¿La trampa más grande de los Mundiales? Lo que Argentina hizo para eliminar a Brasil en Italia 1990
Del bidón de Branco a las provocaciones personales, un repaso por algunas de las maniobras más polémicas del fútbol
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El fútbol profesional también ha quedado marcado por historias en las que la búsqueda del resultado llevó a equipos, entrenadores y jugadores a cruzar los límites de la competencia. En ‘La Delantera’, Alberto Lati, Félix Fernández y el resto del pánel recordaron algunos episodios vinculados con engaños, provocaciones personales y maniobras diseñadas para obtener ventajas fuera del juego.
El caso que abrió la conversación fue el llamado ‘bidón contaminado’ del Mundial de Italia 1990. Argentina llegó a los octavos de final debilitada, después de perder ante Camerún y sufrir la lesión de Nery Pumpido. Durante el partido contra Brasil en Turín, el intenso calor provocó que las asistencias médicas repartieran agua entre los futbolistas, una práctica habitual antes de la implementación de las pausas de hidratación.
Según el relato presentado por Lati, la delegación argentina habría distinguido ciertas botellas por colores para evitar que sus propios jugadores bebieran de un recipiente preparado con una sustancia sedante. Branco tomó agua durante una interrupción y posteriormente aseguró que comenzó a sentirse mal. “Me sentí muy mal, algo me dieron y nadie le creyó”, recordó el periodista sobre las declaraciones del defensor brasileño.
La versión fue considerada durante años como una explicación surgida después de la eliminación, pero volvió a cobrar relevancia cuando Diego Maradona habló públicamente del episodio. Oscar Ruggeri también se refirió al caso al señalar: “Es que no puedes tomar ni agua del rival, del rival no tomas nada”. Lati sostuvo que Branco disputó parte del encuentro bajo los efectos del líquido, aunque Argentina terminó ganando con la jugada de Maradona que dejó a Claudio Caniggia frente a Cláudio Taffarel.
Lati también habló de un supuesto “departamento de inteligencia” dedicado a investigar la vida personal de los rivales para provocar reacciones durante los partidos. Los jugadores podían utilizar datos sobre parejas, domicilios o familiares para alterar emocionalmente al adversario y llevarlo a cometer una infracción o responder con violencia.
Fernández añadió experiencias de su etapa como profesional, cuando algunos equipos viajaban con alimentos, agua y fruta desde la Ciudad de México porque desconfiaban de lo que podían recibir en otras concentraciones. También relató que en ciertos vestidores se utilizaban sustancias como amoníaco para generar mareos y que algunas delegaciones buscaban interrumpir el descanso de los futbolistas en los hoteles antes de los encuentros.
Las provocaciones verbales también fueron señaladas como parte de estas prácticas. En La Delantera se recordó que durante el México contra Bulgaria del Mundial de 1994 se habrían utilizado referencias familiares para sacar de concentración a Luis García, quien terminó expulsado. El método fue comparado con el choque entre Zinedine Zidane y Marco Materazzi en la final de Alemania 2006, cuando una provocación verbal precedió al cabezazo del francés.


