México se supo levantar de un 7-0 y emparejar la historia frente a Chile
La goleada de Santa Clara marcó al Tri, pero los tres duelos siguientes cambiaron la historia con una victoria por lado y un empate

La historia entre México y Chile cambió después de aquella noche del 18 de junio de 2016. El 7-0 de Santa Clara, en los cuartos de final de la Copa América Centenario, parecía capaz de marcar una diferencia permanente entre ambas selecciones.
Sin embargo, los tres enfrentamientos posteriores demostraron lo contrario: Chile ganó uno, México respondió con una victoria y el último terminó en empate. El balance permitió al Tri recuperar terreno competitivo y dejar aquella goleada como una herida histórica, no como una condena.
Ahora, una vez que inició la era de Rafael Márquez al frente de la Selección Mexicana, el duelo contra Chile en el cierre de esta primera fecha FIFA posterior al Mundial 2026, llega para romper el equilibrio entre ambos cuadros.
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Cuentas saldadas: la paridad total en los tres enfrentamientos posteriores
El primer reencuentro llegó en octubre de 2018, en el Estadio Corregidora de Querétaro. La Selección Mexicana estaba en plena transición después del Mundial de Rusia y Ricardo Ferretti dirigía de manera interina. El Tri presentó un equipo joven frente a una selección chilena que todavía contaba con figuras como Arturo Vidal, Gary Medel y Alexis Sánchez.
El resultado fue 0-1 para La Roja, con un gol de Nicolás Castillo al minuto 89. Pero el marcador no reflejó una superioridad comparable con la de Santa Clara. El equipo mexicano compitió durante prácticamente todo el encuentro y mantuvo bajo control buena parte de la generación chilena.
Cinco meses después llegó la respuesta mexicana. En San Diego, el 22 de marzo de 2019, el Tri derrotó 3-1 a Chile con goles de Raúl Jiménez, Héctor Moreno e Hirving Lozano. Nicolás Castillo descontó para los sudamericanos.
El tercer capítulo se escribió en Austin, en diciembre de 2021. México se adelantó dos veces, pero Chile encontró la forma de igualar el marcador 2-2. Así se completó una trilogía perfectamente equilibrada: un triunfo para cada selección y un empate. En goles, México terminó con cinco a favor y Chile con cuatro.
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El partido del honor: cómo México sanó la herida de Santa Clara
El 3-1 de San Diego tuvo un significado que iba mucho más allá de una victoria amistosa. Para México, era la oportunidad de volver a enfrentarse con Chile en un escenario estadounidense y, sobre todo, ante una generación que había protagonizado la pesadilla de 2016.
La diferencia estuvo en la respuesta táctica. El equipo dirigido por Gerardo Martino utilizó un 4-3-3, presionó tras pérdida y buscó impedir que Chile encontrara con facilidad sus conexiones interiores. Después de un primer tiempo sin goles, México aceleró en el complemento: Jiménez marcó de penal al 52′, Moreno amplió al 64′ y Lozano puso el 3-0 apenas un minuto después.
La victoria no borró el 7-0, pero sí cambió su significado. El Tri volvió a competir de igual a igual y recuperó confianza ante un rival que, tres años antes, había expuesto todas sus debilidades.
Lecciones aprendidas: la evolución táctica de ambos planteles
La comparación posterior muestra dos caminos diferentes. Chile, después de alcanzar el punto más alto con su llamada Generación Dorada, tuvo dificultades para acelerar el relevo generacional. El cuadro mexicano, en cambio, comenzó a incorporar nuevas piezas y a buscar mayor equilibrio defensivo después de la experiencia de Santa Clara.
La transformación tampoco fue lineal. México atravesó distintos ciclos y mantuvo problemas estructurales, pero el 7-0 dejó una enseñanza que trascendió aquella generación: no volver a confundir dominio ofensivo con control absoluto del partido.
Por eso, la historia frente a Chile tiene hoy otra lectura. Santa Clara sigue siendo inolvidable, pero dejó de definir la rivalidad. Con una victoria, un empate y una derrota en los tres partidos siguientes, México consiguió algo fundamental: levantarse, corregir y volver a competir.


