Luis Díaz no desentona, pero tampoco afina
Como si te tratase de una obra de ópera, las partituras de Vincent Kompany eran las correctas, pero los intérpretes del Bayern fallaron.

Como si se tratara de una obra de ópera, el Bayern sufrió un auténtico drama en su visita a Augsburgo por la quinta jornada de la Bundesliga. Cedió puntos importantes que acabaron dejando al Borussia Dortmund como líder solitario del campeonato alemán y las obligaciones ya le cargan cierto estrés al máximo ganador para recuperar terreno en medio de una sensación de confianza disminuida.
Como director de la orquesta, el plan de Vincent Kompany no lució mal diseñado. De hecho, puso a sus mejores artistas con el fin de mostrar el acostumbrado dominio en el escenario. Dentro de los elegidos para tener papeles principales, estuvo el colombiano Luis Díaz. Si bien el guajiro no desentonó dentro de la presentación, sí hubo algunos aspectos que le demandan más afinación.
En ese paralelo que se está haciendo entre el fútbol y una ópera, el villano de la obra fue Manuel Neuer. Tantos años de experiencia acumulados ante públicos exigentes se quedaron cortos en medio de una velada que le resultó desastrosa. Su exceso de confianza volvió a quedar al descubierto al conceder el gol más rápido en la historia de la Bundesliga y terminó quedándose sin voz ni reacción con ese rebote que significó la segunda anotación en su contra.
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Ahora, no todo estuvo por fuera del compás. En medio de todos los tropiezos y la descoordinación de los artistas, hubo puntos altos que merecen ser rescatados. La labor de Harry Kane va más allá de la de un barítono que siempre está afín con el gol. Cuando el artillero se encontró con pocos espacios en el área, salió del reflector principal para apoyar el juego por fuera del área y acabó sumando en acciones que se invalidaron por fuera de juego.
Si ya se anticipaba que las partituras ordenadas por Kompany fueron las correctas, también hay que hablar del cambio de hojas. Las sustituciones le respondieron bien cuando el repertorio anunciado estaba quedando en deuda y la mejor muestra de ello fue Serge Gnabry como creador de emociones. Además, Nathaniel Brown llegó como héroe para rescatar un punto que sabe a poco, pero que es mejor que nada.
Entrando al tema de Luis Díaz, no se le puede endilgar gran responsabilidad por el traspiés, pues la misma distribución en las escenas ofensivas le dieron más aparición de cámara a otros sectores del campo. El Bayern estuvo acudiendo más a la velocidad de Michael Olise por derecha. Fue un verdadero lamento para el colombiano que por fueras de juego previos, muestra de ansiedad grupal, se frustraran los grito de gol con una volea acrobática y un taco dentro del área. En ambas, el público alcanzó a ponerse de pie para ovacionarlo.
Sin embargo, el guajiro sí tiene algunas notas que se le están quedando lejos en sus interpretaciones. Se decía que el grupo eligió más la otra banda para desarrollar su actuación, pero tampoco fue que no le llegara nunca la pelota por su sector habitual. El gran inconveniente apunta a que los rivales ya le tienen bien estudiados sus movimientos de cadera y logran sacarlo del balance ideal, obligándolo a retroceder el juego en vez de animarse a intervenir con un estribillo en solitario. Se esperaba una mejor versión de él luego de los días de descanso que tuvo por quedarse al margen de la convocatoria de la Selección Colombia.
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La temporada recién está arrancando y quedarán todavía muchas noches para reponerse de un tropiezo. No obstante, el cuadro bávaro va a tener que ensayar con más determinación vías diferentes a la posesión y quiebres de espacio que le permitan tener más diversificada su propuesta ofensiva. El rigor del público se va a ir volviendo más exigente cuando vengan las presentaciones más complicadas en la Champions League.


