Messi y Mbappé amenazan la profecía de Just Fontaine: ¿podrán llegar a 13 goles en un solo Mundial?
Alberto Lati analiza cómo Messi y Mbappé amenazan el histórico récord de 13 goles de Just Fontaine en un Mundial, una marca que parecía imposible de alcanzar
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El editorial de Alberto Lati en ‘La Delantera’ volvió a poner sobre la mesa uno de esos récords que parecían escritos en piedra: los 13 goles de Just Fontaine en Suecia 1958. Durante décadas, la marca del delantero francés fue tratada como una reliquia imposible, una cifra más cercana a la mitología que a la estadística. Sin embargo, el Mundial 2026 ha abierto una pregunta que hasta hace muy poco sonaba absurda: ¿Lionel Messi o Kylian Mbappé pueden igualar o superar esa frontera?
La reflexión nació desde una memoria personal de Lati, quien recordó una entrevista realizada hace casi 20 años en París con Fontaine, un personaje inmortal no solo por sus goles, sino por la forma en que entendía el fútbol. Aquel delantero, de buen español por herencia familiar hispanomarroquí, bromeaba con una profecía: “En 1000 años se va a abrir un sarcófago y al retirarse las vendas a la momia se va a escuchar que la momia dice: Just Fontaine todavía es el récordman de los goles en un Mundial”.
La frase, entre risas, parecía tener algo de sentencia eterna. Fontaine no solo había marcado 13 goles; lo había hecho en apenas seis partidos, sin la extensión de calendario que permite hoy el nuevo formato mundialista. Su registro sobrevivió a generaciones enteras, a goleadores de época, a selecciones ofensivas, a cambios tácticos y a calendarios más largos. Pero el presente, como suele pasar en el fútbol, llegó dispuesto a discutir incluso lo que parecía indiscutible.
El récord que parecía protegido por el tiempo

El gran detalle del Mundial 2026 es que el equipo que alcance semifinales tiene garantizados ocho partidos, una diferencia sustancial frente a los seis que disputó Fontaine en 1958. Esa ampliación no disminuye la grandeza del francés, pero sí modifica el horizonte matemático para los atacantes contemporáneos. Donde antes el margen era mínimo, ahora existe una ventana más amplia para que figuras como Messi o Mbappé acumulen goles en una misma edición.
En ese contexto, Lati planteó una pregunta inevitable: ¿les alcanzará el impulso para llegar a los 13 goles en este torneo? Messi ya se colocó en una dimensión histórica con una producción goleadora que estira su leyenda en el Mundial, mientras Mbappé, mucho más joven, sostiene una cadencia que amenaza con dominar no solo esta Copa, sino también la de 2030. Los dos parecen correr contra Fontaine, pero también contra la historia completa del torneo.
La comparación obliga a mirar más allá de un solo campeonato. Fontaine dejó su marca en 13 goles en 1958; Gerd Müller elevó el listón histórico a 14 en 1974; Ronaldo lo llevó a 15 en 2006; Miroslav Klose alcanzó los 16 en 2014, y ahora Messi y Mbappé han empujado la conversación hacia otra escala. Ya no se trata únicamente del récord de una edición, sino de la batalla por la cima absoluta de los Mundiales.
Lati lo resumió con una expresión contundente: “números de mitología”. Y no exagera. Durante décadas, incluso los máximos goleadores de una Copa rara vez superaron los seis tantos. Entre 1974 y 1998, ningún campeón de goleo pasó de esa barrera. Por eso, ver a Messi cerca de cifras que parecían reservadas para otra época y a Mbappé avanzando con voracidad resulta tan impactante: el fútbol moderno, más físico y más táctico, está viendo a dos delanteros desafiar marcas antiguas con una naturalidad desconcertante.
Messi, Mbappé y la primera duda de la momia
La imagen de la momia de Fontaine, despertando en mil años para recordar que nadie lo alcanzó, quizá tiene por primera vez una grieta. No porque su hazaña sea menor, sino porque Messi y Mbappé han alterado la percepción de lo posible. Ambos ya no compiten únicamente por partidos, títulos o goles: compiten por el derecho a reescribir las páginas más antiguas del Mundial.
El editorial también rescató una anécdota que humaniza a Fontaine y al mismo tiempo engrandece su récord. El francés hizo sus 13 goles con zapatos prestados, porque los suyos se habían extraviado, y ni siquiera eran de su talla. Ese detalle convierte su marca en una escena casi literaria: un hombre con botines ajenos, en una época sin la maquinaria moderna del fútbol, anotando una cifra que todavía hoy parece desproporcionada.
Fontaine, además, veía el gol de otra manera. Según recordó Lati, le molestaba el festejo desmedido de los tiempos contemporáneos. Su lógica era simple: “Solo es un gol. Agradeces al compañero, te regresas a la media cancha y caminas para que reanude y anotes otro”. Esa frase explica mucho del récord: para Fontaine, el gol no era un punto final emocional, sino una pausa antes del siguiente golpe.
Por eso la pregunta no es solo estadística. Messi y Mbappé no están persiguiendo una cifra cualquiera; están persiguiendo una forma antigua de eternidad. Llegar a 13 goles en un Mundial significaría tocar uno de los monumentos más resistentes del fútbol. Superarlo, en cambio, sería derrumbar una profecía que durante décadas pareció protegida por el tiempo, la nostalgia y la incredulidad.


