Bad Bunny sacude el Super Bowl: el simbolismo y curiosidades detrás de su show de medio tiempo
El cantante Bad Bunny protagonizó uno de los shows de medio tiempo con más referencias latinas que se recuerden en la historia del Super Bowl

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El show de medio tiempo del Super Bowl LX encabezado por Bad Bunny trascendió lo musical y se convirtió en una pieza cargada de símbolos culturales, guiños personales y mensajes identitarios. En el escenario del Levi’s Stadium, el artista puertorriqueño aprovechó el escaparate deportivo más visto del mundo para construir un relato sobre pertenencia, memoria y orgullo latino, con elementos que despertaron conversación inmediata dentro y fuera de la cancha.
Uno de los detalles que marcó la narrativa fue el jersey blanco con la leyenda “Ocasio” y el número 64. La prenda, de estética deportiva y sin referencias a equipos de la NFL, desató teorías en redes sociales desde el primer minuto. El apellido conectó directamente con el nombre completo del cantante, Benito Antonio Martínez Ocasio, mientras el número alimentó especulaciones que iban desde logros musicales hasta tragedias históricas.
La confirmación llegó horas después. El 64 alude al año de nacimiento de su madre, Lysaurie Ocasio, una referencia íntima que colocó a la familia en el centro del espectáculo. El vestuario, diseñado por Zara bajo una línea minimalista, reforzó la idea de neutralidad deportiva y universalidad cultural, con una paleta sobria que permitió que el mensaje pesara más que la marca o el exceso visual.

Otro momento que conectó de inmediato con la audiencia latina fue la imagen del niño dormido sobre varias sillas, despertado por el propio Bad Bunny en plena actuación. Lejos de tratarse de una escena improvisada, el gesto evocó una tradición compartida en bodas y fiestas familiares a lo largo de América Latina, donde los niños descansan mientras la celebración continúa. La escena funcionó como un espejo colectivo de infancia y comunidad.
Uno de los elementos más comentados en el final fue cuando el artista sostuvo un balón de fútbol americano con la frase “Together we are America”, interpretada como un llamado a la unidad, la inclusión y el reconocimiento de la diversidad cultural del continente; el gesto adquirió mayor peso luego de que el cantante mencionara en voz alta a todos los países que conforman América mientras se proyectaban sus banderas en el escenario, una secuencia que especialistas y espectadores leyeron como un homenaje a la identidad compartida más allá de las fronteras políticas, en un contexto sociopolítico marcado por tensiones en Estados Unidos, consolidando así la idea de que “América” puede entenderse como un espacio de colaboración y solidaridad entre culturas, y convirtiendo un objeto emblemático del Super Bowl en un símbolo de celebración multicultural alineado con la postura artística y social de Bad Bunny.

El simbolismo infantil continuó con la entrega de un premio Grammy a un niño en el escenario, representación de una versión joven del propio artista. La escena generó confusión en redes sociales, pero su intención fue clara: hablar de herencia, futuro y continuidad cultural. El mensaje reforzó la idea de que el éxito no se entiende sin raíces ni memoria compartida.

El espectáculo también incorporó una boda real celebrada sobre el pasto, un hecho inédito en la historia del Super Bowl. Con validez legal y ante más de 125 millones de espectadores, la ceremonia convirtió al medio tiempo en una celebración del amor cotidiano, alejándose del artificio para apostar por una emoción auténtica. Bad Bunny actuó como testigo y firmó el acta matrimonial, consolidando uno de los momentos más comentados de la noche.

A nivel deportivo y simbólico, la aparición de boxeadores latinos como Xander Zayas y Emiliano Vargas reforzó el mensaje de lucha, disciplina y raíces compartidas. Junto a las banderas, los invitados sorpresa y frases proyectadas sobre unidad y amor, el show construyó un puente entre deporte, cultura y espectáculo. El Super Bowl LX no solo tuvo un campeón en el emparrillado; también dejó una actuación que redefinió el alcance cultural del medio tiempo.


