Ignacio Ambriz detalla el peso de la capitanía en la selección mexicana: “El gafete no es SOLO una cintita”
Señaló que el liderazgo no se limita a ser titular, sino a asumir un rol de guía dentro y fuera de la cancha, incluso con jugadores de gran jerarquía
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Para Ignacio Ambriz, portar el brazalete de capitán de la selección mexicana fue una experiencia que transformó su visión del fútbol profesional. El exdefensor reconoció que, al inicio de su camino con el Tricolor, sus aspiraciones eran puramente deportivas: “Tú dices: ‘Yo con que aparezca en los once titulares, yo voy a trabajar para aparecer ahí'”, admitió, subrayando que en ese momento “nunca piensas que puedes tú ser el capitán”.
La magnitud del reto se hizo evidente para Ambriz cuando se dio cuenta del nivel de liderazgo que debía ejercer sobre figuras históricas. Según sus palabras, “me toca ser el capitán de gente de mucha jerarquía”, refiriéndose a compañeros de la talla de Hugo Sánchez, Jorge Campos, Claudio Suárez, Zague, Luis García, Alberto García Aspe, nombres que representaban el núcleo de una generación dorada del fútbol nacional.
Ambriz fue tajante al criticar la visión superficial que algunos jugadores tienen sobre esta distinción. Explicó que el liderazgo real va más allá de la apariencia, señalando que “el gafete no es nomás una cintita que te pones”. En un tono crítico hacia el ego, mencionó que no se trata de “sacar el brazo de más” o de llevarlo puesto “nomás para lucirlo”, sino de entender la carga simbólica y práctica que conlleva.
El compromiso de un capitán, bajo la perspectiva de Ambriz, se extiende a todos los niveles de la delegación, no solo a los jugadores que saltan a la cancha. El estratega enfatizó que la labor implica un cuidado integral del grupo: “tienes que estar al pendiente de los utileros, de los masajistas, de los doctores, de las de nutrición”, asegurando que el bienestar de todo el personal es prioridad para el líder.
La gestión del factor humano fue, para él, la parte más demandante y gratificante de su rol. Ambriz recordó que el capitán debe ser el apoyo moral constante para sus compañeros en momentos de vulnerabilidad. Declaró que su función era estar presente para ofrecer “una palabra, un apapacho, a veces hasta un abrazo”, convirtiéndose en el soporte emocional necesario para mantener la cohesión interna del equipo.
Fue precisamente en esa convivencia diaria y en la resolución de las necesidades del grupo donde Ambriz descubrió el verdadero propósito de su nombramiento. El exjugador confesó que fue a través de este servicio constante como logró “entender realmente lo que es ser el capitán”, pasando de la ambición individual de ser titular a la comprensión de una responsabilidad colectiva de mayor escala.
Finalmente, Ambriz concluye que el liderazgo en la selección nacional es un proceso de aprendizaje continuo que requiere humildad y empatía. Sus declaraciones dejan claro que ser el referente del equipo nacional no fue solo un logro estadístico en su carrera, sino una lección de vida sobre el cuidado y el respeto hacia todos los integrantes que conforman la estructura de un equipo de fútbol.


