Tijuana conquista a Irán: el gesto que emocionó a los jugadores del Mundial 2026
El llamado Team Melli y una pequeña diáspora iraní han encontrado en la ciudad fronteriza hospitalidad, comunidad y apoyo durante el Mundial 2026

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La historia de la selección de Irán en el Mundial 2026 va mucho más allá de lo que ocurre dentro de la cancha. Tras el valioso empate sin goles ante Bélgica, el delantero Alireza Jahanbakhsh aprovechó los reflectores para enviar un mensaje que sorprendió y emocionó a muchos: un agradecimiento público a México y, en especial, a Tijuana, la ciudad que se convirtió en el hogar temporal del equipo durante la Copa del Mundo.
“Amamos a la gente de México”, declaró el futbolista iraní tras el encuentro disputado en Los Ángeles. Con evidente emoción, destacó la calidez con la que han sido recibidos desde su llegada a Baja California y cerró su mensaje en español con un sencillo pero significativo “muchas gracias”, dirigido a los aficionados mexicanos.

Desde principios de junio, Tijuana alberga el campamento de la selección iraní debido a ciertas restricciones que el gobierno estadounidense impuso al equipo respecto a su estancia en ese país. Lo que comenzó como una decisión logística para facilitar los traslados a sus partidos en EE.UU. terminó convirtiéndose en una experiencia de cercanía cultural. A diario, decenas de aficionados se reúnen frente al hotel donde se hospeda el equipo para pedir autógrafos, entregar regalos y expresar su apoyo.
Un pequeño rincón de Irán en la frontera
La conexión también se vive lejos de los entrenamientos. En Playas de Rosarito, el restaurante de Saied Assadi se ha transformado en un punto de encuentro para la reducida comunidad iraní asentada en la región. Con apenas unas decenas de personas originarias de ese país viviendo en Tijuana y sus alrededores, el local se convirtió durante el Mundial en un espacio para compartir tradiciones, comida y la pasión por el futbol.
Entre aromas de azafrán, canela y carnes a la parrilla, familias iraníes y mexicanos se reúnen para seguir los partidos del Team Melli. Para muchos migrantes, la presencia de su selección nacional a pocos kilómetros de distancia representa una oportunidad única para sentirse más cerca de casa, incluso a miles de kilómetros de Teherán.
La convivencia ha permitido que mexicanos e iraníes descubran puntos en común. En el restaurante ondean banderas de ambos países, mientras conversaciones en español, inglés y persa se mezclan alrededor de la mesa. Más allá de las diferencias políticas o de los conflictos internacionales, el fútbol ha servido como puente entre culturas.
La hospitalidad tijuanense también ha dejado huella entre los jugadores. En varias ocasiones, aficionados locales han organizado serenatas, encuentros y muestras de apoyo que han sorprendido a la delegación iraní. Algunos futbolistas incluso han roto los protocolos de seguridad para acercarse a quienes esperan durante horas la oportunidad de conseguir una fotografía o una firma.
Para muchos habitantes de Tijuana, recibir a Irán ha sido una oportunidad para mostrar la identidad de una ciudad construida por migrantes y marcada por la diversidad. Mientras el Mundial sigue su curso, el agradecimiento expresado por Jahanbakhsh resume una historia poco común: la de una selección que encontró en la frontera mexicana algo más que una sede de entrenamiento, y la de una pequeña comunidad iraní que, por unas semanas, dejó de sentirse tan lejos de casa.


