Dimayor sigue durmiendo sobre los reglamentos
A una semana y media de inicial la Liga 2026-II, la entidad sigue sin comunicar los cambios que se van a aplicar.

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Este martes, Conmebol dio a conocer una comunicación enviada hace varios días a las 10 federaciones miembro sobre los cambios que empezará a aplicar en los reglamentos de sus competencias para el segundo semestre de 2026. Esto, a partir de las recientes modificaciones en las normas de juego dictadas por la International Football Association Board (Ifab) y que se han visto en el Mundial 2026.
No obstante, eso fue solo un aviso de lo que va a suceder en los certámenes organizados por la entidad el fútbol continental. Sigue siendo potestad de cada ente nacional la puesta en marcha de las más recientes normativas en sus competiciones. En el caso de Colombia, la parte de instruir a los árbitros de corresponde a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), mientras que la responsabilidad de estipularlas en los reglamentos de competencia y socializarlas con los clubes es de Dimayor. Se sabe que los reglamentos de competencia de todo un año suelen salir a inicio de este, pero, tratándose de variaciones trascendentales, se esperaría que haya una actualización.
Valga la oportunidad para agradecer la silenciosa gestión del departamento de Prensa y Comunicaciones de Dimayor, que en el pasado no ha tenido ni la decencia de responder a las consultas de este medio sobre asuntos relativos los cambios en las normas de competencia, tema que facilita en esta oportunidad anticipar que, de nuevo, la entidad se volvió a dormir con el tema. Habla mucho sobre la calidad de su trabajo.
A una semana y media de que inicie la Liga BetPlay Dimayor 2026-II, no se conoce absolutamente nada sobre qué normas nuevas se van a empezar a aplicar en el fútbol colombiano. Y sí, es que no todas son obligación. Por ejemplo, la de las expulsiones para jugadores que cubran su boca al hablar Conmebol decidió no acogerla. En el caso de las cámaras corporales del árbitro central, parece toda una utopía para el balompié cafetero, teniendo en cuenta que ni siquiera se ha puesto en marcha la comunicación de decisiones revisadas con el protocolo VAR por los altavoces de los estadios.
Lo más curioso de todo el asunto es que muchas veces sí se empiezan a aplicar nuevas normas, pero sin que nadie se entere. Así como sucedió en el semestre anterior, cuando a Wílmar Roldán, de un momento para otro en un partido entre América de Cali y Millonarios, se le ocurrió poner en marcha la sanción de dejar por fuera del campo a aquel jugador que requiriera atención médica. La norma especifica que es un minuto cronometrado y la recomendación es que sea el cuarto árbitro quien ayude con ese conteo. Ni cronómetro había, pero igual él arrancó con la ejecución de dicha regla.
No es un secreto que uno de los graves problemas de los que padece el fútbol colombiano es el poco ritmo que tienen los partidos por cuenta de las simulaciones de lesiones. No obstante, el flojo nivel de los jueces tampoco ayuda. El VAR se ha convertido en un utensilio barato que parece operar según el club y la situación, revisando errores hormiga que terminan influyendo en decisiones puramente interpretativas de los colegiados centrales y pasando por alto equivocaciones gigantescas. Es la hora en que no se sabe si la tecnología intervendrá para corregir tiros de esquina mal concedidos o es un tema que se deja para más tardecito.
De cualquier modo, si la organización decide comunicar a los clubes y a la opinión pública sobre la puesta en marcha de nueva normas, va a requerir también un trabajo exhaustivo para garantizar que los cambios que se vayan a hacer sí impacten positivamente en el juego. Una cosa es hacerlo en el Mundial y otra en una liga en la que no hay sistema semiautomático para el fuer de juego, que el VAR funciona con las mismas cámaras de la transmisión de televisión y donde muchas veces los árbitros salen con las baterías del intercomunicador agotadas.


