Pumas, entre picos y caídas: el reto de volver a ser un protagonista constante en la Liga MX
Los auriazules alternan torneos competitivos con campañas irregulares en la última década. Con Efraín Juárez, buscan estabilidad y volver a pelear por el título

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Pumas vive atrapado entre su historia y su irregularidad reciente. El club universitario no gana la Liga MX desde el Clausura 2011, torneo en el que levantó su séptimo campeonato, y desde entonces la sequía se ha convertido en una de las grandes deudas de una institución que por historia y tamaño debería pelear con más frecuencia por el título. Lo llamativo es que la década reciente no ha sido una caída lineal, sino una sucesión de picos competitivos y desplomes inesperados.
El Clausura 2026, al menos por ahora, ofrece una postal distinta. Tras vencer 3-1 a Mazatlán en la jornada 14, Pumas llegó a 27 puntos y subió al cuarto lugar de la tabla general, además de hilar cinco partidos sin derrota. En ese contexto, Efraín Juárez reivindicó el proceso en este torneo: “Normalmente hacíamos números y nos faltaban dedos para contar en la última jornada”, dijo después del partido. Esa frase retrata bien el momento auriazul: ilusión sí, pero con memoria de todo lo que el equipo ha dejado escapar en años recientes.
El primer gran pico de este periodo fue el Apertura 2015. Pumas terminó como líder de la fase regular y alcanzó la final ante Tigres; en la vuelta ganó 4-1 en CU para empatar la serie, aunque terminó quedándose con el subcampeonato. Ese semestre parecía marcar el inicio de una etapa poderosa, pero terminó siendo más bien una excepción dentro de una secuencia marcada por altibajos. En otras palabras, Pumas ya demostró que puede construir torneos grandes, pero no logró convertir ese impulso en una costumbre.
Torneos irregulares y sin Liguilla
Después de ese subcampeonato, la irregularidad volvió a imponerse. El club cerró el Apertura 2017 en el lugar 18 de la Liga MX, una caída durísima para cualquier grande del fútbol mexicano. Y cuando parecía que podía reacomodarse, en el Apertura 2019 terminó 13°, otra muestra de un equipo que pasaba con demasiada facilidad de la ilusión a la frustración. Ese es el patrón que ha perseguido a Pumas en la última década: un torneo que entusiasma, seguido por otro en el que ni siquiera se instala entre los protagonistas.
El Apertura 2018 fue otro torneo de mérito, pero también de límite. Pumas acabó tercero en la fase regular, eliminó a Tigres en cuartos de final y se metió a semifinales, donde su recorrido se frenó de forma abrupta con el 6-1 que le propinó América en la vuelta. Llegar lejos importó, pero también dejó claro que aún había distancia respecto de los equipos más sólidos del torneo. Ese semestre sirve como buen resumen del problema universitario: competir sí, dominar no necesariamente.
La final del 2020
El otro gran campanazo fue Guard1anes 2020. Aquel Pumas cerró segundo de la tabla, firmó una remontada histórica con el 4-0 sobre Cruz Azul en semifinales y volvió a meterse a una final de Liga MX. Sin embargo, la historia terminó otra vez en subcampeonato, porque León ganó la vuelta 2-0 y se llevó la serie 3-1 global. Fue, quizá, el mejor recordatorio de que los universitarios todavía saben competir en escenarios grandes, aunque no les ha alcanzado para rematar la obra desde 2011.
El problema para Pumas nunca ha sido tocar techo una vez; el problema ha sido sostenerse. En los años posteriores reaparecieron los tropiezos: en 2021 figuró en el lugar 11, y en 2022 cayó hasta el 14. Luego vino otra reacción con el Apertura 2023, cuando alcanzó semifinales, y un Clausura 2024 en el que cerró octavo y fue eliminado en cuartos por Cruz Azul. Eso confirma que buena parte de sus campañas recientes sí han estado ligadas a clasificaciones tardías o rutas cortas de Liguilla, más que a un dominio sostenido desde la fase regular.
Incluso el proceso reciente ya tuvo un golpe que conviene no olvidar. En el Apertura 2025, Pumas fue eliminado 3-1 por Pachuca en el Play In, un desenlace que volvió a poner sobre la mesa la fragilidad del proyecto. Por eso el Clausura 2026 merece atención: hoy el equipo está en cuarto lugar, con tres jornadas por jugar y con Juárez hablando de identidad, crecimiento y conexión con la afición. La mejor noticia para Universidad no es solo la posición; es que por primera vez en un buen rato parece acercarse a la fase final sin el dramatismo de la calculadora.
¿Qué se le puede pedir a Pumas?
En primer término, regularidad; en segundo, profundidad competitiva. En el contexto actual, se considera razonable plantear como objetivo la clasificación directa a la Liguilla, un cierre en posiciones altas de la tabla y la capacidad de sostener una serie de eliminación con nivel competitivo ante cualquier rival. La obtención inmediata del título podría parecer acorde con la dimensión institucional del club; sin embargo, dicha expectativa pasaría por alto la irregularidad mostrada en años recientes, con alternancia entre semifinales y torneos fuera de los primeros puestos.
La aspiración plena al campeonato tiende a vincularse con la consolidación de un rendimiento sostenido a lo largo de varios torneos y con la reducción de episodios de volatilidad, como clasificaciones de último momento o caídas abruptas. En ese sentido, si bajo la conducción de Efraín Juárez el Clausura 2026 se configura como el inicio de una etapa de estabilidad, el umbral de evaluación se eleva: dejaría de ser suficiente hablar de campañas competitivas y el objetivo del título pasaría a ocupar un lugar central.


