El salto que cambió todo: Erick Portillo y la plata que hizo historia en el Mundial Indoor 2026
El mexicano ganó histórica plata mundial indoor con 2.30 m, confirma su nivel élite y apunta a medalla olímpica rumbo a Los Angeles 2028
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Erick Portillo ya ocupa un lugar en la historia del atletismo mexicano. El saltador firmó 2.30 metros en el Campeonato Mundial de Atletismo Indoor de Toruń 2026 y se colgó la medalla de plata, solo detrás del ucraniano Oleh Doroshchuk, que también terminó con 2.30, pero con mejor secuencia de intentos. La presea fue histórica para México: la primera en salto de altura dentro de un Mundial bajo techo, la primera plata del país en este certamen y apenas la tercera medalla mexicana en la historia de la competencia.
En entrevista exclusiva con Peloteando, Portillo habló con la serenidad de quien acaba de cumplir una meta enorme, pero también con la ambición de quien no piensa detenerse. La felicidad por el resultado, el salto que le aseguró el podio, el intento que casi lo convierte en campeón mundial, los sacrificios personales y su mirada hacia Los Angeles 2028 aparecieron en una charla que retrata a un atleta convencido de que todavía viene lo mejor.
La medalla que nadie esperaba… excepto él
Portillo no ocultó la emoción del momento. “Estoy muy feliz. Es algo por lo que había trabajado tanto tiempo y ahorita es demasiada la felicidad que siento por este logro”, contó al repasar el impacto inmediato de una medalla que lo puso en el centro de la conversación atlética en México.
También explicó que su presencia en la final ya era, por sí sola, una prueba del nivel de la competencia. “Solo van los 12 mejores del mundo. Yo entré en el último spot y nadie esperaba este resultado. Yo sí. Fue algo inesperado para todos, incluso para los saltadores que estábamos compitiendo, pero pude lograrlo en el momento correcto, en el momento en que debía hacerlo”, dijo, dejando claro que la sorpresa fue externa, no interna.
El 2.30 que lo metió en la historia
Uno de los momentos más intensos de la final llegó en los 2.30 metros. Portillo recordó que arribó a esa altura con presión total, porque ya acumulaba dos faltas y estaba fuera de las medallas. “Lo único que pensaba en ese momento era que no me podía quedar fuera del podio por un foul”, relató.
En medio de ese escenario, buscó lo que tantas veces necesita un atleta de alto rendimiento: conectar con el entorno. “Me gusta mucho voltear al público, pedirles aplausos y tener también la energía de todo el estadio”, explicó sobre esa rutina emocional que lo ayudó a transformarlo todo en el tercer intento.
Cuando logró superar la varilla, la lectura fue inmediata. “Es una marca por la que he estado entrenando tanto. Cuando caí fue como: ‘Ok, ahora soy segundo, por ahorita tengo medalla asegurada; es plata segura, es historia para México’”, recordó. Esa sensación no era exagerada: el 2.30 fue su mejor marca personal y lo convirtió en subcampeón del mundo en una prueba dominada por especialistas de élite.
A un salto de ser campeón mundial
Con la plata ya amarrada, Portillo cambió el enfoque. La siguiente meta ya no era subir al podio; era quedarse con el oro. Por eso el intento sobre 2.33 metros no fue una formalidad, sino una declaración de ambición. “Ya tenía la plata asegurada y lo único que pensaba era: ‘Bueno, un salto más y ahora soy campeón mundial’. Hice lo mejor que pude, fueron muy buenos intentos, pero vamos a seguir entrenando hasta ser campeones mundiales y campeones olímpicos”, afirmó. La frase resume bien el momento que atraviesa: satisfacción por lo conseguido, pero sin conformismo. Portillo salió de Toruń con una plata histórica, pero también con la sensación de que el techo todavía no aparece.
Los Angeles 2028 ya no parece una idea lejana
La medalla no solo le dio prestigio internacional. También le cambió la manera de mirar el ciclo rumbo a los próximos grandes eventos. “Esto me abre mucho la cabeza a que los mexicanos podemos, a que yo puedo”, señaló. Y en esa misma línea dejó claro que ya se imagina peleando medallas en Juegos Centroamericanos, Panamericanos, Mundiales y Juegos Olímpicos.
Su referencia técnica también es precisa. “Para estar peleando una medalla olímpica, yo estaría buscando saltar arriba de 2.35”, explicó. Después de haber superado los 2.30 y rozado los 2.33, esa cifra ya no parece una fantasía, sino una meta concreta.
