Desde el 3er mundo: Fabián Viáfara y Deportivo Cali ‘ensuciaron’ El Campín
El jugador y varios integrantes del equipo aparecen como responsables por exagerar una situación de presunto problema cardiaco.

* La firma de Nicolás Flórez Parra.
En un país donde la vida vale tan poquito, lo que se vio en el Estadio Nemesio Camacho El Campín este jueves fue verdaderamente asqueroso. Con el único objetivo de sacar un resultado deportivo en Bogotá, Fabián Viáfara y Deportivo Cali llevaron al más inmundo de los excesos la cobardía y la indecencia humana. Fingir un problema cardiaco para perder tiempo con la entrada de una ambulancia no merece calificativos más suaves.
Marrulla pura y cochina. Personas que son capaces de simular un inconveniente médico tan delicado, que ya ha consternado en otras ocasiones al planeta entero, tienen unos alcances inimaginables. Acá no se habla solamente de un insulto al deporte, sino a los mismos valores que ponen a la especie humana en el lugar más alto de la evolución. Otra vez, la ética del fútbol colombiano quedó por el suelo.
Son varios los involucrados. Viáfara, por prestarse a tan despreciable actuación; el cuerpo médico por insistir en en un uso innecesario del vehículo médico; y, claro, Rafael Dudamel porque es el principal responsable de lo que sucede en campo con Deportivo Cali en su calidad de director técnico. Las explicaciones que el jugador y el estratega dieron después del partido no se las creen ni ellos y simplemente acudieron a una calma lastimera para minimizar su show.
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¿Que, por fortuna, el futbolista está bien? ¡Pues obvio! Si es que no le sucedió nada y ahí estaba, celebrando el punto del empate a pie de campo tras el pitazo final. Con la reciente crisis institucional que vivió Deportivo Cali y que se ha superado con la llegada de nuevos inversionistas, quién sabe si los estandartes de un club que siempre se ha ufanado de su pureza también cambiaron. Por lo pronto, ni “mu”.
En medio de tal susto que le generaron a todo el mundo, el árbitro Carlos Márquez ni llegó a imaginarse tal hecho tan desleal y fue por eso que, después de que los camilleros se llevaron al pusilánime, permitió hacer los cambios. Acá nadie podrá dudar de la buena fe del colegiado, pero su pecado sí estuvo en la miserable adición de seis minutos y la amonestación para Mackalister Silva por reclamar en medio del esperpento. De ahí, también se abriría el espacio para una eventual reclamación formal por parte de Millonarios.
Lo más triste de todo es lo poco que se está hablando del tema. Entendiendo que fue un día muy movido en cuanto a las noticias deportivas, por los regresos de Juan Guillermo Cuadrado y James Rodríguez al balompié cafetero, lo que debería ser todo un escándalo está pasando desapercibido. Lastimosamente, como no hay repercusiones mediáticas airadas en masa, lo más probable es que el suceso quede impune.
Es en estos casos donde se mide realmente la autoridad de un Comité Disciplinario. Ya se ha visto, incluso, cómo en casos de otra naturaleza han llegado a imponer sanciones sin material probatorio. Aquí las circunstancias son bien visibles y solamente hace falta remitirse a los videos de la transmisión autorizada de televisión y las que circulan en redes sociales para sacar conclusiones e indagar.
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Acudiendo al titular de esta columna de opinión, no solamente se ha ensuciado el nombre de un estadio. Como las nuevas normas que se han puesto en marcha apuntan a dejar por fuera a los jugadores que únicamente buscan entorpecer el desarrollo de los partidos, la creatividad malvada aflora. Si no se le pone correctivo y freno a esto, el desfile de ambulancias y desmayados se volverá paisaje. Aquí se embarró, con olor a mismísima mierda, el espíritu deportivo. Que celebren el punto mal ganado y, de corazón, que la vida no les cobre.


