Mourinho 2.0: así cambió el ‘Special One’ en su regreso al Real Madrid
El Real Madrid arrancó la temporada con un 1-2 frente al Espanyol, un resultado positivo en el inicio de la segunda etapa de José Mourinho

El Real Madrid arrancó la temporada con una victoria de 1-2 como visitante frente al RCD Espanyol este fin de semana, un resultado positivo para José Mourinho, quien dio los primeros indicios de cómo piensa llevar su segunda etapa al mando del combinado merengue. El técnico portugués luce más maduro, pero todavía hay dudas sobre si su personalidad incendiaria volverá a provocar un sismo en la institución blanca, tal como sucedió la primera vez que pisó Valdebebas.
El técnico lusitano llegó este verano con la misma necesidad que siempre exige el club de la capital española: sumar títulos a las vitrinas, pero con un contexto distinto al de su primera etapa. Hace más de una década, la misión era construir un equipo que pudiera destronar el dominio del Barcelona de Pep Guardiola; sin embargo, en esta ocasión, la tarea de The Special One ha sido reconstruir la plantilla y tratar de conciliar un vestuario con supuestos problemas internos.
La personalidad de José Mourinho
El entrenador portugués ocupó el banquillo del Real Madrid por primera vez entre 2010 y 2013. Florentino Pérez confió en José Mourinho por su triplete con el Inter, un par de Premier Leagues con el Chelsea y después de ganarlo todo, incluida una Champions League, con el Porto. Mou apareció en Valdebebas como un auténtico rockstar y el peso de su palmarés, sumado a su personalidad, provocó que el lusitano tuviera el control de la plantilla desde el primer minuto en el cargo.
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The Special One no se tentó el corazón y en su primera etapa hizo una limpia de jugadores con un episodio controvertido frente a Iker Casillas, ídolo del Real Madrid al que mandó a la banca tras insinuar que era el “topo” de la plantilla por filtrar información del vestuario. Posteriormente, tuvo enfrentamientos con Sergio Ramos y hasta Cristiano Ronaldo.

Sus declaraciones en conferencias de prensa se convirtieron en auténticos clásicos, con confrontaciones con la prensa y ataques verbales contra sus rivales, sus principales enemigos: Pep Guardiola y el Barcelona. Sin embargo, hay un cambio evidente en su segunda etapa, debido a que José Mourinho luce más cercano, amable y hasta divertido frente a los medios de comunicación.
La llegada del técnico lusitano fue entre sombras, con una presentación a puerta cerrada y sin declaraciones a los medios de comunicación. Más silencio que estridencia en comparación con su primera etapa y con la necesidad del entrenador de volver a los principales escenarios del fútbol europeo.
Los cambios tácticos de Mourinho
La primera etapa de José Mourinho en el Real Madrid marcó una evolución de menos a más antes de entrar en una fase de desgaste. En la temporada 2010/11, el portugués reconstruyó el bloque tras las salidas de Raúl y Guti, conquistó la Copa del Rey, alcanzó las semifinales de Champions League y puso fin a la maldición de los octavos, pese al duro 5-0 ante el Barcelona en el Camp Nou. Un año después, alcanzó el punto más alto de su proyecto con LaLiga de los 100 puntos, un fútbol de contraataque letal y un récord de 121 goles, aunque cayó ante el Bayern Múnich en semifinales de Champions. En 2012/13, el desgaste tomó protagonismo: ganó la Supercopa de España, llegó a la final de Copa del Rey y otra vez a semifinales de Champions, pero la fractura interna y el conflicto mediático marcaron su último curso, que el propio Mourinho calificó como el peor de su carrera.
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El entrenador presentó en su primera etapa un sistema más rígido, enfocado en el 4-2-3-1 y, aunque en sus primeros partidos de su regreso lo ha mantenido, el equipo parece darle mayor viabilidad a variantes como el 4-3-3, 4-4-2 o incluso un 3-2-5, para aprovechar todo el arsenal ofensivo del Real Madrid.
Mientras que hace más de una década Mourinho planteaba una salida más directa, ahora apuesta por el uso de un mediocentro que se incrusta como tercer central para facilitar una salida limpia con el balón, mientras sus carrileros generan amplitud sobre el terreno de juego. Sin olvidar que antes prefería bloques bajos para aprovechar el contragolpe, ahora su estilo ha mutado hacia una presión alta para intentar recuperar el balón en territorio rival.

El triunfo ante el Espanyol dejó precisamente algunas señales de esa evolución. El Real Madrid tuvo que trabajar el partido hasta el último minuto y encontró la victoria con Carlos Espí, quien ingresó desde el banquillo y marcó al 90’. Mourinho también recurrió a sus suplentes para cambiar el rumbo del encuentro, una muestra de que la profundidad de la plantilla puede convertirse en una de las principales armas de su nuevo proyecto.
El camino apenas comienza, pero el primer mensaje de Mourinho ya está sobre la mesa: este Real Madrid no parece condenado a repetir exactamente la historia de su primera etapa. El portugués conserva la personalidad que lo convirtió en uno de los entrenadores más reconocibles del fútbol mundial, aunque ahora parece acompañarla con una versión más serena y con recursos tácticos distintos. La gran incógnita será saber cuánto tiempo podrá mantener ese equilibrio cuando lleguen las derrotas, los problemas del vestuario y la presión que inevitablemente acompaña al banquillo del Santiago Bernabéu.


