De la burla a la élite: el crecimiento del fútbol de los Estados Unidos
El triunfo contundente ante Paraguay develó gran parte del trabajo realizado por el selectivo de las Barras y las Estrellas durante años en su sistema deportivo
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El fútbol de Estados Unidos ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas. Lo que en sus inicios fue visto con escepticismo —incluso con la idea de que “los gringos no sabían jugar al futbol”— ha evolucionado desde la creación de la MLS en 1996 hasta consolidarse como un sistema competitivo con presencia creciente en el alto rendimiento internacional, situación que quedó demostrada con la actuación del selectivo norteamericano ante Paraguay en la Copa del Mundo 2026.
De acuerdo con el análisis realizado en ‘La Delantera’, el punto de inflexión llegó en 2018, cuando la selección estadounidense no logró clasificarse al Mundial de Rusia. A partir de ese fracaso, la US Soccer y la MLS replantearon su modelo de desarrollo con una estrategia conjunta enfocada en la formación, la detección de talento y la proyección internacional de jugadores.
Uno de los pilares de este crecimiento es la estructura deportiva del país, que permite una identificación de talento mucho más amplia y sistematizada que en otras regiones. A diferencia de países donde muchos futbolistas quedan fuera del radar competitivo, en Estados Unidos existe una red organizada por condados, ciudades, estados y regiones que permite seguir el desarrollo de los jugadores desde etapas tempranas.
Este modelo ha fortalecido la transición de jóvenes futbolistas hacia el profesionalismo, asegurando que el talento identificado no se pierda en el camino. Además, el sistema ha facilitado la exportación de jugadores hacia Europa, lo que ha permitido elevar el nivel competitivo de la selección nacional.
En comparación con otros países de la región, como México, se observa una diferencia en la lógica del mercado. Mientras que los futbolistas estadounidenses suelen salir al extranjero por cifras relativamente accesibles, en el caso mexicano las tasaciones más altas dificultan su salida temprana. Esta diferencia ha generado un flujo más constante de jugadores estadounidenses hacia el futbol europeo, donde adquieren experiencia y madurez competitiva.
La estrategia también se basa en el volumen: la idea es exportar una gran cantidad de jugadores, con la expectativa de que un grupo reducido logre consolidarse en ligas de élite. Esta política ha permitido que la selección de Estados Unidos cuente con futbolistas que compiten regularmente en Europa, fortaleciendo su rendimiento internacional.
A este modelo se suma la gestión de jugadores con doble nacionalidad, un factor clave en la construcción del equipo. Casos como los de Alejandro Zendejas o Ricardo Pepi reflejan cómo Estados Unidos ha logrado convencer a futbolistas con opciones de representar a otras selecciones para integrarse a su proyecto deportivo.
En conjunto, el crecimiento del futbol estadounidense responde a una planificación estructural entre federación y liga, orientada a la internacionalización de sus jugadores. El resultado es una selección que ha pasado de ser subestimada a convertirse en un proyecto sostenido, con presencia creciente en la élite del futbol mundial.


