Alcaldía de Medellín vuelve a quedar señalada por la seguridad en el Estadio Atanasio Girardot… ¡sin fútbol!
La violencia durante un festival musical demuestran que la floja gestión de las autoridades no se limita a partidos de Nacional y Medellín.

Todo un escándalo se ha armado a raíz de los hechos lamentables que se vivieron en el Estadio Atanasio Girardot de Medellín durante este fin de semana. El escenario fue prestado para un festival de música electrónica que obligó a los equipos de fútbol a jugar en municipios aledaños y a aplazar partidos, pero la violencia y las fallas en la logística dejaron, una vez más, señalada a la Alcaldía de la ciudad.
Los sucesos de inseguridad en este estadio habían tenido hasta ahora como principales protagonistas a Atlético Nacional e Independiente Medellín. Durante los últimos años, los encuentros de fútbol volvieron paisaje escenas de invasiones de campo, aficionados con armas, enfrentamientos en las tribunas y pánico entre las familias que solamente querían ir a disfrutar del espectáculo del balompié colombiano. Pues el tema está yendo más allá.
Son dos situaciones las que han cobrado mayor relevancia mediática durante el evento musical: un australiano que permanece en estado crítico por recibir varias puñaladas a la salida y ser arrojado de un vehículo. También el de un costarricense que perdió la vida tras ser encontrado en un baño y que sufrió complicaciones asociadas con síntomas de sobredosis.
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En esta oportunidad no hay fútbol al cual culpar, pero las preguntas reiteradas sobre los desmanes dejan como grandes señalados a la Alcaldía de de Medellín y al Instituto Inder por ser los responsables de la administración de estadio. ¿Cómo fue posible que los desadaptados ingresaran elementos prohibidos? ¿Por qué persisten las fallas en los controles de seguridad? ¿Dónde quedaron las promesas hechas? Son las mismas hechas hace casi un año.
Es imposible no remontarse a lo acontecido durante la final de Copa BetPlay Dimayor en diciembre de 2025, cuando Atlético Nacional e Independiente Medellín terminaron dejando una imagen lamentable por los violentos. En una completa exposición, Federico Gutiérrez, alcalde de la ciudad, reveló cómo operaba un modo delictivo en el que hinchas del cuadro Verdolaga ingresaron cajas sin requisar en complicidad con funcionarios del club.
En medio de la indignación y el calor del escándalo, el mandatario prometió dos cosas principales: identificación y judicialización de los responsables, además de fuertes sanciones sanciones y correctivos para no incurrir en más desgracias. Hoy, 10 meses después, más hechos se han sumado a la lista y han trascendido del ambiente del fútbol para llegar a otros tipos de eventos. Es cierto que había privados como organizadores del festival, pero eso no excusa el acompañamiento de la fuerza pública y las autoridades.
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Nuevamente, con la atención de los medios de comunicación y el grito de la comunidad en el cielo, se están desarrollando la investigaciones para determinar qué falló y qué responsables deslizaron su misión. No obstante, haber convertido el Estadio Atanasio Girardot en una olla de consumo de alucinógenos no se logra por el fallo eventual de una o dos requisas, sino que apunta más a otro hecho de corrupción con encargados de lo concerniente al ingreso de elementos al escenario. Y la gran pregunta sigue en el aire: si eso sucede en un festival musical con organización ajena, ¿qué le espera a partidos de fútbol en los que es una barra brava la misma encargada de la logística?


