Chucky Lozano entrena solo y sin uniforme a la espera de un milagro que lo lleve al Mundial 2026
El mexicano entrena solo y sin uniforme en San Diego FC, mientras espera una oportunidad para ser convocado al Mundial 2026, a 69 días del torneo.

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Hirving ‘Chucky’ Lozano vive uno de los momentos más delicados de su carrera. El atacante mexicano apareció entrenando en solitario y sin el uniforme oficial del San Diego FC dentro de las instalaciones del club, una imagen que contrasta con su peso histórico en la selección mexicana y que toma todavía más fuerza porque el Mundial 2026 arranca el 11 de junio. A 69 días del torneo, el panorama del extremo luce cuesta arriba.
La escena pega más por todo lo que Lozano representó cuando aterrizó en California. San Diego FC lo anunció en junio de 2024 como su primer Designated Player, con un contrato por cuatro años hasta el final de la temporada 2028 y con la etiqueta de rostro del proyecto. En aquel momento, el club vendió su llegada como una señal de ambición deportiva y como una apuesta para construir identidad a partir de una figura mexicana de talla internacional.
Ese plan se rompió con rapidez. Chucky fue apartado del grupo tras problemas internos y, ya en enero de 2026, la propia estructura deportiva del club confirmó que no estaba en sus planes para la nueva campaña. Tyler Heaps comunicó que el delantero no formaría parte de la planificación deportiva, mientras que también se reportó una suspensión por motivos disciplinarios al cierre de la campaña anterior.
La postal más reciente resume ese aislamiento. En el video que circuló esta semana, Lozano trabaja la parte física en el gimnasio y después salta al campo para completar ejercicios por su cuenta, sin compañeros, sin cuerpo técnico alrededor y sin portar la indumentaria del equipo. Tras no encontrar acomodo en otro club y con la ventana de registros de la MLS ya cerrada, su rutina quedó reducida a mantenerse activo mientras espera una salida o una nueva oportunidad.
El problema para el ‘Chucky’ no es únicamente simbólico; es competitivo. En 2025 todavía había sido un futbolista productivo para San Diego, con 11 goles y 11 asistencias en 34 partidos, además de un rol importante en la primera gran temporada de la franquicia. Pero ese rendimiento quedó lejos: hoy carga con meses sin actividad oficial sostenida, y esa falta de ritmo pesa mucho más cuando el calendario ya apunta directo hacia una Copa del Mundo.
En la selección mexicana, además, el mensaje ya fue directo. Javier Aguirre explicó en enero que tiene más argumentos para convocar a futbolistas si están jugando, una declaración que, sin nombrar una sentencia definitiva, sí deja claro el criterio del técnico rumbo a la lista final. Lozano puede tener experiencia, recorrido europeo y peso en el vestidor, pero hoy compite contra un reloj que exige minutos reales, no solo entrenamientos individuales.
El esfuerzo personal del atacante permite una lectura doble. Por un lado, muestra disciplina y la intención de no dejarse caer físicamente en medio del conflicto; por el otro, también exhibe la dimensión del problema, porque entrenar solo no reemplaza el roce, la intensidad ni las decisiones que da la competencia semanal. Esa diferencia es la que hoy amenaza con dejar fuera de la pelea mundialista a un jugador que durante años parecía fijo en cualquier convocatoria mexicana.
Por ahora, la imagen es poderosa y dura: un referente del fútbol mexicano corriendo solo en San Diego, vestido al margen del club que alguna vez lo presentó como emblema. El Mundial 2026 está a la vuelta de la esquina y Lozano todavía conserva nombre, historia y cartel, pero la oportunidad se reduce con cada día sin partidos. Si quiere volver a instalarse en la conversación del Tri, ya no le bastará con entrenar fuerte; necesitará minutos, continuidad y una señal deportiva que cambie de inmediato el rumbo de su historia.


