Argentina persigue una hazaña que el fútbol no ve desde hace 64 años
La Albiceleste inicia la defensa de su corona con una misión que nadie logra desde Brasil en 1962

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La Selección Argentina comienza su aventura en el Mundial 2026 con una presión que trasciende el talento de Lionel Messi, uno de los futbolistas mejor pagados en Estados Unidos, la experiencia de Lionel Scaloni y el recuerdo imborrable del campeonato del mundo en Qatar 2022 La Albiceleste busca conquistar el bicampeonato mundial, una hazaña que ningún país consigue desde Brasil en 1958 y 1962.
Con el debut ante Argelia en Kansas City que tiene pronóstico de clima intenso, el vigente campeón inicia un recorrido cargado de expectativas, historia y desafíos físicos que podrían definir si esta generación entra definitivamente en la categoría de leyenda. Para millones de aficionados argentinos y latinos en Estados Unidos, el sueño de la cuarta estrella está más vivo que nunca.
Ganar una Copa del Mundo es difícil. Defenderla ha demostrado ser casi imposible. En casi un siglo de historia, únicamente dos selecciones lograron repetir la gloria de forma consecutiva: Italia en 1934 y 1938, y el mítico Brasil de Pelé entre 1958 y 1962. Desde entonces han pasado 64 años sin que un campeón vuelva a levantar el trofeo en la siguiente edición.
La dimensión del reto es todavía mayor si se considera que el fútbol moderno exige un desgaste físico, táctico y mental muy superior al de aquellas épocas. Hoy los calendarios son más exigentes, los análisis son permanentes y cada rival estudia hasta el más mínimo detalle.
La maldición que persigue a los campeones del mundo
La historia reciente no juega precisamente a favor de Argentina aunque es de los favoritos para este Mundial. En el siglo XXI, varios campeones llegaron a su siguiente Mundial cargando la etiqueta de favoritos y terminaron protagonizando decepciones inesperadas.
Francia en 2002, Italia en 2010, España en 2014 y Alemania en 2018 fueron eliminados en la fase de grupos, una estadística que alimentó la llamada “maldición del campeón”.
La propia Selección de Argentina conoce esa presión. Tras conquistar el Mundial de 1978, debutó en España 1982 con una derrota ante Bélgica. Ocho años después, luego del título obtenido en México 1986, cayó sorpresivamente frente a Camerún en el partido inaugural de Italia 1990.
Por eso, el estreno ante Argelia no es un simple partido de fase de grupos. Es una prueba psicológica que puede marcar el tono de toda la competición.
Messi, Scaloni y una generación que quiere entrar en la eternidad
A diferencia de otros campeones defensores, Argentina cuenta con una ventaja invaluable: la continuidad. Lionel Scaloni mantiene la base del grupo que conquistó Qatar 2022 y posteriormente ganó la Copa América 2024. En total, 17 futbolistas campeones del mundo siguen formando parte del plantel.
Sin embargo, no todo son buenas noticias. Lionel Messi quien dejó temporalmente Miami para sumarse a la concentración con Argentina llega al torneo con una sobrecarga muscular que obliga al cuerpo técnico a administrar cuidadosamente sus minutos. A ello se suman molestias físicas de jugadores importantes como Julián Álvarez, Cristian Romero, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico.
La buena noticia para los aficionados argentinos es que Messi afronta este Mundial desde una posición emocional muy distinta. Ya no carga con la obsesión de ganar la Copa del Mundo. Lo logró en Qatar y ahora juega liberado, disfrutando cada momento de lo que podría ser su última gran cita internacional. Además, tiene al alcance otro récord histórico: superar a Miroslav Klose como máximo goleador en la historia de los Mundiales.
Argentina sabe que el camino será largo y complicado. Argelia representa un rival mucho más peligroso de lo que indican los nombres. Pero si la Scaloneta consigue superar la presión, administrar el desgaste físico y mantener la identidad colectiva que la llevó a la gloria, podría acercarse a una hazaña que lleva más de seis décadas esperando un nuevo protagonista.
El desafío es enorme. La recompensa también. Porque ganar dos Mundiales seguidos no solo significa levantar otra copa: significa entrar para siempre en la historia del fútbol.


