¿Por qué a Guatemala le conviene seguir perdiendo en lugar de ganar?
Un paso hacia adelante a pesar de la derrota.

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Hay quienes sostienen que la mejor manera de crecer en el fútbol es enfrentándose a rivales superiores, incluso cuando eso implique sufrir derrotas en el camino. La lógica detrás de esa idea es sencilla: los equipos evolucionan cuando son exigidos al máximo, cuando se enfrentan a escenarios incómodos y cuando descubren sus limitaciones ante selecciones de mayor nivel. Desde esa perspectiva, de poco serviría para Guatemala disputar amistosos contra rivales de menor jerarquía. El verdadero aprendizaje aparece cuando la dificultad obliga a elevar el rendimiento.
Esa parece ser precisamente la línea de trabajo que ha elegido el cuerpo técnico encabezado por Luis Fernando Tena. El objetivo ya no pasa únicamente por competir dentro de Centroamérica, sino por medirse de manera constante frente a selecciones que habitualmente participan en grandes torneos internacionales. Solo de esa forma se puede conocer con exactitud qué tan lejos está Guatemala de las principales potencias y cuáles son los aspectos que todavía necesita mejorar.
Lo cierto es que la selección nacional dio pasos gigantescos durante 2025. Su histórica participación en la Copa Oro, donde alcanzó el tercer lugar, y la pelea hasta las últimas jornadas por un boleto al Mundial 2026 demostraron que el equipo dejó de ser un simple animador para transformarse en un rival respetado. Guatemala ya no compite únicamente con ilusión; ahora también lo hace con argumentos futbolísticos.
Parte de ese crecimiento quedó reflejado en los resultados obtenidos frente a selecciones que durante muchos años parecían inalcanzables. Equipos como Jamaica, Canadá o Panamá, que históricamente representaban enormes obstáculos para los chapines, dejaron de ser rivales imposibles. Guatemala logró enfrentarlos de igual a igual y, en varios casos, incluso superarlos, algo que hace algunos años parecía difícil de imaginar.
Sin embargo, dentro del proceso de evolución deportiva existe la necesidad permanente de seguir elevando la vara. Por eso resultan tan valiosos los amistosos frente a selecciones de la talla de Argelia o Chequia. Aunque los resultados no siempre acompañen, estos encuentros ofrecen información fundamental para el cuerpo técnico y para los propios jugadores. Son pruebas que permiten medir el verdadero nivel competitivo del grupo.
El reciente duelo frente a Chequia fue un claro ejemplo de ello. Más allá de la derrota, Guatemala dejó sensaciones positivas durante largos pasajes del partido, mostró personalidad para disputar la posesión y logró generar situaciones de peligro frente a una selección europea de gran nivel. Fue una caída que dejó conclusiones alentadoras y que confirmó que el equipo continúa avanzando en la dirección correcta.
Ahora el siguiente desafío será Ecuador, una de las selecciones más competitivas de Sudamérica y habitual protagonista en las eliminatorias mundialistas. Para Guatemala se trata de otra prueba de máxima exigencia, una oportunidad ideal para seguir creciendo y para demostrar que el progreso exhibido en los últimos años no es casualidad. Más allá del resultado final, el simple hecho de enfrentar a rivales de esta categoría representa un paso adelante en la construcción de una selección cada vez más ambiciosa y preparada para competir en la élite internacional.


