Lo bueno, lo malo y el futuro que deja un Mundial 2026 de contrastes para la selección mexicana
México cerró el Mundial 2026 con avances, cuentas pendientes y un relevo generacional que apunta a Rafael Márquez como líder del proceso rumbo a 2030

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La Copa del Mundo 2026 terminó para la selección mexicana con una mezcla de sensaciones. La eliminación dejó inconcluso el objetivo de alcanzar los cuartos de final, una meta que acompañó al equipo desde el inicio del torneo, pero también permitió observar avances que podrían marcar el rumbo del siguiente ciclo mundialista. Entre el crecimiento de nuevos futbolistas, el reencuentro con la afición y varios registros históricos, el balance deja más elementos para analizar que el simple resultado final.
Uno de los aspectos más importantes fue la consolidación de una nueva generación de jugadores. Futbolistas jóvenes asumieron responsabilidades en momentos decisivos y comenzaron a perfilarse como parte de la base que sostendrá al equipo rumbo a la Copa del Mundo de 2030. El relevo generacional dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad, algo que representa uno de los principales aprendizajes del torneo.
También destacó la recuperación del vínculo entre la selección y la afición. Cuando Javier Aguirre regresó al banquillo existía una distancia evidente entre el equipo nacional y los seguidores mexicanos, situación provocada por los resultados y el entorno de los años anteriores. Sin embargo, durante el Mundial volvió a sentirse una conexión en los estadios y fuera de ellos, con una afición que acompañó al equipo durante toda la competencia.
En el plano deportivo, México consiguió romper una racha de cuatro décadas sin ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo, un registro que permanecía intacto desde 1986. Además, el combinado nacional volvió a colocarse entre las diez mejores selecciones del ranking de la FIFA, un indicador que refleja el crecimiento mostrado durante el proceso mundialista y el rendimiento alcanzado en la competencia.
No obstante, también quedaron pendientes importantes. El principal fue no alcanzar los cuartos de final, objetivo que hubiera significado la mejor actuación del Tricolor fuera de México desde 1970 y 1986. A ello se sumó la primera derrota de la selección mexicana en el Estadio Azteca dentro de una Copa del Mundo, un resultado que rompió un registro histórico en el inmueble y que quedará como uno de los episodios más dolorosos del torneo.
El Mundial también marcó el cierre de un ciclo para varios referentes. Todo apunta a que Raúl Jiménez, Jesús Gallardo, César Montes y Luis Romo disputaron su última Copa del Mundo, mientras que Javier Aguirre concluyó una nueva etapa como director técnico de la selección mexicana. De igual forma, Guillermo Ochoa puso fin a su trayectoria con el Tricolor, cerrando una de las carreras más importantes en la historia del representativo nacional.
Pese a las despedidas, el panorama hacia 2030 ofrece motivos para el optimismo. México cuenta con una plantilla más joven, con futbolistas que ya vivieron la experiencia de competir en un Mundial y que ahora tendrán cuatro años para consolidarse. La base del siguiente proyecto parece mucho más definida que en procesos anteriores, lo que permitirá trabajar con mayor continuidad.
Todo indica que ese nuevo ciclo será encabezado por Rafael Márquez, uno de los futbolistas más importantes en la historia del fútbol mexicano. El exdefensor se perfila para asumir la dirección técnica con la misión de construir un equipo competitivo para el Mundial de 2030. Su posible llegada simbolizaría el inicio de una nueva etapa para la selección mexicana, una que buscará convertir las lecciones de 2026 en el punto de partida para aspirar a objetivos más ambiciosos.


