Latidos Mundialista: El pacto que eliminó a Argelia vuelve al Mundial 2026
El desenlace estuvo marcado por una de las polémicas más recordadas en la historia de los Mundiales
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A comienzos de 1958, cuando el Mundial de Suecia se encontraba ya en la antesala de su inicio, el fútbol europeo vivía un episodio silencioso pero profundamente significativo. Varios futbolistas franceses nacidos en Argelia, aún territorio bajo dominio colonial francés, comenzaron a desaparecer de sus clubes en la primera división sin explicación aparente. No se trataba de transferencias ni de sanciones: se estaban incorporando a un proyecto clandestino con una causa política.
La pregunta que recorría los pasillos del futbol francés era simple y a la vez desconcertante: ¿a dónde habían ido? La respuesta estaba lejos de los reflectores oficiales. Aquellos jugadores se habían unido a un equipo que no disputaba partidos oficiales, sino que viajaba con una misión distinta: recaudar fondos y visibilizar la lucha por la independencia de Argelia respecto a Francia.
Entre ellos emergía la figura de Rashid Mekhloufi, futbolista que tenía prácticamente asegurada su presencia en el Mundial de 1958 con una selección francesa repleta de talento, donde convivía con nombres como Raymond Kopa y Just Fontaine. Sin embargo, eligió otro camino, uno que lo alejaba del escaparate mundialista para acercarlo a una causa política que, con el tiempo, transformaría la historia de su país.
Décadas después, el propio Mekhloufi se convertiría en símbolo de una transición histórica. Para 1982, ya como entrenador, dirigía a la selección de Argelia que lograría clasificarse al Mundial de España, una generación encabezada por figuras como Rabah Madjer y que representaba la consolidación de aquella lucha iniciada años atrás en la clandestinidad.
Esa selección argelina escribió una de las páginas más memorables de aquel torneo al derrotar a la Alemania Federal en su debut y posteriormente a Chile, resultados que los colocaban en una posición inmejorable para avanzar a la siguiente fase. El destino parecía alinearse con la narrativa de un equipo que había llegado para romper estructuras establecidas.
Sin embargo, el desenlace estuvo marcado por una de las polémicas más recordadas en la historia de los Mundiales. Argelia había disputado su último partido antes del choque entre Alemania Federal y Austria, situación que permitió a ambos equipos conocer con precisión el resultado que necesitaban para clasificarse juntos, dejando fuera a los africanos.
El encuentro posterior derivó en un partido sin intensidad competitiva tras el gol inicial de Horst Hrubesch. A partir de ahí, el ritmo desapareció, el balón dejó de circular con intención y el estadio de Gijón fue testigo de un episodio que la historia bautizó como el “pacto de no agresión” o la “vergüenza de Gijón”, mientras desde las gradas se coreaba con ironía una frase que quedó para la memoria del fútbol.
Argelia quedó eliminada en aquella primera fase, pese a haber demostrado nivel competitivo para avanzar. Desde entonces, aquella generación ha esperado una revancha simbólica frente a la historia. Hoy, en el Mundial 2026, el destino vuelve a cruzar los caminos de Argelia con aquella Austria protagonista del episodio que marcó una herida profunda en la memoria del fútbol africano.


