Cohete chocará con la Luna este 5 de agosto a gran velocidad, ¿por qué lleva un año a la deriva?
Científicos preparan telescopios y sondas para estudiar el cráter, el destello y la nube de polvo generados por el choque

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Una etapa superior abandonada de un cohete Falcon 9 de SpaceX impactará contra la Luna el miércoles 5 de agosto de 2026, después de permanecer durante más de un año en una trayectoria sin control entre la Tierra y el satélite. El choque está previsto aproximadamente a las 06:34 horas UTC, equivalentes a las 00:34 del centro de México, en una zona próxima al cráter Einstein.
Aunque suele describirse como un cohete completo, el objeto es la segunda etapa utilizada durante un lanzamiento efectuado el 15 de enero de 2025. La estructura, identificada como 2025-010D, mide alrededor de 12 metros, tiene cerca de cuatro metros de diámetro y una masa calculada próxima a las cuatro toneladas. El impacto no representa una amenaza para la Tierra, pero permitirá estudiar una colisión artificial cuyos principales parámetros se conocen con anticipación.
¿Qué pasará en la Luna el próximo miércoles 5 de agosto y por qué alerta al Mundo?
La etapa superior golpeará la superficie lunar cerca del cráter Einstein, en un terreno iluminado situado próximo al borde del disco que puede observarse desde la Tierra. Los cálculos sitúan el impacto en las coordenadas aproximadas de 88 grados oeste y 15 grados norte, aunque la ubicación final todavía puede registrar una variación dentro de la zona prevista.
El choque producirá un destello de menos de un segundo, un cráter nuevo y una nube de polvo y fragmentos de regolito lunar. El destello podría resultar demasiado tenue para distinguirse a simple vista, pero la columna de material expulsado podrá permanecer durante varios minutos y ser registrada con telescopios equipados para observaciones astronómicas.
No existe una alerta mundial por posibles daños a la Tierra ni por una alteración de la órbita de la Luna. La atención internacional se relaciona con la creciente presencia de basura espacial en las rutas utilizadas por misiones lunares. Este caso muestra cómo una etapa abandonada puede permanecer durante meses en una órbita inestable hasta cruzarse con la superficie de otro cuerpo celeste.
El cráter podría alcanzar cerca de 27 metros de diámetro y unos cinco metros de profundidad, de acuerdo con estimaciones citadas por investigadores involucrados en la campaña de observación. Estas dimensiones son pequeñas frente a la escala de la Luna y no podrán apreciarse desde la Tierra sin instrumentos, pero sí mediante imágenes tomadas desde la órbita lunar.
¿Por qué el cohete Falcon 9 de SpaceX lleva un año a la deriva en el espacio?
El Falcon 9 despegó desde el Centro Espacial Kennedy de Florida el 15 de enero de 2025. Su misión fue impulsar hacia la Luna a los módulos Blue Ghost 1, de Firefly Aerospace, y Resilience, de la empresa japonesa ispace. Ambos vehículos se separaron del lanzador después de alcanzar las trayectorias programadas.
La primera etapa del Falcon 9 está diseñada para regresar a la Tierra y utilizarse nuevamente, pero la segunda etapa cumple otra función: colocar las cargas en su ruta final. Una vez desplegados los dos módulos lunares, esta sección había completado su misión y quedó en una órbita terrestre alta que cruzaba la trayectoria de la Luna.
La estructura no contaba con el combustible necesario para regresar de manera controlada a la Tierra ni para dirigirse hacia una órbita estable alrededor del Sol. Sin sistemas operativos capaces de modificar su recorrido, quedó expuesta a las fuerzas gravitacionales de la Tierra, la Luna y el Sol, que alteraron progresivamente su trayectoria.
Después de casi 19 meses, esos cambios orbitales colocaron a la etapa en curso de colisión. El impacto no fue planeado por SpaceX y pudo haberse evitado mediante una maniobra de disposición posterior al lanzamiento, siempre que hubiera existido combustible y una estrategia específica para retirar el objeto de la zona cislunar.
Blue Ghost completó posteriormente un aterrizaje lunar y operó durante más de 14 días terrestres sobre la superficie. Resilience también viajó hacia la Luna después de separarse correctamente del Falcon 9. La pieza que ahora caerá no transporta personas, instrumentos activos ni combustible destinado a otra misión.
¿A qué velocidad se impactará el cohete en la Luna y qué efectos tendrá en la Tierra?
Los modelos calculan que la etapa superior chocará a 2.43 kilómetros por segundo, equivalentes a aproximadamente 8 mil 748 kilómetros por hora. El ángulo estimado será de 34 grados respecto a la vertical y la energía liberada rondará los 11.8 gigajulios, comparable con casi tres toneladas de TNT.
El objeto pesa cerca de cuatro toneladas, pero se desplazará a una velocidad menor que muchos meteoritos naturales. La diferencia permitirá analizar cómo una estructura hueca y fabricada por el ser humano transfiere su energía al suelo lunar, ya que su comportamiento no será idéntico al de una roca compacta procedente del espacio.
El estudio sobre la dinámica del material expulsado calcula que la cortina principal de polvo podría subir entre 15 y 20 kilómetros, mientras una columna central podría alcanzar entre 75 y 100 kilómetros. Las simulaciones también plantean una dispersión lateral de hasta 183 kilómetros alrededor del punto de impacto.
El suceso no provocará terremotos, mareas extraordinarias, cambios en el clima ni modificaciones detectables en la órbita lunar. La masa del objeto es insignificante comparada con la de la Luna, por lo que sus efectos quedarán limitados al punto de colisión y a la expulsión temporal de polvo alrededor de esa zona.
¿Por qué la ciencia puede tener una oportunidad única con este suceso?
Los impactos naturales contra la Luna suelen descubrirse cuando ya ocurrieron o cuando se detecta su destello sin conocer con precisión el objeto que los produjo. En este caso, los investigadores conocen con anticipación la masa aproximada, la velocidad, el ángulo, la trayectoria y la hora del choque, lo que permitirá comparar los modelos con los resultados reales.
Los científicos podrán analizar la duración del destello, la altura alcanzada por el polvo, la distribución del material y las dimensiones del nuevo cráter. Estos datos ayudarán a mejorar las simulaciones sobre impactos, a entender el comportamiento del regolito y a calcular los riesgos que los fragmentos podrían representar para futuros equipos instalados en la Luna.
La campaña también permitirá probar métodos para localizar impactos con rapidez. Las imágenes tomadas antes y después del choque facilitarán la identificación exacta del cráter, mientras las observaciones desde la Tierra buscarán relacionar la nube detectada con el punto final de la trayectoria del Falcon 9.
Además, el caso servirá para estudiar la necesidad de establecer protocolos de tránsito y eliminación de residuos en el espacio situado entre la Tierra y la Luna. Con el aumento de misiones comerciales, científicas y tripuladas, dejar etapas en órbitas inestables podría generar riesgos para satélites, módulos de aterrizaje o futuras instalaciones humanas.


