Los precios del petróleo tocan su máximo desde mayo en Estados Unidos: cómo impacta en tu bolsillo diario
El encarecimiento del crudo amenaza con elevar gastos cotidianos como transporte, supermercado, viajes y servicios para millones de familias

El precio del petróleo volvió a dispararse en Estados Unidos y llevó al mercado energético a un nivel que no se veía desde antes del verano. El Brent, referencia internacional, superó brevemente los 108 dólares por barril el jueves y cerró en 107.63 dólares, después de avanzar 6.3% en una sola jornada. A comienzos de julio cotizaba por debajo de los 72 dólares.
El salto refleja la creciente preocupación de los mercados por la guerra con Irán y las dificultades para que el petróleo vuelva a circular con normalidad desde Medio Oriente. El presidente Donald Trump señaló que los precios probablemente no bajarán hasta después de las elecciones legislativas de noviembre.
La subida ya tiene una consecuencia visible para los consumidores: el promedio nacional de la gasolina regular se acercó a 4.28 dólares por galón, aproximadamente 34% más que un año atrás. Pero el verdadero problema para los hogares estadounidenses va mucho más allá de la estación de servicio.
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Así puede afectar los precios del petróleo en EE.UU. a tu bolsillo
- Gasolina
El primer golpe llega al tanque. Cuando el petróleo aumenta, las refinerías y distribuidores enfrentan mayores costos para producir y comercializar combustibles. El traslado al precio final puede tardar días o semanas, pero para quienes manejan todos los días, la diferencia puede acumularse rápidamente. Por ejemplo, si un vehículo recorre 1,000 millas al mes, rinde 25 millas por galón y la gasolina aumenta 30 centavos, el gasto adicional sería de unos 12 dólares mensuales.
- Diésel
El aumento puede terminar en el precio de los productos. Los camiones que transportan alimentos, muebles, paquetes y materiales dependen en gran medida del diésel. Si llenar sus tanques cuesta más, las empresas de transporte tienen que decidir entre absorber el incremento o trasladar parte del costo a sus clientes.
- Supermercado
El petróleo también llega al carrito de compras. Una naranja, una caja de cereal o una botella de leche necesitan una cadena logística antes de llegar al consumidor. Transporte refrigerado, almacenes, distribución y entregas requieren combustible y energía. Por eso, un petróleo caro puede generar presión sobre los precios de los alimentos aunque el crudo no sea un ingrediente del producto.
- Vuelos
Viajar puede resultar más costoso. El combustible de aviación es uno de los gastos importantes de las aerolíneas. Si permanece elevado durante un periodo prolongado, las compañías pueden trasladar parte de esa presión a las tarifas, reducir promociones o ajustar determinadas rutas y servicios.
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- Entregas, Uber y otros servicios
El combustible también cuenta. Las compañías de paquetería, repartidores, taxis y plataformas de transporte enfrentan mayores costos cuando sube la gasolina o el diésel. El consumidor puede recibir el impacto mediante tarifas más altas, recargos, mínimos de compra o menos descuentos.
- Plásticos y productos cotidianos
El efecto puede tardar más, pero existe. El petróleo es materia prima de numerosos productos petroquímicos utilizados para fabricar envases, textiles sintéticos, pinturas, fertilizantes, lubricantes, llantas y otros artículos. Una subida prolongada puede aumentar los costos de fabricación y empaquetado, aunque no todos los productos reaccionan inmediatamente.
- Vivienda y préstamos
El efecto también puede llegar por otra vía. El aumento del petróleo está alimentando las preocupaciones sobre la inflación y contribuyó a que el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subiera hasta 4.95%, desde 4.83% el día anterior. Las tasas hipotecarias, a su vez, alcanzaron su nivel más alto en más de 14 meses, una combinación que añade presión al mercado inmobiliario.
El escenario preocupa también porque la inflación mayorista estadounidense aceleró hasta 5.4%, frente al 4.8% de julio. Si el petróleo continúa caro, las empresas podrían enfrentar nuevas presiones en transporte, producción y distribución, aumentando el riesgo de que una parte de esos costos termine en los precios altos que pagan los consumidores, y peor aún, no saber por cuánto tiempo más.


