finalizó, dejando claro que, después de esta hazaña histórica, sus proyectos siguen adelante, con la misma energía y pasión que las llevó a cruzar el Atlántico.


