FIFPRO exige reformas profundas a FIFA por el escándalo de Forward Enterprise
El sindicato mundial de futbolistas pide cambios estructurales después de que FIFA retirara un proyecto que involucraba los derechos comerciales de sus torneos
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La cancelación de FIFA Forward Enterprise (FFE) no ha cerrado la crisis interna que provocó el proyecto. FIFPRO, la organización que representa a los sindicatos de futbolistas profesionales, acusó a la FIFA de permitir un “profundo abuso de poder presidencial” y aseguró que la cancelación de la iniciativa no elimina las dudas sobre la manera en la que se toman las decisiones dentro del organismo. Para el sindicato, el problema no es únicamente el contenido del plan, sino que una propuesta de esa magnitud pudiera avanzar sin conocimiento de los jugadores ni de otros actores del fútbol.
FFE contemplaba la creación de una empresa controlada por la FIFA que concentraría sus principales derechos comerciales, entre ellos los relacionados con transmisiones, patrocinios, venta de boletos y licencias, además de la operación de sus torneos. El organismo calculaba una valoración inicial de 20 mil millones de dólares y pretendía recaudar hasta 4 mil 200 millones mediante la entrada de inversionistas con participaciones minoritarias. Los recursos serían destinados, según la propuesta, a ampliar los programas de desarrollo para las 211 federaciones afiliadas.
¿Qué era FIFA Forward Enterprise y por qué generó rechazo?
La FIFA defendía que mantendría el control permanente de la nueva compañía, así como la autoridad exclusiva sobre los reglamentos, las competiciones y el calendario internacional. También sostuvo que el proyecto solamente avanzaría con el respaldo de la mayoría de las federaciones miembro y la aprobación correspondiente del Consejo de la FIFA. Entre sus promesas aparecía el aumento de los fondos ordinarios para cada asociación, de ocho a 20 millones de dólares entre 2027 y 2030, además de un mecanismo voluntario que permitiría solicitar otros 20 millones para proyectos especiales.
FIFPRO presentó una lectura completamente distinta. En su comunicado del 6 de agosto, señaló que el proyecto tenía la capacidad de modificar de manera permanente la propiedad y la gobernanza comercial de la Copa del Mundo y de otras competiciones construidas con la participación de generaciones de futbolistas. La organización denunció que el plan fue concebido y negociado a puerta cerrada, y que llegó cerca de concretarse antes de que el Consejo de la FIFA, las federaciones, los jugadores y los actores reconocidos del fútbol profesional recibieran información suficiente.
La presión llevó a Gianni Infantino a retirar la propuesta el 31 de julio de 2026. El presidente de la FIFA explicó que FFE buscaba fortalecer a las federaciones y aumentar los recursos destinados a los países con mayores necesidades, pero reconoció que el proyecto había generado divisiones que ya no permitían cumplir ese objetivo: “Esta propuesta no seguirá adelante”, informó entonces el dirigente, quien aseguró que buscaría reunir nuevamente a las partes involucradas.
La FIFA celebró posteriormente una reunión de su cúpula directiva en Rabat, Marruecos. Tras el encuentro, el organismo reconoció errores en el proceso, admitió que el Consejo y las federaciones pudieron sentirse excluidos y anunció una revisión cuyos resultados serán presentados en la siguiente reunión del Consejo. También informó que había ofrecido disculpas por la gestión del proyecto. Sin embargo, la dirección reafirmó su respaldo a Infantino, sostuvo que todas las actuaciones se realizaron dentro del marco regulatorio y advirtió que no toleraría ataques contra su integridad y reputación.
FIFPRO Statement: FIFA Forward Enterprise
— FIFPRO (@FIFPRO) August 6, 2026
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Las reformas que FIFPRO exige a la FIFA
Para FIFPRO, la comunicación emitida después de la reunión en Rabat confirmó la profundidad del problema. El sindicato considera insuficiente reducir lo ocurrido a errores de procesos y comunicación, pues si el reglamento vigente permitía que una iniciativa de ese tamaño se desarrollara sin una participación amplia, entonces es el propio sistema de gobernanza el que debe ser reformado. También rechazó que el escrutinio público sea presentado como un ataque y sostuvo que una investigación interna que solo responda ante el Consejo previamente ignorado no garantiza una revisión independiente.
Entre sus demandas, FIFPRO plantea convertir la Plataforma Global de Diálogo Social en una parte permanente y estructural de la gobernanza de la FIFA. Además, solicita que la participación de jugadores, clubes, ligas y otros actores profesionales sea jurídicamente vinculante cuando se discutan asuntos como el calendario internacional, la expansión de torneos y las decisiones que afecten las condiciones laborales de los futbolistas. También exige derechos de voto para estos sectores dentro del Consejo de la FIFA y el reconocimiento formal de FIFPRO como representante mundial de los jugadores profesionales.
La disputa ocurre menos de dos meses después de que la FIFA y FIFPRO firmaran un Memorando de Entendimiento presentado como un cambio en la relación entre ambas organizaciones. Ese acuerdo, vigente hasta diciembre de 2031, reconoció al organismo como interlocutor mundial de los futbolistas y creó una plataforma para negociar colectivamente futuras reformas al sistema de transferencias y las normas de bienestar. También concedió a sus representantes una posición de observador con derecho a voz en el Consejo de la FIFA, aunque sin derecho a voto, y llevó al sindicato a retirar procedimientos legales existentes contra el organismo.
FIFPRO informó que envió una carta a la administración de la FIFA con sus exigencias, firmada por el presidente de la organización y por los responsables de sus divisiones en África, Asia y Oceanía, Europa, Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica. El sindicato considera que la retirada de FFE evitó una decisión potencialmente irreversible, pero no reparó la confianza dañada. Su postura es que las promesas de mejorar los procesos no bastarán y que el fútbol necesita instituciones capaces de impedir que una sola persona vuelva a impulsar decisiones de gran impacto sin una participación efectiva de quienes sostienen el juego.


