Sergio Bueno y el desafío de sostener a Mazatlán en medio de la incertidumbre
El estratega de 63 años lidera a Mazatlán en un mar de dudas por la venta del equipo, motivando al plantel a luchar por su futuro mientras busca cerrar el torneo con dignidad
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Sergio Bueno asumió el mando de Mazatlán el 20 de enero de 2026, en pleno Clausura, con la misión de recomponer a un equipo golpeado por los resultados y por el contexto institucional. Su llegada coincidió con el último torneo del club sinaloense antes de concretarse la sustitución de derechos de afiliación autorizada por la Asamblea de Dueños en diciembre de 2025, dentro del proceso de venta que apunta al regreso del Atlante a la Primera División antes del verano de 2026.
En entrevista exclusiva con Félix Fernández, el técnico habló del valor de esta etapa, de la necesidad de reinventarse y de la manera en que ha debido administrar una plantilla que vive entre la competencia deportiva y la incertidumbre laboral. Lejos de presentar el reto como una despedida resignada, Bueno lo asume como una prueba de vigencia, de oficio y de control emocional dentro de un plantel que no puede permitirse bajar la guardia.
El reto de dirigir a Mazatlán y recuperar la vigencia

“Sí, es sumamente agradable para mí y te diría que totalmente ha valido la pena la experiencia, o sigue valiendo la pena porque esto no ha acabado. Estamos en la fase final del campeonato”, señaló Bueno al hablar de una aventura que, más allá de los puntos, le ha devuelto presencia en la conversación del fútbol mexicano. En su lectura, el paso por Mazatlán no solo ha sido una oportunidad de trabajo, sino una plataforma para demostrar que su trayectoria todavía tiene espacio en la Liga MX.
El entrenador profundizó en esa idea y dejó claro que este proceso también tiene un sentido personal y profesional. “Sin duda está presente siempre esta idea de reinventarse uno como entrenador, de generar nuevas expectativas, de recobrar la vigencia dentro del ámbito futbolístico y que ha propiciado que haya mucha gente que haga buenos comentarios, que los medios de comunicación también lo estén valorando de esa manera, pues para mí también es reconfortante”. Para Bueno, el reconocimiento externo importa, pero no como un premio simbólico, sino como señal de que su trabajo vuelve a tener eco.
En esa misma línea, el estratega remarcó que la satisfacción todavía no puede ser completa, porque el cierre del torneo exige sostener el nivel competitivo. “Hay que llegar a la parte final siendo muy competitivos y el interés está presente”, afirmó. La frase retrata bien su postura: no se conforma con haber levantado al equipo del golpe anímico inicial, sino que pretende que Mazatlán cierre esta etapa con dignidad, orden y capacidad de competir hasta el final. Esa exigencia encaja con el perfil que ha acompañado a Bueno durante años, muchas veces llamado para rescatar proyectos en crisis.
Un plantel entre la vitrina y la incertidumbre
Si en la cancha el reto pasa por sostener resultados, en el vestidor la complejidad es todavía mayor por el futuro incierto de muchos futbolistas. El proceso de venta y la eventual desaparición de Mazatlán como tal han abierto interrogantes sobre contratos, continuidad y destino de decenas de jugadores, en un escenario que sigue sujeto a condiciones reglamentarias y al cierre definitivo de la operación.
Bueno lo explicó con crudeza: “Si a mí me preguntas qué va a ocurrir, es bien difícil especificarlo. Yo creo que cada caso se debe atender de forma puntual. Hay jugadores que vencen contrato y van a ser libres. Hay jugadores que aun teniendo contrato y el club cambiar de nombre y apellido, creo que en automático por FIFA queda libre y debe haber 60 jugadores, 70 jugadores que a dónde van a parar, no sé. Y esa parte debe ser muy dura”. La declaración exhibe la dimensión humana del momento: detrás de cada partido hay futbolistas que también están jugando por su siguiente contrato.
Por eso, el mensaje del técnico ha tenido que ser permanente y muy concreto. “Al inicio había que abordar las cosas con determinado discurso, hacerle sentir al equipo que tenían que luchar por mostrarse, por pelear por su carrera deportiva, por levantar la mano y decir: ‘Aquí estoy, soy opción para el mercado, para la liga’”. Bueno admite que ese argumento no puede soltarse ni un solo día, porque la tensión de lo que viene puede desviar al jugador de lo verdaderamente urgente, que es competir cada semana con la cabeza en el presente.
Esa vigilancia, explicó, forma parte de su oficio y también de la experiencia acumulada en contextos límite. “Obviamente ya no se tiene uno que apartar y decir: ‘Esto ya camina solo’. No, tienes que estar vigilando todo el tiempo de que el jugador no se te desperfile. Tú sabes que hay jugadores que luego juegan bien un partido y después se ponchan, ganan un partido y se aflojan y creen que ya hicieron lo suficiente. Y creo que he aprendido a reinventar al equipo cada semana porque he estado en muchos equipos en donde lo que más ha prevalecido son los resultados adversos, porque agarrar equipos siempre de bombero, híjole”. En esa frase final está resumido su papel en Mazatlán: más que dirigir un cierre de torneo, Sergio Bueno intenta sostener la concentración de un plantel que pelea por no perderse en medio del ruido.


