La estricta regla de la FIFA: quiénes tienen permiso para tocar el trofeo del Mundial
La FIFA protege la Copa del Mundo con un protocolo tan estricto que ni las mayores celebridades logran esquivarlo sin permiso oficial.

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La Copa del Mundo no es un trofeo cualquiera y la FIFA lo cuida como si fuera una reliquia sagrada. Hecho en oro macizo de 18 quilates, pesa más de 6 kilos y su reglamento interno reduce a un puñado de personas el privilegio de tocarlo sin guantes. La norma oficial es tajante: solo los futbolistas y cuerpo técnico que se consagraron campeones, los jefes de Estado en funciones y algunos altos funcionarios de la FIFA pueden hacer contacto directo con la pieza.
Fuera de ese círculo, cualquier otra persona (miembros del comité organizador, personal de seguridad, invitados especiales) está obligada a usar guantes blancos para evitar que la grasa natural de la piel o el sudor dañen el metal. La regla no distingue entre fama, seguidores o trayectoria deportiva, así que ni influencers ni celebridades del espectáculo tienen pase libre para tocarla, sin importar cuántos millones de personas los sigan en redes.
Trump, Felipe VI y la lógica detrás del privilegio
Cuando se viralizaron las imágenes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sosteniendo el trofeo, muchos fanáticos se preguntaron por qué alguien ajeno al fútbol podía hacerlo. La respuesta tiene que ver con la investidura y no con el mérito deportivo:los jefes de Estado, ya sean del país anfitrión o del país campeón, reciben ese permiso por representar oficialmente a una nación en un contexto simbólico y diplomático. Esta costumbre no es nueva; nació en el Mundial de Alemania 1974 y desde entonces se repite con presidentes y monarcas de distintos países.
Bajo esa misma lógica, el Rey Felipe VI de España también pudo posar con el trofeo, ya que su rol como monarca en ejercicio lo coloca dentro de esa categoría diplomática que la FIFA respeta sin excepción. De hecho, en el ciclo mundialista más reciente también se vio a mandatarios como Claudia Sheinbaum en México y Mark Carney en Canadá siguiendo el mismo protocolo. No importa el país ni el color político, la regla se aplica igual para todos los líderes en funciones.
Un protocolo que no existe en otros deportes
Este nivel de rigidez es prácticamente único en el mundo del deporte. En el béisbol, el fútbol americano o el hockey sobre hielo, los trofeos de campeonato suelen pasar de mano en mano entre jugadores, comisionados, periodistas e incluso aficionados durante celebraciones y giras promocionales, sin protocolos tan restrictivos. La Copa del Mundo, en cambio, se traslada bajo estrictas medidas de seguridady solo se muestra en su versión original durante ceremonias puntuales, mientras que la que recorre el mundo en giras como el FIFA Trophy Tour es en realidad una réplica.
Además, ni siquiera el equipo campeón se queda con el trofeo original: la FIFA lo recupera minutos después de la ceremonia y entrega a la selección ganadora una copia oficial llamada Trofeo de los Campeones. Esa combinación de exclusividad, simbolismo y control absoluto convierte a la Copa del Mundo en algo mucho más parecido a una pieza de museo que a un simple premio deportivo, y probablemente por eso genera tanta curiosidad y hasta cierta polémica cada vez que alguien fuera del terreno de juego logra sostenerla.


