Leicester City, a las puertas de la tercera división en el décimo aniversario de su título de Premier League
El club que conquistó Inglaterra en 2016 llega a hundido en la Championship, castigado por PSR y atrapado en una crisis total

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Leicester City llega a abril de 2026 al borde de una caída histórica. El equipo que conquistó la Premier League en la temporada 2015-16, uno de los títulos más improbables que ha dado el fútbol mundial, ocupa el lugar 23 de la segunda categoría con 41 puntos, condicionado además por una deducción reglamentaria de seis unidades que alteró por completo su carrera por la permanencia. A diez años exactos de aquella consagración, el club lucha por evitar la League One, una categoría en la que solo ha militado una vez en sus 142 años de historia.
La dimensión de la caída no puede explicarse solo por una mala temporada o una racha de resultados. El caso de Los Foxes combina errores de reclutamiento, ventas mal gestionadas, decisiones tardías en el banquillo, dependencia financiera del grupo propietario y una desconexión creciente entre la dirigencia y la plantilla.
El problema no comenzó con la sanción de 2026, ni con el descenso de 2023, ni con la campaña de 2024/25: el deterioro fue acumulativo y terminó por vaciar al club de aquello que lo había hecho distinto en 2016, su capacidad para detectar valor, competir por encima de sus recursos y sostener una idea clara en todos los niveles.
El punto más alto: un campeón que desafió la lógica
Leicester arrancó la temporada 2015-16 con cuotas de 5000-1 para ser campeón de la Premier League. El equipo venía de salvarse del descenso en el curso anterior apostó por Claudio Ranieri, un técnico desacreditado en ese momento por su paso reciente con Grecia. Lo que siguió fue la mayor sorpresa en la historia del fútbol: una campaña de 81 puntos, 23 victorias, 12 empates y apenas tres derrotas, con una ventaja final de 10 unidades sobre el segundo lugar.
Aquellos Foxes no ganaron por volumen de inversión, sino por su identidad. Ranieri armó un equipo sólido en la estructura y devastador en las transiciones, con una defensa fuerte, recuperaciones frecuentes y ataques verticales. El equipo tardó en encontrar estabilidad defensiva; por eso la famosa promesa de pizza tras dejar su arco en cero adquirió tanta relevancia. Esa primera portería imbatida, lograda en el 1-0 frente a Crystal Palace, fue un punto de inflexión. A partir de ahí, la escuadra sumó 14 vallas invictas más y transformó una plantilla subestimada en el bloque más eficiente del torneo.
La plantilla que consiguió el milagro
El título de 2016 se apoyó en tres operaciones que cambiaron la historia del club y que Leicester jamás pudo replicar con el mismo nivel de acierto. N’Golo Kanté, fichado desde Caen por 9 millones de euros, se convirtió en el mediocampista defensivo más influyente de la liga. Riyad Mahrez, llegado por apenas 400 mil euros desde Le Havre, aportó 17 goles y 11 asistencias desde la banda. Jamie Vardy, rescatado del fútbol no profesional con Fleetwood Town, firmó 24 goles, incluidos tantos en 11 partidos consecutivos.
Además Kasper Schmeichel disputó los 38 partidos y recibió solo 36 goles, mientras Wes Morgan jugó cada minuto de la campaña, aportando un liderazgo físico y emocional que sostuvo la estructura del equipo. Robert Huth completó una zaga de centrales dominante en duelos directos y Danny Drinkwater dio continuidad en la base de la jugada.

La pérdida de identidad
El problema de Leicester fue no reconstruir una identidad tras las inminentes ventas. Kanté se marchó a Chelsea en 2017 por 32 millones de libras y volvió a ser campeón de la Premier al año siguiente. Mahrez salió en 2018 rumbo al Manchester City por 60 millones de libras y allí ganó cuatro ligas y un triplete.
Danny Drinkwater dejó el club ese mismo verano de 2017, aunque su trayectoria posterior fue mucho menos sólida. Con el paso de los años también se retiró Wes Morgan, Kasper Schmeichel salió en 2022 y, finalmente, Jamie Vardy cerró el vínculo con aquella plantilla al irse en 2025 a Cremonese.
