El Clásico queda en segundo plano para un Real Madrid al borde del colapso
El Real Madrid atraviesa una crisis interna con peleas en el vestuario, ausencia de liderazgo y una temporada sin títulos. El Clásico llega en el peor momento

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En el Real Madrid, El Clásico parece ser lo de menos. La semana del duelo ante el Barcelona, partido que podría definir LaLiga en favor de los culés, ha colocado al equipo blanco en una crisis que va más allá del marcador. El encuentro está programado para el domingo 10 de mayo en el Camp Nou, y llega con el Barcelona en posición de coronarse si empata o gana ante su máximo rival.
El problema para el Madrid es que el fútbol quedó en segundo o tercer plano. Las polémicas internas, las versiones sobre choques en el vestuario y la sensación de falta de control han devorado la previa de un partido que, en otro contexto, tendría toda la atención deportiva. El club abrió una investigación tras un nuevo incidente entre Aurélien Tchouaméni y Federico Valverde, con el uruguayo trasladado al hospital para revisión después de golpearse la cabeza durante un forcejeo en el vestuario.
Otra temporada que apunta al ‘nadaplete’
En lo deportivo, la campaña del Real Madrid ya tiene aroma de fracaso. El equipo blanco está cerca de cerrar una segunda temporada consecutiva sin títulos, un escenario que golpea de lleno a una institución construida bajo la exigencia de competir y ganar cada año. La presión aumenta porque no se trata de una caída aislada, sino de una tendencia que comenzó a instalarse desde el curso anterior y que ahora puede quedar sellada frente al Barcelona.
La última vez que el Real Madrid encadenó dos temporadas seguidas sin ganar ningún título fue entre 2004-05 y 2005-06. Aquella campaña 2005-06 confirmó la segunda temporada en blanco consecutiva del club y fue la primera racha de ese tipo desde 1984.
El Clásico, por eso, no solo amenaza con entregar LaLiga al Barcelona; también puede convertirse en la fotografía final de un ciclo roto. El conjunto azulgrana llega con 88 puntos y 11 de ventaja sobre el Real Madrid, por lo que le basta empatar o ganar el domingo para asegurar el campeonato de liga por segunda temporada consecutiva.
Un vestuario fuera de control
La crisis interna ha escalado cuando el Madrid ya no se juega nada. El episodio entre Tchouaméni y Valverde encendió todas las alarmas porque no fue un roce menor: el conflicto comenzó en un entrenamiento, se extendió al vestuario y terminó con Valverde trasladado a un hospital por protocolo médico tras golpearse la cabeza.
Ese incidente no llegó solo. Álvaro Carreras publicó un comunicado en Instagram en el que confirmó que Antonio Rüdiger le había pegado en el vestuario y que el alemán se disculpó. A eso se sumó la polémica por las vacaciones de Kylian Mbappé durante su recuperación, criticadas porque el francés aterrizó en Madrid minutos antes del partido ante el Espanyol, un duelo que podía alejar aún más al equipo del título.
La suma de episodios proyecta una plantilla descontrolada, dividida y sin referentes claros. Desde la Champions de 2024, la convivencia se ha degradado en un grupo en el que algunos futbolistas llevan meses sin hablarse, mientras la salida de líderes como Nacho, Toni Kroos y Luka Modric dejó un vacío de exigencia, competitividad y compromiso dentro del vestuario.
Arbeloa, Florentino y una autoridad perdida
El banquillo tampoco ha logrado contener el incendio. La autoridad de Xabi Alonso ya había quedado dañada durante su etapa, mientras que el cuerpo técnico de Álvaro Arbeloa tampoco ha encontrado la forma de recuperar el control de una plantilla que discute decisiones y acumula tensiones con distintos jugadores.
En ese contexto, Florentino Pérez también queda bajo presión por una gestión que no ha logrado frenar la descomposición interna. Medios españoles sostienen que la directiva ya trabaja en una “pequeña revolución” para la próxima temporada, al considerar que el problema no se resolverá únicamente con la llegada de otro entrenador, sino con salidas y entradas de futbolistas.
El Real Madrid parece haber tocado fondo justo antes del Clásico. Una derrota contundente en el Camp Nou no solo sentenciaría LaLiga en favor del Barcelona, sino que dejaría al equipo blanco expuesto ante su acérrimo rival en el cierre de una temporada sin títulos, con el vestuario fracturado y con una sensación de rebeldía que ni Xabi Alonso pudo reconducir ni Arbeloa ha conseguido apagar.
Lo más grave para el Madrid es que el partido llega cuando el campeonato parecía cuestión de tiempo. Barcelona ya tenía una ventaja amplia y el Clásico podía ser el último intento blanco de sostener una posibilidad matemática. Sin embargo, la previa quedó marcada por golpes, comunicados, viajes, expedientes internos y dudas de liderazgo. En una semana que debía ser de fútbol, el Real Madrid se quedó atrapado en su propia crisis.


