De la NFL al Mundial: el legado Freeman que conecta dos generaciones
Alex Freeman confirma su irrupción en el Mundial 2026, mientras revive la herencia deportiva de su padre, la exestrella de la NFL, Antonio Freeman

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El Seattle Stadium, antes Lumen Field, rebautizado por la FIFA para el Mundial 2026, fue testigo de una historia que parece escrita con doble firma. La de un padre que brilló en la NFL y la de un hijo que ahora empieza a dejar huella en el fútbol mundial. En el mismo escenario simbólico de Seattle, la familia Freeman volvió a aparecer en el centro de la conversación deportiva.
La victoria 2-0 de EE.UU. sobre Australia selló el pase a la siguiente ronda, pero el foco se lo llevó Alex Freeman. El joven defensa no solo cumplió en lo colectivo, sino que también marcó un gol decisivo que lo proyecta como una de las sorpresas del torneo bajo la mirada de Mauricio Pochettino.
Seattle, dos épocas, un mismo apellido
El paralelismo es casi cinematográfico. En 1996, Antonio Freeman, receptor abierto de los Green Bay Packers, dominaba el viejo Kingdome de Seattle en la NFL con una actuación memorable que incluyó touchdowns en una era donde el fútbol americano marcaba la identidad deportiva del país.
Treinta años después, su hijo Alex pisa el mismo ecosistema deportivo, aunque transformado en Seattle Stadium, para construir su propia narrativa, esta vez con los colores de la selección de EE.UU. en un Mundial. Donde el padre atrapaba pases en la zona de anotación, el hijo ahora anticipa jugadas y aparece en el área rival para decidir partidos.
Antonio Freeman no solo fue campeón del Super Bowl XXXI, también dejó una carrera de 61 touchdowns y una reputación de receptor explosivo. Ese ADN competitivo, según el propio entorno del jugador, se trasladó a su hijo como una herencia invisible pero determinante.
Alex, en cambio, eligió otro camino. Mientras muchos hijos de figuras de la NFL intentan replicar el deporte paterno, él apostó por el soccer desde niño. Hoy, con 21 años, ya es titular con el conjunto de las ‘Barras y las Estrellas’ y una pieza confiable para Pochettino, incluso en partidos de alta exigencia como el disputado ante Australia.
En Seattle, el eco del apellido Freeman ya no pertenece solo al pasado. Padre e hijo, separados por tres décadas y dos deportes distintos, ahora comparten algo más profundo: la capacidad de convertir un estadio en el punto exacto donde la historia familiar se vuelve global.