En la siguiente temporada, el equipo resistió mejor que otros campeones inesperados el golpe del mercado y hasta construyó una segunda etapa competitiva. Sin embargo, debajo de los buenos resultados empezó a desaparecer la esencia que lo había hecho especial: la capacidad de detectar jugadores infravalorados, incorporarlos a un sistema reconocible y vender sin destruir la columna vertebral.
El espejismo de estabilidad
La primera señal de que Leicester podía aspirar a algo más que la memoria del milagro llegó en la Champions League 2016-17. El equipo ganó su grupo y luego remontó al Sevilla en octavos de final, después de perder 2-1 la ida. La aventura terminó en cuartos frente al Atlético de Madrid, pero la campaña reforzó la idea de que el club podía competir en otra escala sin desfigurarse.
La etapa con Brendan Rodgers, iniciada en 2019, consolidó esa percepción. La escuadra terminó quinto en dos temporadas consecutivas y ganó la FA Cup 2021 al vencer a Chelsea con el gol de larga distancia de Youri Tielemans en la Final. El equipo también levantó la Community Shield.
En la superficie, todo indicaba que el club había encontrado una fórmula para asentarse entre los equipos más fuertes de Inglaterra. En realidad, la estructura deportiva avanzaba sobre una base financiera cada vez más frágil y sobre una planificación que empezaba a mostrar grietas en mercado, salarios y sucesión de piezas clave.
El primer descenso: decisiones tardías y errores evidentes
El descenso de 2022/23 no fue un accidente repentino, sino la consecuencia directa de una ventana de verano mal gestionada y de un plantel que dejó de evolucionar. Mientras sus rivales reforzaban posiciones específicas, Leicester quedó paralizado por las primeras tensiones serias con las reglas de Profit and Sustainability.
Brendan Rodgers se quejó públicamente por la falta de incorporaciones de campo y el equipo abrió la temporada sin soluciones reales para problemas que ya venían del curso anterior. El golpe más severo fue la salida de Kasper Schmeichel a OGC Nice sin un sustituto probado.
A esa fragilidad se sumó la pérdida de Wesley Fofana y el deterioro del vínculo entre Rodgers y parte del vestuario. El técnico llegó a señalar públicamente que algunos jugadores habían perdido el hambre competitiva y marginó perfiles como Caglar Soyuncu. La directiva, en lugar de intervenir con claridad, dejó que el desgaste avanzara hasta abril de 2023, cuando ya solo quedaban 10 jornadas para salvarse.
La llegada de Dean Smith fue tardía y sin un plan de continuidad. Ganaron en la última fecha frente a West Ham, pero dependían de otros resultados y terminaron condenados por la victoria de Everton sobre Bournemouth. El campeón de 2016 cayó a la Championship nueve años después de tocar la cima.
El regreso inmediato no corrigió nada
Ascender de inmediato podía haber funcionado como reinicio, pero Leicester convirtió el retorno a la Premier League en una profundización de sus carencias. La temporada 2024-25 terminó con 25 puntos, 33 goles a favor y 80 en contra, la cifra más alta de tantos recibidos por el club en una campaña de Premier.
En vez de estabilizarse, el equipo produjo el peor registro en una liga de 38 jornadas de toda su historia. Ya no era un problema exclusivamente de plantilla o de entrenador: el club mostraba una incapacidad total para competir en casa, sostener partidos, proteger ventajas y generar un entorno mínimo de confianza alrededor del primer equipo.
Ni Steve Cooper ni Ruud van Nistelrooy pudieron alterar esa tendencia. Jamie Vardy, en su última temporada en el club antes de salir a Cremonese, definió aquella campaña como una “vergüenza total”.

La sanción de 2026 y el peso real del castigo reglamentario
En su regreso a la Championship, la comisión de Profit and Sustainability, que rige las ganancias y pérdidas del balompié inglés, determinó que el club había superado en 20.8 millones de libras el límite permitido de 83 millones correspondiente al periodo 2023-24 bajo las reglas del EFL. Leicester intentó revertir el castigo, pero su apelación fue rechazada el 8 de abril de 2026, que confirmó una deducción de seis puntos en la tabla general.
