¿La desgracia de Kansas City? La historia que conecta a Argelia y Austria de cara a un partido que nadie quiere ganar
Argelia y Austria vuelven a cruzarse 44 años después de la Desgracia de Gijón. Perder podría resultar más conveniente

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Austria y Argelia se jugarán el próximo 27 de junio el segundo lugar del Grupo J en el Mundial 2026. Los dos equipos suman tres puntos tras vencer a Jordania, matemáticamente eliminada y caer ante Argentina, que ya aseguró el liderato del sector con seis unidades.
Sobre el papel, el escenario parece sencillo: Austria avanzará como segundo con una victoria o incluso con un empate, mientras que Argelia necesita ganar para arrebatarle esa posición. Sin embargo, el nuevo formato de 48 selecciones ha abierto una posibilidad que transforma por completo el análisis del partido.Terminar tercero podría ofrecer un camino más accesible que acabar segundo.
La situación resulta particularmente llamativa porque ambas selecciones comparten uno de los capítulos más polémicos en la historia de las Copas del Mundo. Hace 44 años, ambos quedaron ligados para siempre a un encuentro que provocó cambios reglamentarios permanentes en el torneo y que todavía hoy es recordado como uno de los mayores escándalos que ha vivido el fútbol internacional.
La tarde en que Argelia fue víctima de un amaño
La historia se remonta al Mundial de España 1982. Argelia había sorprendido al planeta al derrotar 2-1 a Alemania Federal en su debut, una de las mayores campanadas que se habían visto hasta entonces en una Copa del Mundo. Posteriormente perdió 2-0 ante Austria y cerró la fase de grupos con una victoria 3-2 sobre Chile. Con cuatro puntos, cuando los triunfos todavía otorgaban dos unidades, los africanos terminaron su participación con posibilidades reales de avanzar a la siguiente ronda.
El problema fue que Argelia ya había disputado sus tres partidos cuando Austria y Alemania Federal saltaron al césped del Estadio El Molinón de Gijón para disputar el último encuentro del grupo. Ambos equipos conocían exactamente qué marcador necesitaban para clasificarse juntos. Una victoria alemana por uno o dos goles de diferencia eliminaba a Argelia y permitía que los dos europeos avanzaran.
Apenas habían transcurrido diez minutos cuando Horst Hrubesch marcó el 1-0 para Alemania Federal. Lo que ocurrió después fue tan evidente que terminó convirtiéndose en leyenda. Durante los siguientes 80 minutos prácticamente desaparecieron las ocasiones de peligro. Alemania dejó de atacar con agresividad y Austria abandonó cualquier intento serio de buscar el empate. El balón circuló sin riesgo mientras el público entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo en el campo.
El marcador nunca volvió a moverse. El 1-0 clasificó a Alemania Federal y Austria, mientras que Argelia quedó eliminada pese a haber protagonizado una de las victorias más sorprendentes de aquel Mundial. La prensa internacional bautizó inmediatamente el encuentro como la “Vergüenza de Gijón” y el nombre terminó quedándose para siempre en la historia del torneo.
El legado: una regla que sigue vigente
Más allá de la polémica, el episodio tuvo consecuencias directas para la FIFA. El organismo entendió que el problema no era únicamente la actitud de los equipos, sino un formato que permitía que algunas selecciones disputaran su último partido conociendo exactamente qué resultados necesitaban para avanzar.
La respuesta llegó cuatro años después. Desde México 1986, todos los partidos de la última jornada de una fase de grupos comenzaron a disputarse de manera simultánea. La medida continúa vigente en la actualidad y nació directamente como consecuencia de lo ocurrido en Gijón. Cada vez que dos encuentros se juegan a la misma hora en un Mundial, la razón se encuentra en aquella tarde de 1982 que dejó a Argelia fuera de la competición.
El escenario actual: Argentina ya hizo su trabajo
La ironía es que Austria y Argelia vuelven a encontrarse en una situación decisiva durante una última jornada mundialista. Argentina derrotó a ambos equipos y aseguró el liderato del Grupo J con seis puntos, mientras que Jordania perdió sus dos encuentros y quedó matemáticamente eliminada. Como resultado, el duelo entre austríacos y argelinos definirá quién termina segundo y quién concluye tercero.
Austria ocupa actualmente la segunda posición y le basta con empatar para conservarla. Argelia, en cambio, está obligada a ganar si quiere quedarse con ese boleto directo a los dieciseisavos de final.
El problema: el premio podría ser España
Normalmente terminar segundo en un grupo representa una ventaja evidente. En este caso, sin embargo, el panorama es diferente. El segundo lugar del Grupo J tiene asignado un cruce contra el líder del Grupo H, una posición que actualmente pertenece a España y que sigue siendo el escenario más probable de cara al cierre de la fase de grupos.
La selección española llegó al Mundial como campeona de Europa y como una de las grandes candidatas al título. Para Austria o Argelia, asegurar el segundo puesto podría significar encontrarse con uno de los rivales más fuertes del torneo apenas en el primer partido de eliminación directa.
El tercer lugar podría tener un camino más favorable
La otra cara de la moneda está en el nuevo formato de 48 selecciones. Con tres puntos ya asegurados, el tercer lugar del Grupo J mantiene posibilidades muy reales de clasificarse entre los ocho mejores terceros del campeonato. Y, de hacerlo, su ruta parece menos intimidante.
Los escenarios más probables para ese tercer lugar apuntan actualmente al líder del Grupo B, donde Suiza aseguró el liderato tras vencer a Canadá. Otro de los caminos más probables aparece en el Grupo G, donde Egipto encabeza la clasificación aunque Bélgica e Irán todavía mantienen opciones matemáticas.
¿Qué pasará el 27 de junio?
Hace 44 años, Austria y Argelia quedaron unidas por un partido que obligó a la FIFA a cambiar las reglas de los Mundiales. Ahora vuelven a encontrarse frente a frente con la historia y la rivalidad al rojo vivo. En una Copa del Mundo donde el segundo lugar parece conducir directamente hacia España y el tercer puesto podría abrir una ruta más amable, la pregunta resulta inevitable: ¿realmente conviene ganar?


