Mundial 2026: cómo Marruecos construyó un proyecto capaz de competir con los grandes
La selección marroquí consolidó un modelo basado en infraestructura, formación e identidad

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Mientras Marruecos sigue consolidando su crecimiento en el Mundial 2026, su éxito deja una pregunta incómoda para otras potencias emergentes del futbol: ¿cómo logró transformar una selección irregular en un proyecto competitivo y sostenible? La respuesta está lejos de las narrativas románticas y mucho más cerca de una estrategia de largo plazo.
La revolución marroquí comenzó en 2009, cuando el país decidió replantear de raíz su modelo de desarrollo deportivo. La Real Federación Marroquí de Fútbol impulsó un plan respaldado por el Estado que combinó infraestructura, formación académica y una red de detección de talento capaz de llegar a todos los rincones del país.
Uno de los pilares de esa transformación es la Academia Mohammed VI, ubicada en Salé. Más que un centro de entrenamiento, funciona como un proyecto integral donde jóvenes talentos reciben educación, atención médica y preparación deportiva bajo estándares de alto rendimiento. La apuesta no se limita a formar futbolistas, sino a desarrollar personas en un entorno profesional.
Una estrategia que va más allá de la cancha
A la par, Marruecos multiplicó la construcción de canchas e instalaciones comunitarias para ampliar el acceso al deporte. El objetivo fue reducir las barreras geográficas y económicas que históricamente impedían que muchos jóvenes tuvieran oportunidades de ser observados y desarrollarse competitivamente.
Otro elemento clave fue la conexión con su diáspora. La federación desplegó una amplia red de visores en países como Francia, España y Países Bajos para identificar jugadores de ascendencia marroquí. Más allá del aspecto deportivo, el proyecto apeló al sentido de pertenencia y a la posibilidad de representar un plan nacional sólido.
Ante esta situación, es imposible no comparar las diferencias con equipos como México. Mientras Marruecos prioriza la formación, la exportación de talento y la continuidad de sus proyectos, el fútbol mexicano suele estar condicionado por objetivos comerciales de corto plazo, un mercado interno inflado y constantes cambios de dirección que dificultan la consolidación de procesos.
El caso marroquí también demuestra que el desarrollo futbolístico está ligado al entorno social. La disciplina colectiva, la identidad de juego y el compromiso mostrado por sus selecciones son el reflejo de una estructura que entiende al futbolista como parte de un proyecto cultural y comunitario más amplio.


