La metamorfisis del fútbol mexicano: cambios, mudanzas y polémicas
Una historia de desarraigo constante en el balompié nacional que deja huella en los aficionados
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Por: Daniel Hernández
Ese fenómeno tan peculiar del fútbol mexicano: la mutación de nombre, colores, ciudad… la metamorfosis que lleva sueños e ilusión a una nueva plaza, a cambio de la decepción y dolor que se sufre en la sede que ve partir a su equipo.
El verano de 2026 consumará esa última transformación: Mazatlán FC pasará a mejor vida y dará paso para el regreso de Atlante, escuadra que desde 2014 ha vivido en la división de plata del fútbol mexicano.
La situación en la Perla del Pacífico parece un karma, pues cabe recordar que el cuadro cañonero nació tras ‘arrebatarle’ el sitio a Morelia. Esto sucedió en 2020, en medio de la pandemia por el COVID 19, y una disputa económica entre el dueño de Monarcas, Ricardo Salinas Pliego, quién en aquel momento se presume le exigió al gobierno de Michoacán, a cargo de Silvano Aureoles, un subsidio millonario para permanecer en la entidad.
En medio de este desacuerdo apareció Quirino Ordaz, entonces gobernador de Sinaloa, quién ofreció todas las facilidades para llevar una franquicia de Primera División al recién inaugurado Estadio Mazatlán.
Otro equipo con un origen similar en el máximo circuito es FC Juárez, que adquirió los derechos federativos de Lobos BUAP. La directiva encabezada por Alejandra de la Vega pagó 15 millones de dólares en una operación que generó un desacuerdo legal entre la institución educativa poblana y Mario Mendívil, entonces administrador de los licántropos.
Sin olvidar el caso de Querétaro. Gallos descendió tras el final de la temporada 2012-2013; sin embargo, conservó su sitio en el máximo circuito tras adquirir la franquicia de Jaguares. Ese verano de 2013 estuvo lleno de mutaciones: Chiapas no perdió el fútbol de Primera, pues, con el apoyo del gobierno estatal, entonces a cargo de Manuel Velasco, adquirió la franquicia del Club San Luis.
El campeón del Ascenso, La Piedad, se mudó a Veracruz por decisión de Fidel Kuri Grajales, dueño de la franquicia. El Veracruz que competía en el entonces Ascenso MX vendió la propiedad del equipo para la creación del Atlético San Luis. Y el subcampeón del Ascenso, Neza FC, hizo maletas con destino a Ciudad del Carmen, Campeche, para convertirse en Delfines.
Esa serie de mutaciones tuvo como consecuencia cambios en el reglamento, que obligaron a que un equipo que ascendiera o perdiera la categoría debiera permanecer, al menos un año, en la plaza donde jugaba antes de solicitar un cambio de sede.
Irapuato, un caso particular
En la primera década de este siglo, Irapuato ganó su sitio en Primera División en dos ocasiones. En el año 2000, como bicampeón de la entonces Primera “A”. La historia de los freseros terminó a finales de 2001, cuando la directiva de Grupo Pegaso y Alejandro Burillo emprendió la mudanza a Veracruz.
Tres años después, Irapuato volvió a ganar el ascenso en la cancha tras vencer, en una enrarecida final, al León. Pero un año más tarde, el equipo fue desafiliado bajo el argumento de la “poca claridad en el origen de los recursos económicos de sus dueños”.
Necaxa, la mutación que acabó con una tradición
El caso más emblemático es el de Necaxa, que en 1971 fue vendido a un grupo de empresarios españoles, quienes transformaron a los “Electricistas” en el Atlético Español. Los Toros jugaron 11 temporadas en Primera División; sin embargo, esta etapa estuvo marcada por la irregularidad deportiva y el abandono de la afición rojiblanca, que nunca se identificó con el nuevo proyecto.
Para julio de 1982, el equipo pasó a ser propiedad de Grupo Televisa, que devolvió los colores rojo y blanco y el nombre de Necaxa. Sin embargo, el daño estaba hecho y al club le costó mucho trabajo recuperar seguidores.
Estos son algunos ejemplos de esas metamorfosis tan comunes en la historia del fútbol mexicano, donde el arraigo y la identidad han sido lo que menos ha importado a los dueños del balón.