Portillo incluso conectó este momento con una idea que ha repetido en sus redes sociales. “Muchos me decían: ‘Ahora tus videos tienen razón’”, comentó sobre su serie de Instagram enfocada en el camino para convertirse en campeón mundial y olímpico. Hoy, dijo, el sueño “ya se ve mucho más palpable, mucho más cerca”. Y su hoja de ruta no cambia: “Voy a seguir entrenando como lo he hecho siempre, ahora con el objetivo de llegar a Los Angeles a ganar”.
La frase que lo sostiene desde niño
En la conversación también apareció una de las ideas que mejor explican su forma de competir. “Nunca permití que una mente pequeña me convenciera de que mis sueños son muy grandes”, soltó, al recordar las voces que durante años intentaron bajarle el tamaño a sus aspiraciones.
Portillo contó que desde la primaria, la secundaria y la preparatoria escuchó comentarios que cuestionaban la dimensión de sus metas. Le decían que, por venir de una ciudad pequeña y por ser mexicano, había sueños que simplemente no eran posibles. Él eligió no creerlo. Por eso, cuando hoy habla de ser campeón olímpico o campeón mundial, no lo hace como un eslogan. “La gente puede decir que eso está muy lejos. Para mí no. Yo lo veo aquí, lo veo y sé que lo voy a hacer”, afirmó con una seguridad que parece venir de muchos años de resistencia interior.
Vivir en una bodega para no soltar el sueño
La parte más dura de la entrevista llegó cuando recordó algunos de los sacrificios que marcaron su camino. A los 16 años salió de casa para irse a Estados Unidos. Después se mudó a Querétaro y ahí enfrentó una etapa límite, entre conflictos familiares, falta de dinero y la necesidad de sostener su carrera a toda costa. “En un punto, entre que no tenía dinero y todo esto, no tenía dónde vivir. Mi opción fue irme a vivir a la bodega donde se guardaba el material en el parque Querétaro 2000”, reveló. No era una exageración ni una figura retórica. Vivió debajo de las gradas durante cerca de dos meses, aferrado a la posibilidad de seguir entrenando.
La manera de resolverlo también retrata el tamaño de su necesidad. “Todo con la excusa de decirle a mi entrenador que me prestara la llave porque iba a llegar al día siguiente más temprano a sacar material”, contó. La escena ayuda a entender que la plata mundial no nació de un golpe de suerte, sino de un recorrido de hambre competitiva y supervivencia.
Un deporte que empieza a hacerse visible
Portillo también miró hacia afuera y habló del lugar que ocupa hoy el atletismo en México. “Lo veo muy bien. El apoyo siento que ahorita ha estado mejor que nunca”, dijo, convencido de que la disciplina empieza a ganar visibilidad y a despertar nuevas vocaciones.
En ese panorama, su familia ocupa un lugar central. Mencionó a su hermano Jair, a quien ve caminando a su lado en el alto rendimiento, y también a Edgar Rivera, a quien considera una inspiración desde que era niño. “Me alegra mucho saber que los dos vamos a poder llegar juntos a Juegos Olímpicos y a todas estas competencias que siguen”, comentó sobre la posibilidad de compartir ese trayecto con su hermano.
La emoción se vuelve todavía más profunda cuando aterriza en el impacto que puede tener en los más cercanos. Contó que su sobrino Yadiel le dijo: “Erick, ¿qué hiciste? Qué increíble. Yo quiero ser como tú”, una frase que, confesó, le provoca escalofríos. Para él, ahí aparece otra dimensión de la medalla: inspirar a su familia y, en sus palabras, “a todo México”.
El sueño compartido
La entrevista cerró con una imagen poderosa: la posibilidad de que dos hermanos mexicanos se vean algún día en un podio grande. Portillo sonrió al hablar de esa competencia interna que alimenta y no divide. “A él también le gusta lograr lo mismo que yo y hasta mejor, y a mí me gusta tener esa competitividad entre nosotros”, explicó.
Después lanzó una idea que funciona como cierre perfecto para su momento actual: “¿Qué mejor que tener los dos una medalla olímpica, o compartir una medalla en Juegos Centroamericanos o Juegos Panamericanos?” Hoy suena a deseo. Después de Toruń, también suena a posibilidad.
Portillo ya demostró que sabe aparecer cuando pocos lo esperan. Ahora lo que viene no es defender una sorpresa, sino sostener una realidad: México tiene a un saltador capaz de subir al podio mundial y de mirar de frente a Los Angeles 2028. Su plata en el Mundial Indoor no solo fue histórica por el resultado; también lo fue porque confirmó que su discurso ya dejó de ser promesa para convertirse en argumento.


