De la fiesta en Oakland al duelo tapatío en Liga MX: la maratón de clásicos para Chivas
El Guadalajara pasó de celebrar ante América en California a preparar un duelo de Liga MX ante Atlas, con poco margen para recuperar piernas

Las Chivas enfrentan una semana atípica en el Apertura 2026: después de vencer 2-0 al América en el Clásico Nacional disputado en Oakland, el Guadalajara debe cambiar rápidamente el chip para afrontar el Clásico Tapatío ante Atlas en la jornada 11 de la Liga MX, apenas seis días después.
La secuencia resume el reto que vive el equipo de Gabriel Milito: competir ante su gran rival en Estados Unidos, regresar a Guadalajara y preparar un partido de Liga MX en el que sí están en juego puntos importantes para la clasificación.
A ese reto hay que sumar el hecho de que sus seleccionados mexicanos regresan de una atípica y extenuante fecha FIFA en la que tuvieron cuatro partidos en el inicio de la era de Rafael Márquez al frente de la Selección Mexicana.
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Uno de los más cuestionados en esta gira fue Raúl Rangel, luego de las fallas que le costaron goles a México en el 3-0 en contra ante Estados Unidos.
Lo que dejó el duelo ante América en Oakland
El partido del 4 de octubre tuvo un componente especial en un duelo que no es cualquier enfrentamiento para la afición mexicana en Estados Unidos. El Oakland-Alameda County Coliseum se convirtió en punto de encuentro para seguidores del Rebaño, pero la rivalidad no desapareció por tratarse de un amistoso.
Dentro de la cancha hubo intensidad, disputas y varias amonestaciones desde los primeros minutos. Chivas, además, aprovechó el encuentro para darle minutos a seis debutantes y probar alternativas ante las ausencias de sus jugadores convocados por selecciones.
La gran figura fue Ángel Sepúlveda. El delantero marcó dos goles en apenas ocho minutos: primero convirtió desde el punto penal y después apareció de cabeza para ampliar la ventaja. Su actuación no solo aseguró el triunfo, también abrió una nueva discusión interna sobre las opciones ofensivas de Milito.
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Óscar Whalley también dejó buenas sensaciones con su portería en cero, mientras Fernando González respondió con una asistencia y el brazalete de capitán. Fue, en términos prácticos, una noche de pruebas que terminó entregando más respuestas de las previstas.
Cambiar el chip: la exigencia emocional del Clásico Tapatío
El problema para Chivas es que la victoria ante América no puede convertirse en una distracción. El siguiente partido tiene otro contexto y una importancia completamente distinta.
El Guadalajara llega después de perder 0-2 frente a Querétaro en la Jornada 10, un resultado que frenó su impulso y dejó al equipo obligado a recuperar terreno. Atlas, en cambio, llega con confianza después de vencer 3-2 a Tijuana como visitante.
Ahí estará uno de los principales desafíos de Milito: conseguir que sus jugadores entiendan que el entusiasmo de Oakland ya quedó atrás.
El propio Sepúlveda dejó clara esa necesidad al advertir que, en esta etapa del torneo, cualquier desconcentración puede resultar costosa. Ganarle al América en California puede alimentar la confianza, pero una derrota frente a Atlas tendría consecuencias deportivas inmediatas.
Ajustes en el 11: cuidar piernas sin renunciar al orgullo
La otra batalla ocurre dentro del vestidor. Milito debe decidir cuánto exigir a los futbolistas que regresaron de la fecha FIFA y cuánto peso darle a quienes permanecieron trabajando con el club.
Raúl Rangel, Luis Romo, Roberto Alvarado, Diego Campillo y Hugo Camberos tuvieron actividad con México. Regresaron apenas unas horas antes del Clásico Tapatío con el tiempo justo para ser tomados en uenta.
Las principales decisiones que enfrenta el técnico: Fernando González aparece como alternativa para dosificar a Romo; Sepúlveda ganó argumentos para iniciar después de su doblete, y Jordan Carrillo podría recibir minutos para administrar la carga de Camberos.
Chivas, entonces, llega al Clásico Tapatío con una paradoja: debe aprovechar el impulso emocional de haber derrotado al América, pero también olvidarlo lo suficiente para no jugar contra Atlas como si todavía estuviera en Oakland.
Son dos clásicos, dos escenarios y dos objetivos diferentes. En medio de esa maratón, la capacidad de Milito para administrar piernas y emociones puede terminar siendo tan importante como cualquier gol.


