Latidos Mundialistas: México vs Chequia, el duelo que conecta dos épocas del fútbol mundial
Los europeos regresan a un Mundial y se enfrentan al Tri, como lo hicieron siendo Checoslovaquia en 1962, donde sucedió la primera victoria mexicana en Copas del Mundo
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A inicios del siglo XX, el fútbol encontró dos grandes epicentros que cambiaron la manera de jugarlo. Dos zonas del planeta apostaron por la gambeta, la fantasía y una forma distinta de entender la pelota. Una de ellas fue el Río de la Plata, donde uruguayos y argentinos construyeron una escuela maravillosa, reconocida por su técnica, picardía y talento natural.
El otro punto de transformación estuvo en lo que alguna vez fue el Imperio Austrohúngaro. De aquella región surgieron selecciones que, con el paso de las décadas, marcaron distintas épocas del fútbol europeo, aunque después su peso histórico se fue diluyendo. Austria, Hungría y Checoslovaquia fueron parte de esa herencia futbolera que dejó una huella profunda en los primeros grandes relatos mundialistas.
Austria tuvo en los años 30 a su famoso ‘Wunderteam’, el equipo maravilla, una selección recordada por su juego adelantado a su tiempo. Hungría, por su parte, todavía en 1954 alcanzó la final de la Copa del Mundo con Ferenc Puskás como símbolo de una generación extraordinaria que quedó grabada en la memoria del fútbol.
La tercera fue la extinta Checoslovaquia, dos veces subcampeona mundial. Primero lo hizo en 1934, en el Mundial de Italia, y después en 1962, en la Copa del Mundo de Chile. Aquella selección llegó a competir en la élite del fútbol internacional y se convirtió en una de las grandes representantes de esa escuela centroeuropea que también apostaba por el talento, el orden y la imaginación.
Con el paso del tiempo, Checoslovaquia terminó por partirse en dos, en medio de los años en los que ya se agrietaban el régimen comunista y la influencia de la Unión Soviética, surgiendo la llamada Revolución de Terciopelo, cuando la sociedad salió pacíficamente a las calles para pedir el fin de la injerencia desde Moscú y un cambio de régimen político.
Tiempo después, en 1993, llegó el denominado Divorcio de Terciopelo: República Checa por un lado y República Eslovaca por el otro. La separación política también dividió una historia deportiva que durante décadas había competido bajo una misma bandera, incluida aquella Checoslovaquia que fue protagonista en Copas del Mundo.
La República Checa, ya con ese nombre, no tardó en dejar una señal de grandeza futbolística. En la Eurocopa de 1996 acarició el título y lo perdió frente a Alemania en tiempos extra, en una final que pudo cambiar su historia reciente. Sin embargo, al paso de los años y por mucho que ha tenido grandes talentos, en Copas del Mundo mantiene una gran deuda, un gran pendiente, lo mismo que el cuadro eslovaco.
Ahora los checos vuelven a un Mundial. Chequia vuelve a estar ahí y se enfrenta a México, como lo hizo siendo Checoslovaquia en 1962, en un partido que quedó para siempre en la historia del Tricolor, pues representó la primera victoria mexicana en Copas del Mundo. Más de seis décadas después, el cruce vuelve a unir dos historias: la de una selección heredera de un pasado poderoso y la de México, que guarda en ese antecedente uno de sus recuerdos fundacionales en la máxima competencia del fútbol.


