A dos meses del Mundial, el ‘2’ más recordado: Andrés Escobar
Luego de 32 años del asesinato del futbolista, su recuerdo perdura en una sociedad que sigue mostrando síntomas enfermizos.

Los estudios sociológicos sobre el fútbol han llegado a un punto en común desde hace años: las dinámicas alrededor del deporte terminan asumiendo características del contexto donde se desarrolla. En un país con tantas problemáticas históricas como Colombia el balompié ha llegado a ser todo un escenario para el escándalo, acomodándose perfectamente a las realidades socioculturales que existen.
Lo anterior no es carreta, sino que se trata de la explicación de lo que se ve a diario. Corrupción, amaños, juego sucio, mediocridad, invalidación del mérito y tantos otros males son el pan de cada día para la industria del fútbol colombiano. En una de las épocas más oscuras del país, la muerte también llegó a ser parte del menú.
Sobraría hacer aquí un recuento de lo que fue la carrera de Andrés Escobar. El recordado defensor central tuvo una corta y brillante trayectoria que, lastimosamente, quedó inmortalizada más por su tragedia que por los logros. A dos meses de que inicie el Mundial de 2026, es buen momento para recordar al jugador más legendario que haya portado el dorsal número 2 con la Selección Colombia.
Mientras se estén jugando los octavos de final en esta edición de la cita orbital, se cumplirán 32 años de aquel fatídico 2 de julio de 1994 en el que unos desadaptados le cegaron a tiros la vida. Aunque la versión oficial ha apuntado a una discusión verbal como principal motivo para su asesinato, el caso del zaguero ha tenido otras líneas de investigación asociadas con apuestas. Sea dicho de paso que los procesados por el homicidio tenían nexos con el narcotráfico que se apoderó del país por aquellos años. Y hoy todavía, por qué no.
Repitiendo que no ha sido la hipótesis más aceptada, hay quienes han llegado a afirmar que la tragedia no hubiese sucedido sin el infortunio de aquel autogol en el Mundial de Estados Unidos 1994 ante la selección anfitriona. Solamente pasaron 10 días cuando los seis disparos le acabaron la vida con sevicia en el estacionamiento de un restaurante. Fue el punto y aparte de un capítulo que ya traía al cuerpo técnico de la Tricolor amenazado de muerte si se decidía por un jugador y no por otro en la alineación titular.
Al gran número de jugadores que entendió el contexto y decidió quedarse en el país norteamericano mientras se enfriaba el ambiente en Colombia se le debió derrumbar la esperanza en su país cuando llegó la noticia. Andrés Escobar, fiel a su espíritu competitivo y a su lealtad con el deber de representar a la nación, sabía que no le debía nada a nadie. No tenía por qué esconderse por un error que cometió tratando hasta el cansancio de defender el área en un partido de fútbol. El problema no era de él, sino de una sociedad podrida.
Lo más triste es que la muerte del mítico defensor ha servido de poco. Como suele pasar en Colombia, la reflexión duró dos semanas antes de que la vida continuara bajo la misma ley del plomo de siempre. La prueba irrefutable está a poco más de un mes a la vista. Aldaír Gutiérrez, jugador de Atlético Bucaramanga, fue amenazado en marzo de 2026 por una expulsión en el partido de la fase preliminar de Copa Sudamericana frente a América de Cali. Se vio obligado a parar su actividad en medio del temor por la integridad propia y de su familia.
No hay aprendizaje, sino descaro. Hechos más graves han acontecido. Qué decir de aquel episodio en el que un personaje con más pinta estorbo social se metió al campo de juego para golpear a Daniel Cataño cuando jugaba para Millonarios. El descaro absoluto es que casi, por muy poco, el jugador termina debiéndole al identificado Alejandro Montenegro por tirarlo al suelo para que la Policía se encargara de él. Luego, en una actitud totalmente desmesurada y fuera de cualquier lógica, funcionarios de la Alcaldía de Ibagué se encargaron de perseguir al jugador con un proceso administrativo, como si con eso demostraran ser mejores hinchas de Deportes Tolima.
Todo tipo de campañas se han hecho el Colombia para alejar la violencia del fútbol, pero ha sido imposible. No hay manera de sacar al balompié cafetero de la cloaca en donde se desarrolla. Acaba de suceder que un hincha de Junior muere a manos de aficionados de Real Cartagena tras un partido contra Palmeiras por Copa Libertadores, pero en 15 días ya se estará hablando de otra cosa. La conclusión está clara: Colombia no se merecía tener a Andrés Escobar.


