Ahora o nunca para Josh Allen: el camino al Super Bowl con la AFC abierta, pero con un reto inédito
El quarterback se ha quedado a la orilla del juego más grande de la NFL; este año sin Mahomes, Burrow ni Jackson, busca ganarlo todo con los Bills

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Para muchos, Josh Allen es uno de los mejores mariscales de campo que han pisado los emparrillados. Sin embargo, su nombre suele aparecer acompañado de una pregunta incómoda: “¿qué hubiera pasado si…?”, una sombra que ha seguido al quarterback de los Buffalo Bills en los momentos más decisivos.
Las jugadas que no terminaron en gloria pesan: Un acarreo detenido a pulgadas de la anotación, un pase milagroso que no llegó a las manos correctas o un gol de campo fallado en instantes críticos han separado a Allen de la cima. Y lo más doloroso es que, en esos partidos, sus números fueron sobresalientes, sin errores que expliquen la derrota. Allen es uno de los quarterbacks en la Conferencia Americana que ha demostrado ser tan peligroso en enero como muy pocos.
Ahora, los Bills llegan a los playoffs como un equipo difícil de descifrar. Por momentos lucen imparables, con un quarterback capaz de ganar partidos por sí solo; en otros, su ofensiva se atasca y la defensa muestra grietas, especialmente contra el ataque terrestre. Aun así, el talento acumulado los mantiene entre los principales aspirantes al título.
Una oportunidad sin Mahomes en el camino
La diferencia clave esta vez es el contexto. Patrick Mahomes, el gran obstáculo en el camino de Allen durante años recientes, no está en el panorama de estos Playoffs. Con una AFC llena de quarterbacks aún sin historial profundo en estas instancias, la puerta parece más abierta que nunca para que Buffalo dé el salto definitivo.
Aun así, la desconfianza persiste. Nadie se sorprendería si los Bills encadenan victorias rumbo al Super Bowl, pero tampoco sería un escándalo verlos eliminados de forma temprana. Esa dualidad define a un equipo que vive entre el potencial máximo y la fragilidad inesperada.
La presión es enorme, tanto para la franquicia como para su líder. Sin Mahomes al frente y con un camino aparentemente más accesible, este parece ser el momento que tanto se ha esperado. El margen para las excusas se reduce y la urgencia de resultados se multiplica.

Los Bills afrontan los playoffs desde una posición poco habitual para un equipo con sus credenciales: como el sembrado número seis de la AFC. La historia no juega a su favor, ya que desde que el formato de postemporada se amplió a 12 equipos en 1990, solo dos equipos con ese puesto han logrado llegar al Super Bowl. Aun así, el caso de Buffalo resulta atípico, impulsado por un mariscal de campo de élite y una temporada regular de 12 victorias.
Un reto desde la posición del sexto sembrado
El primer reto será inmediato y exigente, con una visita a los Jacksonville Jaguars, un equipo que llega en gran momento gracias al nivel mostrado por Trevor Lawrence. Además, Jacksonville presume la mejor defensa terrestre de la NFL, un factor clave ante unos Bills que confían en su ataque por tierra. Este duelo tendrá un antecedente poco alentador para Buffalo: en enfrentamientos previos entre el mejor corredor de la liga y la mejor defensa contra la carrera, el ataque dominante casi siempre ha sido neutralizado.
El camino, además, se presenta cuesta arriba por la condición de visitante. Buffalo tendría que ganar todos sus partidos fuera de casa para aspirar al Super Bowl, algo especialmente desafiante para una franquicia que acumula ocho derrotas consecutivas en playoffs como visitante y no gana un juego de este tipo desde hace más de tres décadas. Sin la presencia de figuras como Patrick Mahomes, Joe Burrow o Lamar Jackson en el camino, esta postemporada aparece como una oportunidad única para Josh Allen, quien deberá ofrecer su mejor versión para cambiar la narrativa histórica del equipo.

Los argumentos están ahí. Allen cerró la temporada regular con 3,668 yardas aéreas, 25 pases de anotación y 579 yardas por tierra, además de 14 touchdowns corriendo, cifras que reflejan su impacto total en el juego. A su lado, James Cook encabezó la NFL con 1,621 yardas terrestres, consolidando un ataque balanceado y explosivo.
Con ese respaldo, los Bills lideran la liga en yardas totales y ataque terrestre, y se ubican entre los mejores en puntos anotados. Todo indica que Josh Allen tiene la capa de superhéroe lista; ahora, la gran incógnita es si esta postemporada dejará de ser una historia de ‘qué hubiera pasado’ para convertirse, por fin, en una de consagración.
El cuerpo de receptores más débil en los Playoffs
Los receptores más utilizados por Josh Allen en las últimas semanas fueron Khalil Shakir, Tyrell Shavers y Brandin Cooks, un grupo que, por producción y experiencia reciente, difícilmente impone respeto en el contexto de los playoffs y evidencia la ausencia de un receptor estelar.
Las cifras refuerzan la preocupación. Buffalo no cuenta con un receptor claramente establecido como número uno, ni siquiera con un segundo confiable. Shakir, líder del equipo con 719 yardas, basa su juego en pases cortos y pantallas, mientras que Shavers y Cooks han tenido un impacto mínimo en la temporada. De hecho, el último campeón del Super Bowl con un líder receptor con tan pocas yardas fue hace más de tres décadas, una referencia histórica que subraya lo atípico del panorama actual para los Bills.

Ante esta carencia, el equipo ha ajustado su esquema ofensivo apostando con mayor frecuencia por formaciones con alas cerradas, donde Dalton Kincaid emerge como una pieza clave. Cuando Allen lo tiene en el campo, la ofensiva luce más eficiente y menos predecible, con mejores porcentajes de pase y menor presión defensiva.


