Cuidado, podrías padecer Síndrome del Arca de Noé y aún no lo sabes: ¿qué es?
Tener varios perros, gatos u otras mascotas puede considerarse una expresión de cariño o empatía hacia los animales, pero expertos advierten que esta conducta puede ocultar un problema clínico serio

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El llamado síndrome del Arca de Noé es un trastorno de salud mental que comienza a llamar la atención en México y el mundo por la forma en que se manifiesta en relación con la acumulación de animales domésticos. A primera vista, tener varios perros, gatos u otras mascotas puede considerarse una expresión de cariño o empatía hacia los animales, pero expertos advierten que en algunos casos esta conducta puede ocultar un problema clínico serio.
Especialistas en psicología y etología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han señalado que no se trata de un simple gesto de amor por los animales, sino de una compulsión que puede alterar la calidad de vida tanto de las personas como de los animales involucrados. El nombre de este síndrome se inspira en la historia bíblica de Noé, en la que se recoge a muchos animales en un arca, pero en el contexto clínico actual la acumulación puede implicar hacinamiento, abandono involuntario y daños a la salud física y emocional de los afectados.
En México, aunque no existen estadísticas oficiales detalladas, algunos estudios estiman que alrededor del 1 por ciento de la población mundial podría presentar este trastorno, y se observa con mayor frecuencia en personas adultas mayores que atraviesan situaciones de soledad, pérdidas afectivas o abandono social. Es importante distinguir entre el cuidado responsable de mascotas y una conducta que ya compromete el bienestar de todos los seres vivos involucrados.
¿Qué es el Síndrome del Arca de Noé y cómo se manifiesta? Esto dice la UNAM
Según la UNAM, este síndrome se define por la acumulación compulsiva de animales domésticos sin que la persona pueda ofrecerles los cuidados adecuados. A diferencia de otros trastornos, como el síndrome de Diógenes (que se relaciona con la acumulación de objetos) aquí la acumulación involucra seres vivos que dependen de atención real.
La persona afectada suele negar o no reconocer que existe un problema, creyendo que está ‘rescatando’ o ‘ayudando’ a los animales, aunque estos vivan en condiciones insalubres, sin suficiente alimento, atención veterinaria o espacio. Este bajo nivel de conciencia de la gravedad de la situación (lo que en psicología se llama insight disminuido) hace difícil identificar por sí sola que su comportamiento representa un daño.
¿Por qué el Síndrome del Arca de Noé también es un riesgo sanitario?
El síndrome del Arca de Noé conlleva riesgos sanitarios significativos, tanto para la persona que acumula animales como para quienes viven cerca. Las condiciones de hacinamiento pueden generar ambientes insalubres con altos niveles de amoníaco por orina y heces, lo que aumenta la exposición a parásitos, enfermedades zoonóticas y problemas respiratorios.
Además, los animales en estos entornos suelen desarrollar conductas derivadas del estrés, enfermedades y falta de socialización, lo que complica su rehabilitación y aumento de riesgos para la salud pública. Desde la perspectiva de la etología, la falta de cuidado básico (alimentación, higiene, atención clínica) altera profundamente el bienestar animal.
La combinación de factores psicológicos, sociales y de salud pública hace que su detección y atención sean un desafío, ya que no solo afectan al individuo, sino que pueden impactar a toda la comunidad si no se aborda adecuadamente.
¿Cómo detectar que padeces Síndrome del Arca de Noé y qué hacer?
Detectar este síndrome implica observar conductas que van más allá de tener varias mascotas por gusto o compañía. Señales incluyen el hacinamiento de animales en espacios reducidos, la incapacidad para proporcionar cuidados veterinarios o alimentación adecuada, y la negación continua de que exista un problema, incluso ante evidencia evidente de deterioro.
Los expertos recomiendan buscar atención profesional cuando estas conductas empiezan a afectar la salud o el entorno. El tratamiento suele requerir terapia psicológica especializada, y en casos severos puede incluir apoyo farmacológico con antidepresivos o ansiolíticos para abordar causas emocionales profundas del trastorno.
Además, el acompañamiento de familiares y redes de apoyo es clave, ya que un proceso abrupto de separación de animales puede agravar el cuadro clínico. La intervención debe ser gradual y contar con profesionales que ayuden a manejar tanto el apego emocional como las necesidades reales de los animales involucrados.


