¿Quién es Antonio Ibrahim, el nuevo director deportivo del América?
Antonio Ibrahim toma las riendas del América: continuidad, urgencia y retos inmediatos en la dirección deportiva
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En Coapa, los cambios rara vez llegan con calma. A media temporada y con el margen de error reducido al mínimo, el Club América activó una sacudida en su organigrama: Diego Ramírez dejó su puesto como director deportivo y, de manera inmediata, la cúpula azulcrema se inclinó por una solución “de casa” para sostener el timón en lo que resta del semestre: Antonio Ibrahim, hasta ahora responsable del área de scouting y parte de la estructura interna que ha moldeado decisiones deportivas en los últimos años.
La salida de Ramírez —quien estuvo al frente desde julio de 2021— se da en un contexto de tensión interna y presión externa: críticas por la falta de refuerzos “de peso” y un mercado invernal atascado entre salidas que no se concretan y plazas de extranjero que el club necesita liberar para moverse con libertad.
Un perfil de oficina que conoce el club desde adentro
Ibrahim no aparece de la nada. El directivo tiene casi ocho años dentro del América y viene de escalar por áreas que suelen operar lejos del reflector, como director de scouting.
Su trabajo, en palabras que retratan el tipo de club que América busca construir, ha estado ligado a la inteligencia deportiva, el análisis de rendimiento y herramientas de analítica avanzada.
El salto: de sugerir nombres a decidir
El reto cambia por completo cuando se pasa del diagnóstico a la decisión final. Una dirección deportiva no solo evalúa talento: administra tiempos, egos, presupuesto, negociación y —en México— el rompecabezas reglamentario de registros y cupos.
Por eso, el primer examen para Ibrahim llega con fecha marcada en rojo: el periodo de registros y el límite del 9 de febrero, en medio de una negociación abierta por el brasileño Raphael Veiga, una operación que depende también de liberar una plaza de No Formado en México/extranjero para poder inscribirlo.
Por qué Ibrahim: continuidad, urgencia y control del proceso
En este movimiento hay un mensaje claro: América eligió continuidad antes que una apuesta externa. Apostó por alguien que conoce el método de trabajo del club, sus bases de datos, sus redes y sus criterios de selección; alguien que ya operaba con el presidente deportivo y con las áreas que toman decisiones día a día.
Pero la continuidad no elimina la exigencia; la eleva. Porque ahora Ibrahim no solo recomienda o filtra opciones; debe cerrar negociaciones, equilibrar la demanda del técnico, responder al calendario, sostener el proyecto y, al mismo tiempo, comenzar a construir desde ya el plan del Apertura 2026, con margen para corregir lo que hoy no se pudo resolver a tiempo.
El contexto inmediato: un club sin paciencia
Si algo suele castigarse en América es la sensación de improvisación. Y la coyuntura —con reclamos por refuerzos y un arranque que encendió alarmas— obliga a que el nuevo director deportivo combine dos velocidades: apagar el incendio del presente (registro, cupos, negociación Veiga) y rediseñar el mapa de mediano plazo (salidas, renovaciones, planificación de mercado y alineación con el cuerpo técnico).
El arquitecto silencioso detrás de varios fichajes clave
Aunque su nombre había permanecido lejos de los reflectores, el trabajo de Antonio Ibrahim ha tenido impacto directo en varias de las decisiones deportivas más relevantes del América en los últimos torneos. Desde el área de scouting, fue pieza importante en el análisis y la llegada de futbolistas que terminaron por consolidarse en el primer equipo.
Entre los casos más representativos están Brian Rodríguez, cuya velocidad y desequilibrio se convirtieron en un recurso recurrente por las bandas; Sebastián Cáceres, hoy uno de los defensores más consistentes del plantel; Richard Sánchez, mediocampista clave en el equilibrio del equipo durante varios torneos; y Christian Borja, lateral que aportó profundidad y variantes tácticas en el costado izquierdo.
Aciertos… y también errores
Como en cualquier proyecto de captación, no todas las apuestas terminaron por funcionar. Uno de los ejemplos más claros es el de Jorge Meré, defensor español que llegó procedente de Alemania sin lograr consolidarse ni dejar huella deportiva en la institución. Un fichaje fallido.
Ese balance entre aciertos y fallos es parte del historial que hoy acompaña a Ibrahim en su salto a la dirección deportiva.


