Senegal se mete a la final de la Copa Africana con un solitario gol de Mané
Un tanto de afuera del área en los minutos finales evitó la prórroga y le dio el boleto a la final a los senegaleses
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Sadio Mané apareció cuando el partido lucía condenado al desgaste y, con un derechazo raso al minuto 77, firmó el gol que envió a Senegal (1-0) a la final. En una semifinal cerrada, tensa y de pocas concesiones, el atacante resolvió con jerarquía una noche espesa ante Egipto y confirmó el pase de los leones de la Teranga al partido por el título.
Desde el arranque, Senegal tomó la iniciativa y se adueñó del balón, mientras Egipto eligió refugiarse cerca de su área. El dominio senegalés fue territorial, no profundo, y chocó una y otra vez con el orden defensivo de los faraones, que apostaron por resistir y administrar esfuerzos.
El primer tiempo estuvo marcado por la fricción. Hubo faltas, protestas y una baja sensible para Senegal con la lesión de Koulibali, su capitán, obligado a salir antes de la media hora. Egipto apenas pudo cruzar el medio campo, pero logró incomodar con la intensidad y el ritmo cortado del juego.
Las llegadas claras escasearon. Senegal insistió con centros y remates lejanos sin precisión, mientras Egipto dependió de acciones aisladas de Salah y Marmoush. La ocasión más peligrosa antes del descanso fue un centro del atacante del Liverpool que cruzó el área sin encontrar remate, en la única fisura defensiva de los verdes.
La segunda mitad no alteró el guion. Senegal avanzó líneas y encerró a su rival, aunque sin claridad en los últimos metros. Shenawy sostuvo a Egipto con seguridad bajo los tres palos y el cansancio comenzó a reflejarse en las imprecisiones de ambos equipos.
Con el paso de los minutos, la ansiedad se apoderó del partido. Egipto empezó a regalar posesiones y Senegal empujó con más corazón que ideas, hasta que el balón quedó suelto en la frontal y Mané encontró el espacio que no había tenido en toda la noche.
El disparo del atacante fue seco, colocado y definitivo. Rasante, pegado al poste y lejos del alcance del arquero, el remate rompió el equilibrio y desató la celebración senegalesa. Era el premio a la insistencia y la confirmación del peso específico de su principal figura.
En el tramo final, Egipto colgó balones sin éxito y jugó contra el reloj. Senegal defendió con oficio, manejó los minutos añadidos y selló una victoria sufrida, pero merecida. El gol de Mané no solo decidió la semifinal: colocó a Senegal en la final y reafirmó su candidatura al título.


