Calor latino en Dinamarca: la hermandad de Huescas y Kenay Myrie
Dos jóvenes de Concacaf encontraron en Copenhague algo más que competencia: una amistad que convirtió la distancia en un vínculo de familia

Rodrigo Huescas y Kenay Myrie representan una de esas historias de amistad que explican cómo el fútbol también puede convertirse en refugio cuando un jugador está lejos de casa.
Huescas tuvo que ver desde lejos la fecha FIFA que detuvo a las ligas más importantes del mundo y el debut de Rafael Márquez como técnico de la Selección Mexicana en un proceso en el que el canterano de Cruz Azul quiere ser parte luego de sufrir el golpe de perderse el Mundial por la lesión que lo alejó de las canchas.
El mexicano y el costarricense llegaron al FC Copenhague desde realidades distintas, pero terminaron compartiendo posición, vestuario y una amistad que creció en medio de uno de los años más difíciles para Huescas, quien pasó prácticamente 12 meses fuera de las canchas por una lesión de rodilla.
MÁS INFORMACIÓN: Javier Aguirre responde si ficharía mexicanos
De Concacaf a Escandinavia: el choque cultural y la alianza en el vestuario
Para cualquier futbolista joven, mudarse a Europa implica mucho más que cambiar de equipo. Hay un idioma diferente, nuevas costumbres, otra manera de entrenar y la distancia con la familia.
Huescas conoció ese proceso antes. Llegó a Copenhague en julio de 2024 procedente de Cruz Azul, cuando apenas tenía 20 años. Un año después, una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha cambió por completo su rutina.
Myrie llegó desde Costa Rica en enero de 2026 y encontró en el mexicano a alguien que entendía perfectamente lo que significaba comenzar de cero lejos de casa.
Lo curioso es que ambos son laterales derechos. En cualquier otro escenario, esa coincidencia podría haber creado una relación marcada por la competencia. En Dinamarca ocurrió lo contrario y ambos se ven como hermanos latinos que se apoyan en el vestuario.
La relación se construyó con detalles cotidianos: bromas, comida y conversaciones que recordaban a casa. Tacos, chilaquiles y Gallo Pinto terminaron convirtiéndose en pequeños puentes entre México y Costa Rica dentro de un vestuario ubicado a miles de kilómetros de ambos países.
MÁS INFORMACIÓN: Cruz Azul pierde demanda ante FIFA por Rodrigo Huescas
Apoyo en los momentos difíciles: lesiones y competencia por un puesto
Mientras Myrie comenzaba a buscar minutos, Huescas enfrentaba una batalla mucho más personal. El mexicano tuvo que aprender a convivir con la rehabilitación, la paciencia y la frustración de ver los partidos desde afuera.
La recuperación fue larga. Incluso cuando pudo volver a entrenar con sus compañeros, todavía tuvo que esperar para recibir autorización para competir.
Durante ese periodo, el respaldo del vestuario fue fundamental. Huescas reconoció que sus compañeros estuvieron cerca de él y que lo ayudaron especialmente cuando la parte más complicada ya no era física, sino mental: esperar.
Myrie también recibió ese apoyo cuando comenzó a tener oportunidades. Cuando el costarricense fue titular, Huescas no reaccionó como un competidor preocupado por perder su lugar. Lo felicitó y celebró su oportunidad.
Ahí está probablemente la esencia de su relación: ambos quieren jugar, pero ninguno necesita que al otro le vaya mal.
El ‘sabor latino’ del Copenhague: un vestuario con acento hispano
El reencuentro con el fútbol de Huescas finalmente ocurrió el 4 de octubre de 2026, en un amistoso contra Hamburger SV disputado en el Volksparkstadion. El mexicano fue titular y jugó el primer tiempo, mientras Myrie permaneció en el campo hasta el minuto 76.
El marcador terminó 2-0 para Hamburger, pero el resultado pasó a segundo plano. Para Huescas, aquel partido significó recuperar algo que había perdido durante un año: la sensación de volver a ser futbolista.
Ahora comienza una etapa diferente. Huescas deberá recuperar ritmo y confianza, mientras Myrie buscará consolidarse en Europa. Volverán las decisiones sobre quién juega y quién espera en el banco.
La competencia continuará, pero también lo hará esa complicidad nacida lejos de Concacaf. En un país donde todo podía resultar extraño para dos jóvenes latinoamericanos, encontraron algo familiar: un compañero que terminó siendo familia.


