Marcel Ruiz y los futbolistas que forzaron su recuperación para jugar un Mundial
A lo largo de la historia, varios jugadores han forzado su recuperación para disputar una Copa del Mundo

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La posible decisión de Marcel Ruiz de retrasar una cirugía en la rodilla para intentar llegar al Mundial 2026 abre un debate que no es nuevo en el fútbol. A lo largo de la historia, varios jugadores han forzado su recuperación para disputar una Copa del Mundo, aún sin estar en condiciones físicas completas.
El mediocampista mexicano habría sufrido una rotura de ligamento cruzado anterior y lesión de menisco medial en la rodilla derecha. Sin embargo, surgió la versión de que el ligamento no estaría completamente roto, lo que le permitiría intentar volver a jugar antes de optar por una operación, con el objetivo de mantenerse en la pelea por un lugar en la selección mexicana.
Casos similares han marcado distintos Mundiales, con futbolistas que priorizaron el torneo por encima de su recuperación total.
Marcel Ruiz y el dilema rumbo al Mundial 2026
La situación de Ruiz se centra en una decisión clave: operarse y quedar fuera del proceso mundialista o intentar competir con la lesión bajo control médico.
Este tipo de escenarios ha sido recurrente en el fútbol internacional. La presión por disputar un Mundial, sumada a la oportunidad que representa, ha llevado a varios jugadores a acelerar procesos de recuperación.
En el caso del mexicano, el seguimiento médico será determinante para definir si puede competir sin agravar la lesión.
Jugar un Mundial a cualquier costo
Uno de los antecedentes más conocidos es el de Francesco Totti, quien en 2006 se recuperó de una fractura en el peroné y una lesión de ligamentos en el tobillo izquierdo semanas antes del Mundial de Alemania. Llegó al torneo y formó parte del plantel campeón con Italia.
En México, el caso de Raúl Jiménez también marcó un precedente. El delantero regresó a la selección tras una fractura de cráneo sufrida en 2020 y posteriormente lidió con una pubalgia que lo mantuvo fuera de las canchas con el Wolverhampton, poniendo en peligro su llamado. Al final, fue convocado al Mundial de Qatar 2022, donde jugó en los tres partidos de la fase de grupos como suplente y acumuló 56 minutos sin marcar gol.
Cristiano Ronaldo llegó al Mundial de Brasil 2014 con una tendinosis rotuliana en la rodilla izquierda, lo que condicionó su rendimiento durante el torneo. Aunque disputó los tres partidos de la fase de grupos, mostró limitaciones físicas y solo pudo marcar un gol, mientras Portugal fue eliminada en primera ronda tras una campaña irregular.
De igual forma, Mohamed Salah sufrió una lesión en el hombro izquierdo en la final de la Champions League 2018 tras una acción con Sergio Ramos, lo que puso en duda su participación en el Mundial de Rusia. Aunque logró recuperarse a tiempo, no llegó en plenitud física. En el torneo, no jugó ante Uruguay, pero disputó los dos partidos restantes ante Rusia y Arabia Saudita, en los que sumó 180 minutos y marcó dos goles, ambos en derrotas de Egipto.
Otro caso fue el de Zinedine Zidane, quien sufrió una rotura muscular en el muslo izquierdo días antes del Mundial de Corea-Japón 2002, lo que lo dejó fuera de los dos primeros partidos, en los que Francia perdió y empató sin anotar. Regresó para el último encuentro ante Dinamarca sin estar en plenitud física, pero el equipo volvió a caer y quedó eliminado en fase de grupos, en uno de los mayores fracasos de un campeón vigente en la historia del torneo.
Otro ejemplo es el de David Beckham, quien sufrió una fractura del segundo metatarsiano del pie izquierdo en abril de 2002 durante un partido de Champions League, lo que puso en riesgo su participación en el Mundial de Corea-Japón. A pesar del poco tiempo de recuperación, el inglés se sometió a un proceso intensivo para llegar al torneo, donde logró jugar desde el primer partido y firmó uno de los momentos más recordados al marcar de penal el gol del triunfo ante Argentina, consumando su redención tras la expulsión en Francia 1998.
Wayne Rooney también llegó al Mundial de Alemania 2006 tras una recuperación exprés por una fractura en el pie sufrida semanas antes, lo que puso en duda su participación. Aunque logró jugar cuatro partidos, no marcó goles y su torneo terminó de forma polémica al ser expulsado en cuartos de final ante Portugal, en un Mundial donde reconoció después que no estaba en plenitud física.
A esta lista se suma el caso de Samuel Umtiti, quien jugó el Mundial de Rusia 2018 con una lesión en la rodilla. El defensa francés evitó operarse antes del torneo para poder competir y fue titular en la campaña que terminó con el título para Francia. Después del Mundial, su situación física se complicó y su carrera se vio afectada por problemas recurrentes en la misma rodilla.
Más recientemente, en Qatar 2022, varios jugadores enfrentaron situaciones similares. Memphis Depay de Países Bajos, quien acudió con una lesión en el bíceps femoral izquierdo, mientras que Romelu Lukaku con Bélgica llegó con problemas en el tendón de la corva izquierda, lo que limitó su participación.
El riesgo de jugar sin estar al cien por ciento
Estos antecedentes muestran que disputar un Mundial sin recuperación completa implica riesgos físicos y deportivos. En varios casos, el rendimiento se ve limitado o las lesiones se agravan con el paso del tiempo.
Para Marcel Ruiz, la decisión pasa por equilibrar su carrera a largo plazo con la posibilidad de disputar la Copa del Mundo en casa en 2026. El proceso de recuperación, la evolución de la lesión y la evaluación médica definirán si el mediocampista puede seguir el camino de otros futbolistas que lograron llegar al Mundial o si deberá priorizar su recuperación completa.


