Antoinette Rijpma-de Jong: La niña que sufría en silencio hoy es campeona olímpica
La neerlandesa vivió su momento de gloria con su primera presea dorada en Juegos Olímpicos de Invierno, tras superar acoso escolar en su infancia
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Antoinette Rijpma-de Jong cruzó la meta en 1:54.09 y, por fin, se permitió creerlo: campeona olímpica de los 1,500 metros en Milano Cortina 2026. En su cuarta participación en unos Juegos de Invierno, la neerlandesa alcanzó el oro individual que durante años persiguió entre sacrificios, dudas y regresos. No fue solo una victoria por centésimas; fue la confirmación de que la constancia también gana.
La final se decidió en los últimos instantes. Ragne Wiklund de Noruega apretó con 1:54.15 para quedarse con la plata, mientras que Valérie Maltais de Canadá marcó :54.40 y Rijpma-de Jong sostuvo el ritmo cuando otras se desvanecieron. En el hielo mantuvo la serenidad que aprendió a construir fuera de él. Esa calma no nació en los entrenamientos: nació en la adversidad.
En cuarto grado, tras mudarse a un nuevo pueblo, sufrió acoso escolar por su cabello pelirrojo: “Era diferente y eso no era aceptado”, confesó. Las burlas destruyeron su autoestima, afectaron su rendimiento académico y la empujaron a una soledad silenciosa. Llegó a teñirse el pelo para no sentirse distinta. La inseguridad se convirtió en una sombra persistente.
El deporte fue su refugio. Primero, el cariño incondicional de sus caballos; después, el patinaje. En el hielo encontró un espacio donde demostrar que era más que las etiquetas: “Ahí pude transformar esa necesidad de probar mi valía en fuerza”. La disciplina del alto rendimiento le dio estructura y propósito cuando más lo necesitaba.
Con el paso del tiempo, aprendió a abrazar su identidad. La melena que antes ocultaba es hoy un símbolo de orgullo. Y la atleta que temía decepcionar, ahora compite con convicción. Milano Cortina 2026 fue el escenario perfecto para cerrar ese círculo: de la vergüenza al liderazgo, del silencio al aplauso.
Su historia no termina en la pista. Junto a su esposo Coen, también marcado por el acoso en su infancia, impulsa la Fundación Antoinette para que niños y adolescentes encuentren en el deporte un espacio de confianza y pertenencia: “No vamos a eliminar el bullying, pero el deporte puede dar herramientas para enfrentarlo”, sostienen.
En la última vuelta de la final, cuando el cansancio amenaza y la mente duda, Rijpma-de Jong eligió creer. Sostuvo la técnica, sostuvo el ritmo, sostuvo su historia. Al ver el tiempo en el tablero, no solo ganó una carrera: ganó la batalla íntima contra la inseguridad que la acompañó durante años.
Antoinette Rijpma-de Jong es campeona olímpica. Su oro en Milano Cortina 2026 brilla por el tiempo y por el mensaje. Ser diferente no es una debilidad, es una fuerza en construcción. Y cuando esa fuerza encuentra un propósito, puede llevarte hasta lo más alto del podio.


