La brecha sísmica de Guerrero: ¿Qué es y por qué preocupa a los científicos? Expertos de la UNAM lo explican
Investigaciones de la UNAM analizan cómo interactúan las placas tectónicas frente a Guerrero y qué implicaciones tendría un gran sismo

La costa de Guerrero permanece bajo vigilancia de especialistas debido a una región conocida como la brecha sísmica de Guerrero, un segmento donde la actividad de las placas tectónicas plantea todavía preguntas importantes para la ciencia. No significa que exista un terremoto programado ni que un movimiento de gran magnitud sea inevitable en el corto plazo, pero su ubicación, su comportamiento histórico y los procesos detectados bajo el océano la convierten en una de las zonas de mayor interés para los sismólogos mexicanos.
El tema adquiere especial relevancia para México porque se trata del segmento de subducción más cercano a la Ciudad de México, según ha explicado Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM. Además, nuevas observaciones realizadas en el fondo marino han permitido estudiar fenómenos como los llamados sismos lentos y cambios temporales en el movimiento de la placa de Cocos, procesos que podrían aportar nuevas pistas sobre cómo se originan algunos terremotos de gran magnitud.
¿Qué es una brecha sísmica?
Una brecha sísmica no es una grieta o un espacio vacío en la corteza terrestre. En sismología, el término se utiliza para describir un segmento dentro de una zona tectónicamente activa en el que, durante un periodo considerable, no se han registrado terremotos grandes, mientras que regiones cercanas sí han experimentado rupturas importantes. La propia UNAM ha advertido que la teoría de las brechas sísmicas ha sido objeto de discusión científica y no debe interpretarse como un mecanismo automático para anticipar terremotos.
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En el caso mexicano, la brecha sísmica de Guerrero ha sido identificada tradicionalmente como una franja de aproximadamente 230 kilómetros entre Papanoa y Acapulco. En esa región interactúan la placa de Cocos y la placa de Norteamérica mediante un proceso de subducción, en el cual la primera se introduce debajo de la segunda. Investigaciones de la UNAM han señalado que en una parte importante de este segmento no se ha producido un sismo superior a magnitud 7 desde 1911.
Sin embargo, la ausencia de grandes terremotos no significa necesariamente que toda la energía se esté acumulando de la misma manera. Estudios encabezados por especialistas de la UNAM han encontrado que en Guerrero ocurren sismos lentos, desplazamientos de las placas que pueden extenderse durante semanas o meses sin generar las sacudidas características de un terremoto convencional. Investigaciones anteriores incluso plantearon que estos movimientos podrían liberar parte de los esfuerzos tectónicos y explicar por qué la región ha permanecido tanto tiempo sin una ruptura mayor.
Los estudios más recientes han añadido otra pieza al rompecabezas. Instrumentos instalados por investigadores de la UNAM en el fondo marino frente a Guerrero permitieron detectar sismos lentos submarinos y observar su relación con cambios en los esfuerzos tectónicos. Uno de estos eventos se desplazó hacia la zona donde posteriormente comenzó el terremoto de Acapulco de septiembre de 2021, de magnitud 7.0.
¿Por qué los científicos le temen a la brecha sísmica de Guerrero?
Más que hablar de miedo, los especialistas se refieren a un escenario que requiere vigilancia, investigación y preparación permanente. Una de las razones es precisamente el largo periodo transcurrido sin una ruptura superior a magnitud 7 en buena parte del segmento. Otra es su posición geográfica: la brecha de Guerrero se encuentra relativamente cerca de la Ciudad de México, una urbe donde determinadas características del subsuelo pueden amplificar el movimiento sísmico.
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Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y exdirector del Servicio Sismológico Nacional, explicó en 2025 que la hipótesis sobre un futuro gran terremoto en esta región se mantiene precisamente porque ha pasado más de un siglo sin un movimiento significativo en el segmento estudiado. Si ocurriera un evento cercano a magnitud 8, señaló, su menor distancia respecto de la capital permitiría que el movimiento se sintiera con fuerza y sometiera a los edificios a esfuerzos considerables.
Cruz Atienza también ha advertido sobre las posibles consecuencias de una ruptura mayor. De acuerdo con el investigador, un terremoto de magnitud 8 originado en la brecha podría producir en la Ciudad de México sacudidas considerablemente intensas debido a la cercanía del epicentro. Esta posibilidad explica por qué la zona ha sido instrumentada y estudiada durante años por equipos de la UNAM y colaboradores internacionales.
A esta preocupación se suman los descubrimientos publicados en 2025. El equipo encabezado por Cruz Atienza encontró deformaciones transitorias y sismos lentos relacionados con cambios en el movimiento de la placa de Cocos antes de varios terremotos mexicanos superiores a magnitud 7, entre ellos los de Huatulco en 2020, Acapulco en 2021 y Michoacán en 2022. Los investigadores consideran que estas observaciones podrían mejorar la comprensión sobre los procesos que anteceden a algunas rupturas de gran magnitud.
¿Se puede predecir un sismo?
No. Con el conocimiento científico disponible actualmente no es posible predecir un sismo indicando de manera confiable la fecha, la hora, el lugar y la magnitud que tendrá. Especialistas de la UNAM han insistido durante años en este punto. Arturo Iglesias, investigador del Instituto de Geofísica, ha señalado que no existe una herramienta científica capaz de pronosticar terremotos de manera fiable, mientras que Xyoli Pérez Campos, exjefa del Servicio Sismológico Nacional, ha explicado que la ciencia sí permite identificar regiones donde existe potencial sísmico.
Por eso deben distinguirse predicción, evaluación del peligro y alerta temprana. Los científicos pueden estudiar fallas, antecedentes históricos, movimientos de las placas y deformaciones de la corteza para determinar qué regiones tienen mayor posibilidad de producir grandes terremotos. Eso permite construir escenarios y calcular probabilidades, pero no fijar el momento exacto del siguiente sismo.
Tampoco debe confundirse la predicción con la alerta sísmica. El Sistema de Alerta Sísmica Mexicano actúa cuando el terremoto ya comenzó: sensores ubicados en distintas regiones detectan las primeras ondas y transmiten una señal hacia ciudades que podrían recibir posteriormente movimientos más intensos. De acuerdo con Ciencia UNAM, dependiendo de la distancia entre el origen del sismo y la población alertada, el margen de acción puede ser de segundos.


