Oribe Peralta revive viejas glorias ante Brasil: de Londres 2012 al doblete en el Azteca
El ‘Cepillo’ brilló en el duelo de leyendas ante Brasil con doblete, evocando su histórica actuación en Londres 2012, donde dio a México el oro olímpico

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La noche del domingo en Santa Úrsula tuvo algo más que un simple aire de exhibición. El partido de leyendas entre México y Brasil terminó con triunfo mexicano por 3-2, pero el resultado quedó acompañado por una imagen más poderosa: Oribe Peralta volvió a marcarle al rival que lo elevó a la memoria grande del fútbol mexicano. Su doblete en el Estadio Azteca no solo inclinó el juego; también reabrió una puerta directa a Londres 2012.
Porque hay futbolistas que anotan goles y hay otros que activan recuerdos. Oribe pertenece a ese segundo grupo. Cada vez que aparece frente a Brasil, el relato regresa solo: el atacante sereno, la definición fría, la sensación de que el momento lo eligió a él. Esta vez no se trató de una final olímpica ni de una medalla, pero sí de una actuación que conectó generaciones, despertó nostalgia y volvió a poner su nombre en el centro de una noche especial.
La noche en la que Oribe volvió a aparecer
En el partido de leyendas, México remontó emocionalmente desde la figura de Oribe Peralta. Brasil pegó primero con Adriano y después con Kaká, pero el delantero mexicano firmó el empate antes del descanso y luego marcó el 3-2 definitivo en el complemento para sellar la victoria. En medio del ambiente festivo, el gran protagonista fue el ‘Cepillo’.
Su primera anotación tuvo un simbolismo inmediato. El tanto llegó con un remate de cabeza tras tiro de esquina, una acción que recordó aquella definición en Wembley. El gol revivió la memoria de Londres 2012 por la forma en que Peralta apareció en el área y atacó el espacio. El segundo fue distinto, más de intuición y lectura de la jugada, pero igual de valioso: otra vez encontró el momento exacto para resolver ante Brasil.
Esa es, acaso, la mayor virtud que dejó su actuación reciente: Oribe no necesitó demasiados toques para gobernar la narrativa del partido. Mientras alrededor aparecían nombres como Ronaldinho, Kaká, Rafa Márquez y Cuauhtémoc Blanco, el delantero mexicano volvió a hacer lo que mejor supo hacer en los grandes escenarios: llegar justo a tiempo, elegir bien el remate y transformar una jugada común en una escena memorable.
Londres 2012, el origen de un recuerdo imborrable
Pero para entender por qué ese doblete removió tanto, hay que volver a Wembley. En la final olímpica del 11 de agosto de 2012, México venció 2-1 a Brasil y conquistó el oro en fútbol varonil. Oribe Peralta marcó los dos goles del equipo mexicano y se convirtió en el héroe absoluto de una de las mayores hazañas del deporte nacional.
El primer tanto llegó casi de inmediato y cambió por completo la historia del partido. Peralta abrió el marcador a los 28 segundos y México terminó por colgarse el oro. Aquella anotación temprana no solo sorprendió al favorito; también permitió a la selección mexicana a jugar el partido que soñaba, con orden, tensión competitiva y una confianza que fue creciendo con el paso de los minutos.
Luego llegó el segundo golpe, el que convirtió la noche en leyenda. El doblete de Oribe llegó en el minuto 75, una anotación que dejó a México más cerca que nunca del oro. Hulk descontó al final, sí, pero el nombre que dejó huella en esa final fue el de Peralta, el delantero que convirtió una cita olímpica en patrimonio emocional del fútbol mexicano.
Años después, el propio Oribe habló de ese día con una mezcla de orgullo y melancolía. En 2024 recordó que la emoción de anotar esos dos goles fue “indescriptible” y que escuchar el himno en lo más alto del podio sigue siendo uno de los momentos que más atesora de su carrera. Esa declaración ayuda a entender por qué su relación con Brasil quedó marcada para siempre: no fue solo un rival, fue el espejo de su noche más grande.
Por eso su actuación en el partido de leyendas tuvo un peso distinto. No fue únicamente un buen regreso ni una exhibición simpática para la tribuna. Fue una escena de continuidad, casi una prolongación sentimental de lo que empezó en 2012. Ver a Oribe Peralta marcándole otra vez a Brasil, otra vez en una noche cargada de símbolos, confirmó que algunos futbolistas no dependen de la actualidad para seguir diciendo algo importante.
El legado de Oribe, entonces, no cabe solo en sus estadísticas. Está en la forma en que su nombre activa una memoria colectiva: la del oro olímpico, la de una selección que rompió límites y la de un delantero que apareció cuando el escenario pesaba más. En la victoria de México 3-2 sobre Brasil en el juego de leyendas, el Cepillo no solo firmó un doblete; volvió a tocar una fibra histórica. Y eso, en un país que todavía guarda Wembley como un tesoro, vale tanto como cualquier gol.


