Selección mexicana: del caos a la resiliencia en el camino a la gloria en el Mundial 2026
El Tri ha superado años de incertidumbre y críticas; la combinación de juventud, experiencia y mentalidad fuerte que ha impuesto Javier Aguirre lo posiciona como un equipo competitivo
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México hizo historia al superar a Ecuador en los dieciseisavos de final del Mundial 2026 y avanzar al quinto partido, un logro que no se conquistaba desde hace 40 años. Con un planteamiento sólido, precisión defensiva y goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, el Tri consolidó su paso a los octavos de final, despertando el entusiasmo de la afición en el Estadio Ciudad de México y marcando un hito en la trayectoria mundialista del conjunto mexicano.
Sin embargo, el proceso de la selección mexicana en los últimos cuatro años ha estado marcado por decisiones directivas cuestionables que generaron incertidumbre y cambios abruptos. La salida de Jaime Lozano luego de la Copa América 2024, a pesar de contar con respaldo inicial para foguear a nuevos jugadores sin tomar en cuenta los resultados, dejó a la Federación Mexicana de Fútbol con la urgencia de buscar a un hombre que fuera capaz de enderezar el rumbo y llevara a México a una actuación memorable en el Mundial que se disputaría en casa en este 2026, navegando en un ambiente de inestabilidad hasta la llegada de Javier ‘Vasco’ Aguirre el 22 de junio de 2024.
La incorporación de Aguirre no fue producto de un plan estratégico a largo plazo, sino más bien una medida de contingencia. Su experiencia y capacidad para “aguantar los golpes” le permitieron asumir la dirección del Tri, junto con figuras como Rafael Márquez, quienes aportan conocimiento del fútbol mexicano y comprensión de la idiosincrasia de los jugadores.
Tras la caída en el Mundial de Qatar, se realizó una reestructuración, con jugadores que estuvieron en ese proceso teniendo que volver a ganarse su lugar con base en el desempeño en sus clubes, priorizando el rendimiento diario y con una mezcla de juventud y experiencia. Éxitos previos como el bicampeonato de la Copa Oro y el desempeño en torneos juveniles consolidaron una base sólida para este resurgimiento en la Copa del Mundo de Estados Unidos, Canadá y México.
Uno de los elementos más destacados de esta etapa es la resiliencia emocional de los 26 convocados y del cuerpo técnico. Durante años, el equipo soportó abucheos, críticas mediáticas y resultados adversos, pero hoy esa capacidad de sobreponerse se refleja en un proyecto que pasó de ser considerado un “desastre” a generar resultados y alegrías para la afición.
En el aspecto futbolístico, México ha mostrado una evolución notable en la condición física y la madurez táctica. Bajo el mando de Aguirre, el equipo ha aprendido a manejar los tiempos de los partidos, adaptarse a diferentes rivales y presionar alto, como se vio en el duelo contra Ecuador, donde el conjunto tricolor logró su pase a los octavos de final y por primera vez en 40 años consiguió salir airoso en un duelo de eliminación directa.
Casos como el de Johan Vásquez, consolidado en Europa y capitán en el Genoa de Italia, y la irrupción de jóvenes como Gilberto Mora y Raúl ‘Tala’ Rangel, han permitido centrar la narrativa en los logros deportivos y no en la negatividad inmediata que rodea al fútbol mexicano.
La mentalidad ha sido un factor determinante. Recuperar la convicción de lograr “cosas chingonas” y visualizar la victoria ha transformado el enfoque del equipo, demostrando que en un torneo corto la disciplina mental y la confianza son tan importantes como el talento en la cancha. Esta perspectiva busca romper con el escepticismo histórico y consolidar al Tri como un rival competitivo.
Finalmente, la selección ha logrado reconectar con la afición, que durante años estuvo alejada y decepcionada. La combinación de esfuerzo, disciplina y resultados ha generado un sentimiento de orgullo y motivación, uniendo nuevamente al país en torno a un proyecto que ahora inspira confianza y entusiasmo de que se puede trascender en el Mundial 2026.


