Soluciones inútiles en Dimayor: ¿por qué no sirve cambiar la Liga BetPlay de cuadrangulares a llaves?
El problema del campeonato no radica solamente en el número de partidos, sino en la cantidad de jornadas necesarias para jugarlos.

Con la cantidad de cambios que ha habido sobre la marcha, teniendo como principal error la mala comunicación de Dimayor, ya nadie sabe bien en qué va el campeonato. El terremoto que azotó a Colombia el pasado lunes fue una circunstancia ajena a la organización del fútbol, pero que ha evidenciado, una vez más, las graves falencias del campeonato de primera división en cuanto a formato y espacio.
El nuevo aplazamiento de partidos ha llevado a la entidad a decidir sobre algo que ya se había advertido: el fútbol colombiano se quedó sin tiempo para jugar competencias tan largas en un solo semestre y ahora se evalúa cambiar el formato para hacerlo más corto. No obstante y de entrada, hay que mencionar que las soluciones que están planteando son inútiles y de poco sirven para poner al día el calendario.
De lo que se viene hablando como posibles cambios a aprobar en la asamblea extraordinaria del próximo martes, son dos modificaciones las más relevantes. Sobre la liga, se piensa en cambiar la instancia semifinal para no jugar cuadrangulares, sino que sean llaves de eliminación directa con fases de cuartos de final, semifinales y final. En cuanto a la Copa Colombia, que los octavos y los cuartos de final sean a partido único.
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Alguien que haga cuentas apresuradas podría pensar que es una excelente solución para el campeonato liguero, pues se reduce drásticamente el número de partidos a disputar para conocer a los finalistas: mientras los cuadrangulares exigen 26 encuentros correspondientes a cuatro por cada una de las seis jornadas y los dos de la final, las llaves permitirían conocer el campeón en 14 juegos.
Sin embargo, no se trata de cantidad de partidos solamente, sino de número de jornadas necesarias para desarrollarlos. El formato de cuadrangulares requiere de ocho fechas, producto de las seis de la instancia semifinal y las dos de la final con partidos de ida y vuelta. De otro lado, las fases de eliminación directa avanzan en concepto de seis, dos por cada una de las tres instancias mencionadas.
¿Entonces qué se está reduciendo realmente? Pues solamente dos jornadas, pasando de ocho a seis, tema que perfectamente viene a acortar una semana de juego. Si se aplicara ese cambio y sucediera alguna nueva eventualidad que no permita jugar el calendario en la estricta manera que se defina, a Dimayor no le quedará otra opción que volver a saltarse los tiempos de descanso mínimos entre un partido y otro que ordena FIFA, que son tres días.
¿Y por qué el pesimismo con la solución planteada? Simple: porque la experiencia ha demostrado que el tiempo tan ajustado no funciona en Colombia. En un país donde un deslizamiento de tierra provoca el cierre de una vía y los equipos se ven obligados a aplazar porque no hay manera de llegar a alguna ciudad o municipio, lo más probable es que haya nuevos retrasos para el fútbol.
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En lo que tiene que ver con la Copa Colombia también hay un serio inconveniente para la idea del partido único en algunas fases y tiene que ver con la localía: ¿a cuál de los rivales le corresponde y en mérito a qué? En este punto, aparecerán los de las soluciones apresuradas a decir que se debe jugar en plaza neutral, obviando los serios inconvenientes para que una alcaldía o gobernación se anime a recibir un encuentro con el riesgo de encuentros violentos entre barras bravas. ¿Y entonces? ¿También a puerta cerrada?