Hubo una audiencia de una semana en noviembre de 2025, las objeciones jurídicas del club fueron rechazadas y el 5 de febrero de 2026 se recomendó la resta de seis unidades, que fue aplicada de inmediato. La sanción se apeló en marzo y recibió la resolución definitiva en abril, cuando el cierre de temporada ya exigía una reacción urgente en la cancha.
Banquillo inestable, modelo táctico roto
La conducción deportiva de la temporada 2025/26 tampoco ofreció una alternativa. Martí Cifuentes asumió en julio de 2025 con la misión de liderar el ascenso o, al menos, una temporada competitiva que devolviera al club a la discusión seria. En lugar de eso, Leicester llegó a enero con una producción insuficiente, por lo que la directiva volvió a cambiar de rumbo.
Andy King tomó posesión de manera interina y Gary Rowett fue nombrado el 18 de febrero de 2026. El problema no fue sólo la sucesión de técnicos, sino la ausencia de una línea futbolística reconocible entre un nombramiento y el siguiente.
Con Rowett, la crítica principal no ha sido únicamente la falta de resultados, sino el tipo de juego que expresa el equipo. Desde su llegada, el club acumuló más empates que ningún otro en la división. También quedaron cuestionadas decisiones de manejo de plantilla, como la marginación relativa del juvenil Jeremy Monga, de 16 años.
El plantel actual resume una década de decisiones incorrectas. El club reúne futbolistas con salario alto y un rendimiento que no se corresponde con esa inversión. El equipo transmite una cultura de complacencia, exactamente lo contrario del hambre competitivo que definió al Leicester de Ranieri en 2016.

El fondo del problema: La crisis financiera
La raíz más profunda del deterioro está fuera del campo. Durante la década más exitosa de su historia, Leicester se benefició del respaldo económico de la familia Srivaddhanaprabha y del grupo King Power. La pandemia golpeó ese núcleo de ingresos y cambió de manera severa la capacidad del propietario para seguir tapando déficits deportivos.
Los Foxes registraron una pérdida de 71.1 millones de libras en 2024/25, una de las más altas de su historia reciente. La venta de Kiernan Dewsbury-Hall a Chelsea por 30 millones no sirvió para reinvertir con agresividad, sino para atender obligaciones previas.
En marzo de 2026 surgió con fuerza el movimiento “Unite for Change” entre la afición, que canalizó el hartazgo de una hinchada históricamente agradecida con la propiedad, pero cada vez más decepcionada por la falta de respuestas. El 14 de marzo, antes de un partido contra Queens Park Rangers, cientos de aficionados se reunieron en Walnut Street y marcharon al estadio con el mensaje “Back the team, not the regime” y una manta de “King Power Out”.
El cierre de la década: del 2 de mayo de 2016 al 2 de mayo de 2026
La temporada 2025/26 termina el 2 de mayo de 2026, exactamente diez años después de que Leicester fuera confirmado como campeón de la Premier League. En lugar de recibir esa fecha con una celebración de la gesta más improbable del fútbol moderno, el club la encara con una calculadora en la mano y miedo real a la tercera división.
Al 12 de abril de 2026, el club es penúltimo en la clasificación con 41 puntos, tres menos que Oxford United y cuatro menos que Portsmouth. Tiene cuatro partidos por disputar y un calendario que transforma cada jornada en una final.
El partido del 18 de abril ante Portsmouth en Fratton Park se presenta como el punto de quiebre más claro. El Pompy acaba de cortar una racha de ocho encuentros sin conocer la victoria, mientras que Los Foxes solo han ganado dos veces en todo 2026.
Si vence, llegaría a 44 puntos y reduciría la distancia a un terreno todavía remontable. Si empata, seguiría dependiendo de derrumbes ajenos. Si pierde, quedaría prácticamente sentenciado con nueve puntos por jugar y una brecha demasiado amplia.
Así llega Leicester al aniversario de su milagro: no para recordar cómo conquistó Inglaterra, sino para intentar impedir que su caída quede inscrita junto a Blackburn Rovers como otro campeón de Premier arrastrado hasta la tercera categoría.


